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  <title><![CDATA[Navarra.com :: RSS de «Javier Serena»]]></title>

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    <description><![CDATA[Navarra.com | Noticias Navarra | Actualidad Navarra | San Fermin | Todas las noticias en Navarra.com | Última hora en Navarra Hoy | Deportes Navarra | Esquelas Navarra]]></description>
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      <title><![CDATA[Navarra.com :: RSS de «Javier Serena»]]></title>
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  <title><![CDATA[Estrella distante, de Roberto Bolaño]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Wed, 18 May 2016 09:00:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Serena]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>&quot;Estrella distante&quot;, del chileno Roberto Bola&ntilde;o (1953-2003), fue su primer libro publicado en Anagrama, y con el que, pese a haber editado otras novelas anteriores, se da a conocer el autor con las atm&oacute;sferas, los temas y las est&eacute;tica de otras de sus obras m&aacute;s conocidas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Esas obras fueron <em>Los detectives salvajes</em>, <em>2666</em>, <em>Nocturno de Chile</em>, <strong>Amuleto</strong>, o sus tres libros de cuentos editados tambi&eacute;n en el mismo sello editorial.</p>

<p>Es, pues, con<em> <strong>Estrella distante</strong></em>, publicada en 1996, donde se revela con plena madurez Bola&ntilde;o, quien hasta su muerte siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, apremiado por la enfermedad y al fin con el ansiado respaldo de una editorial, tuvo tiempo de escribir una <strong>obra amplia con una exitosa acogida</strong> por parte de cr&iacute;ticos y lectores del mundo entero.</p>

<p>En <em>Estrella distante</em> se encuentran muchos de los personajes, obsesiones y hasta estructuras narrativas habituales en Bola&ntilde;o (abundan las historias dentro de la historia principal, a la manera de <em>Los detectives salvajes</em> o<em> Nocturno de Chile</em>, como sucede con la narraci&oacute;n del desafortunado destino de Juan Stein, Diego Soto o Lorenzo), si bien una de sus caracter&iacute;sticas principales y un elemento que no se puede obviar en la lectura del texto reside en el propio <strong>proceso de escritura de la novela</strong>.</p>

<p>Resulta inevitable recordar cu&aacute;ndo y c&oacute;mo escribi&oacute; este libro Bola&ntilde;o, tan importante para su obra posterior. Al igual que sucede en <strong>Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong> con<strong><em> El coronel no tiene quien le escriba</em></strong>, que incorpora a su relato elementos que se correspond&iacute;an con su vida-Garc&iacute;a M&aacute;rquez act&uacute;a igual que el coronel que espera no ya la pensi&oacute;n prometida, sino el env&iacute;o de ayuda econ&oacute;mica por parte de sus amigos para resistir en Par&iacute;s, entre otros paralelismos-en <em>Estrella distante</em> hay elementos que permiten una lectura semejante: como si el libro, si uno atiende al momento en que lo escribi&oacute; y al pasado del autor, fuera una venganza o una liberaci&oacute;n, una forma de ajustar cuentas con la dictadura y el largo exilio posterior.</p>

<p><strong>CIRCUNSTANCIAS PERSONALES</strong></p>

<p>El propio Bola&ntilde;o ha contado varias veces cu&aacute;les fueron las circunstancias en que escribi&oacute; este novela breve: a sus <strong>43 a&ntilde;os</strong>, tras haber huido primero de Chile por el golpe de estado de Pinochet y tras pasar la primer juventud en M&eacute;jico, despu&eacute;s de unos a&ntilde;os en Barcelona, viv&iacute;a en<strong> Blanes</strong>, con multitud de manuscritos acumulados, con trabajos espor&aacute;dicos y dedicado a ganar premios literarios en ayuntamientos y provincias tan solo para mantenerse.</p>

<p>Era un chileno aislado en un<strong> peque&ntilde;o pueblo de Gerona</strong>, convencido ya de que nunca publicar&iacute;a en vida, aferrado al recuerdo de una juventud ya lejana que en sus textos aparece enaltecida por la &eacute;pica de los sue&ntilde;os literarios, y quien tras muchos rechazos y mucho silencio, cuando ya nada parec&iacute;a poder salvarlo de su condici&oacute;n de sat&eacute;lite extraviado, recibe la llamada de Jorge Herralde, editor de Anagrama, quien le pide un libro.</p>

<p>Bola&ntilde;o explica c&oacute;mo entonces, en vez de recurrir a uno de sus<strong> manuscritos antiguos</strong>, al encontrarse ante esa oportunidad ya inesperada, en un arrebato de rabia o desesperaci&oacute;n, escribe, en tan solo tres semanas, el que ser&aacute; su primer libro publicado en Anagrama, y tambi&eacute;n un libro en el que parecen nacer los rasgos de toda su obra posterior: es Estrella distante, un libro en el que ya est&aacute; la violencia del fascismo, el romanticismo de los aspirantes a poetas, los amigos perdidos en la primera juventud, o la cantidad de personajes desperdigados y derrotados cada cual a su manera por el destierro y el desarraigo del extranjero, algunos de los asuntos recurrentes en la narrativa de Bola&ntilde;o.</p>

<p>En este caso, adem&aacute;s, Bola&ntilde;o no s&oacute;lo trata estos temas habituales, sino que parece tratar de redimirse, a trav&eacute;s del narrador, trasunto de s&iacute; mismo, de su condici&oacute;n de extranjero permanente.</p>

<p><strong>POETA-AVIADOR</strong></p>

<p>La novela gira en torno a la figura del<strong> poeta-aviador Ruiz-Tagle</strong>, luego conocido como Weider, que aparece en los &uacute;ltimos meses del gobierno de Allende en los talleres de literatura de Santiago de Chile, un personaje misterioso, con una aura en que se combina la atracci&oacute;n y la maldad, para revelarse como la encarnaci&oacute;n de la violencia ya durante la dictadura militar: en esos a&ntilde;os desparecer&aacute;n asesinados muchos de los poetas con los que coincidi&oacute; poco tiempo antes, como las hermanas Garmendia, al tiempo que se convierte en h&eacute;roe nacional con sus exhibiciones a&eacute;reas en las que escribe versos en lat&iacute;n en los cielos a modo de amenaza b&iacute;blica para los espectadores. Mientras tanto, el narrador, <strong>Arturo Belano </strong>(el alter ego de Bola&ntilde;o), seguir&aacute; su rastro desde la distancia, en una mezcla de huida e investigaci&oacute;n simult&aacute;nea, hasta que d&eacute;cadas despu&eacute;s, ya en la transici&oacute;n democr&aacute;tica, con la aparici&oacute;n de Abel Romero, un polic&iacute;a af&iacute;n a Allende, perseguir&aacute;n hasta acorralarlo al piloto nazi.</p>

<p>Arturo Belano sigue, en la novela, el mismo recorrido que el autor, Roberto Bola&ntilde;o, a lo largo de su vida: de Santiago de Chile pasar&aacute; a M&eacute;xico DF, y m&aacute;s tarde a Espa&ntilde;a, a Barcelona primero y luego a Blanes.</p>

<p>Ser&aacute;, pues, en Blanes, el pueblecito costero gerundense donde Bola&ntilde;o pas&oacute; d&eacute;cadas <strong>acumulando manuscritos pobre y aislado</strong> y tal vez finalmente sin otra esperanza que la de la memoria, la del recuerdo de su primera juventud rabiosa y feliz, donde Belano y Abel Romero den con Weider y lo ejecuten: una venganza, al margen de la ley, por todos los amigos muertos, por todos los personajes perdidos a lo largo de una vida en el exilio. Igual que si esta novela, escrita en Blanes, donde concluye la narraci&oacute;n de Belano, en un recuerdo vertiginoso de sus dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas de existencia, tan <strong>febril como la propia escritura de este libro,</strong> fuera la &uacute;nica forma de decir: aqu&iacute; tienen de una vez por todas a este escritor, el que lleva a&ntilde;os guardando sus palabras en silencio, en honor a sus fantasmas y a sus propios sue&ntilde;os, el que quisieron matar tantas veces y al que jam&aacute;s pudieron doblegar.</p>

<p>Ficha</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>T&iacute;tulo: Estrella distante</p>

<p>Autor: Roberto Bola&ntilde;o</p>

<p>Editorial: Anagrama, 160 p&aacute;ginas, 7,90 euros.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Siete años, de Peter Stamm]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/javier-serena/anos-peter-stamm/20160504013235039703.html</link>
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  <pubDate>Wed, 4 May 2016 09:00:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Serena]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Siete a&ntilde;os, de  Peter Stamm  (Weinfelden, Suiza, 1963), tiene un planteamiento en apariencia sencillo y previsible, aunque con un tratamiento sutil que le aporta una profundidad inusual: retrata la vida a primera vista perfecta de una...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Siete a&ntilde;os, de <strong>Peter Stamm</strong> (Weinfelden, Suiza, 1963), tiene un planteamiento en apariencia sencillo y previsible, aunque con un tratamiento sutil que le aporta una profundidad inusual: retrata la vida a primera vista perfecta de una pareja, <strong>Alex y Sonja</strong>, desde sus tiempos universitarios hasta su separaci&oacute;n d&eacute;cadas despu&eacute;s. Ellos encarnan la pareja ideal -j&oacute;venes y guapos y bien relacionados y ambos exitosos arquitectos, con un estudio conjunto que ser&aacute; un negocio pr&oacute;spero durante a&ntilde;os- pero poco a poco se revelar&aacute;n sobrepasados por un anhelo de perfecci&oacute;n abstracta que finalmente los alejar&aacute; de la felicidad, convirti&eacute;ndolos en personajes abrumados en un contexto fr&iacute;o y deshumanizado.</p>

<p>El rastro que plantea <strong>Stamm desde el comienzo de lo novela hace prever el fracaso de Alex y Sonja</strong>, unidos m&aacute;s por la inercia de su brillantez de sus tiempos de estudiantes que por una comuni&oacute;n verdadera, incapaces uno y otro de establecer un tipo de alianza imperfecta, aunque sea m&aacute;s cierta y terrenal: en su primera noche juntos no tendr&aacute;n relaciones por no contar con preservativos a mano, ajenos a la experiencia del exceso o del error, mientras que en su segunda cita Sonja se presentar&aacute; con su compa&ntilde;era de piso, y m&aacute;s tarde, <strong>cuando decidan ser padres</strong>, ella programar&aacute; sus encuentros para favorecer su fertilidad, sin que nunca llegue a quedarse embarazada.</p>

<p>Ese mismo alejamiento se apreciar&aacute; tambi&eacute;n cuando uno y otro <strong>se confiesen sus respectivas infidelidades</strong>, que son aceptadas con la tranquilidad de un accidente cotidiano, faltas que no llegan a herir a ninguno de los dos, porque son asumidas a trav&eacute;s de un c&aacute;lculo de comprensi&oacute;n, de la raz&oacute;n del futuro compartido antes que cualquier otro dilema.</p>

<p>Esa es la din&aacute;mica de esta pareja ideal, <strong>tan formada y excelente</strong> a ojos de quien les observa desde fuera como vitalmente inmadura en la intimidad, en un marco que viene a acentuar el vac&iacute;o secreto en que deambulan, cada vez m&aacute;s solos y desorientados: la atm&oacute;sfera de M&uuml;nich de los a&ntilde;o 90, entre proyectos de arquitectura y museos y exposiciones en galer&iacute;as de arte contempor&aacute;neo, en un paisaje que a lo largo de la novela pasar&aacute; de representar el &eacute;xito y la excelencia, para ofrecerse con el horror de frialdad de un infierno poblado de seres infelices, perdidos por la b&uacute;squeda de ideales que germinaron en su primera juventud y cuyo enga&ntilde;o no logran superar.</p>

<p>Varios personajes acompa&ntilde;an su decadencia a lo largo de la novela: <strong>R&uuml;diger y Ferdi</strong>, compa&ntilde;eros de facultad, o Antej, una pintora de la edad de sus padres que asisti&oacute; a su relaci&oacute;n desde sus inicios, y de todos ellos ser&aacute;n <strong>Alex y Sonja</strong> quienes m&aacute;s brillantes se presenten en su juventud, aunque tambi&eacute;n los m&aacute;s decepcionados por su propio desencuentro con el paso de los a&ntilde;os.</p>

<p>Pero es otro personaje el que mejor representa la medida de su error: se trata de <strong>Ivonna</strong>, una vieja amante de Alex que lo seguir&aacute; entre las sombras durante d&eacute;cadas, una inmigrante ucraniana, t&iacute;mida, apocada y sin grandes encantos f&iacute;sicos, que trabaja de cuidadora o limpiadora, en una precariedad social y material completa, y que pese al desprecio que experimenta por ella desde el d&iacute;a en que la conoci&oacute; ser&aacute; para Alex el &uacute;nico refugio que encuentre con los a&ntilde;os, el &uacute;nico espacio de libertad, pues s&oacute;lo en las tardes en que comparte con ella se siente al margen de la red de responsabilidades que poco a poco lo doblegan.</p>

<p>Un hecho definitivo en la quiebra del matrimonio ser&aacute; la ruina de su estudio de arquitectura: hundido el negocio, pasada la juventud y la belleza, desvanecida la abstracci&oacute;n de las antiguas aspiraciones, nada los une, y quedan enfrentados al mismo desencuentro y el mismo vac&iacute;o que los invad&iacute;a el primer d&iacute;a, aunque ahora sin espl&eacute;ndidos elementos de decorado de camuflaje.</p>

<p>Con todo, el prop&oacute;sito de <strong>Peter Stamm</strong> no parece ser relatar la historia de un fracaso, sino de un <strong>largo proceso de emancipaci&oacute;n</strong>: &ldquo;Era aquella mezcla de miedo y liberaci&oacute;n que s&oacute;lo hab&iacute;a sentido cuando estaba con Ivonna, y &uacute;nicamente durante breves instantes&rdquo;, declara Alex al aceptar su nuevo futuro en solitario en las p&aacute;ginas finales de la novela.&nbsp; Una intenci&oacute;n tambi&eacute;n apuntada en el propio t&iacute;tulo del libro, Siete a&ntilde;os, que <strong>se&ntilde;ala un episodio b&iacute;blico</strong>: la historia de Jacob, Raquel y Lea, en un desencuentro en el que Jacob perder&aacute; siete a&ntilde;os con la mujer equivocada, para dedicar otros siete a recuperar a la que hubiera debido escoger en un primer momento. Un camino semejante al que se enfrentan los personajes de esta novela, <strong>cegados durante d&eacute;cadas</strong> por los convencionales par&aacute;metros del &eacute;xito del enga&ntilde;oso mundo en que deambulan.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><strong>Ficha</strong></p>

<p><strong>T&iacute;tulo: </strong>Siete a&ntilde;os</p>

<p><strong>Autor: </strong>Peter Stamm</p>

<p><strong>Editorial:</strong> Acantilado, 272 p&aacute;gs. 20 &euro;.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Los extraños, Vicente Valero]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/javier-serena/extranos-vicente-valero/20160419213457037078.html</link>
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  <pubDate>Wed, 20 Apr 2016 02:00:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Serena]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Los extra&ntilde;os (Perif&eacute;rica, 2013), de Vicente Valero (Ibiza, 1963) es un libro compuesto de cuatro historias breves unidas por una circunstancia com&uacute;n.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Son todas semblanzas sobre alg&uacute;n familiar lejano del que el autor apenas ten&iacute;a alg&uacute;n dato cierto o del que apenas sab&iacute;a por alguna <strong>leyenda o&iacute;da de ni&ntilde;o</strong>, y cuyo retrato completa echando mano de la imaginaci&oacute;n o a trav&eacute;s de cartas o viajes o la aparici&oacute;n de nuevos documentos.</p>

<p>Se trata, pues, del retrato de cuatro personajes que se perdieron en la periferia de la historia familiar, por el tiempo que les toc&oacute; vivir o por su trayectorias vitales azarosas: son extra&ntilde;os, en definitiva, porque de ellos <strong>no queda una memoria completa</strong>, pero tambi&eacute;n porque sus perfiles cuentan con alg&uacute;n rasgo excepcional.</p>

<p>As&iacute; pues, estos cuatro personajes sobre los que Valero indaga no s&oacute;lo est&aacute;n sumergidos en una atm&oacute;sfera de f&aacute;bula por haber llevado una vida en los m&aacute;rgenes de la familia, sino tambi&eacute;n porque todos huyeron, de forma fortuita o deliberada, de los destinos m&aacute;s rutinarios de aquellos a los que parec&iacute;an abocados, en Ibiza o en Madrid de las primeras d&eacute;cadas del siglo pasado, y en el recuerdo que se hace en Los extra&ntilde;os de estos cuatro hombres hay tanta curiosidad por sus biograf&iacute;as a medio completar como fascinaci&oacute;n por el hecho de contar con antepasados con vidas tan singulares.</p>

<p><strong>Vicente Valero</strong>, adem&aacute;s, parece realizar esta exploraci&oacute;n para satisfacer una atracci&oacute;n antigua por todos y cada uno de estos antepasados perdidos. Sus vidas agitadas en efecto justifican ese inter&eacute;s.</p>

<p>Uno de los personajes es el propio abuelo del autor, que abandon&oacute; una prometedora carrera de abogado para hacerse ingeniero militar en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os veinte del siglo pasado, y morir todav&iacute;a joven en las colonias espa&ntilde;olas en Marruecos, en Larache, donde pudo haber coincidido con <strong>Saint Exupery</strong>, seg&uacute;n se deduce al revisar la correspondencia familiar de aquella &eacute;poca.</p>

<p>Otro de los cuatro extra&ntilde;os es el hermano de su padre, de quien su progenitor estuvo separado la vida entera por la ruptura de la familia en los a&ntilde;os previos y posteriores a la guerra, y quien fue un conocido ajedrecista profesional, que regres&oacute; a Ibiza ya con m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os para reencontrarse con el hermano extraviado, aunque en esa breve estancia en la isla morir&aacute; accidentalmente. Las otras dos figuras que componen este libro en que se trata de llenar los huecos que rodean estos sat&eacute;lites desdibujados tampoco son menos excepcionales.</p>

<p>Uno est&aacute; centrado en su <strong>t&iacute;o abuelo Carlos Cervera</strong>, que a comienzos del siglo pasado huy&oacute; del Seminario para llevar una vida de artista, como cantante y bailar&iacute;n, que le permiti&oacute; viajar por el mundo entero y vivir los prohibidos amores homosexuales que tan controvertidos hubieran resultado entonces en <strong>Ibiza</strong>, y que le convirti&oacute; en un extra&ntilde;o perpetuo, pues siendo numerosas sus apariciones p&uacute;blicas result&oacute; ser tambi&eacute;n uno de los miembros de vida m&aacute;s oculta.</p>

<p>En el cuarto y &uacute;ltimo retrato, centrado en un t&iacute;o que fue un militar republicano conocido sobre todo por sus inquietudes intelectuales y por su talante moderno, tolerante y ejemplar, hasta el punto de ser una de las figuras m&aacute;s admiradas por su padre, y quien muri&oacute; en el exilio en un pueblo franc&eacute;s, el autor se hace presente en un viaje para hacerse cargo de los gastos de la tumba, que viene a ser una forma, a su juicio, de integrar a los muertos con los vivos, de restaurarles parcialmente para la vida a trav&eacute;s de la memoria: &ldquo;<strong>he pasado a poseer un trozo de tierra en el suroeste de Francia, un trozo bien peque&ntilde;o, desde luego, pero sin duda de nuestro tiempo y todav&iacute;a tambi&eacute;n, hasta donde yo s&eacute;, de nuestro mundo</strong>&rdquo;, dice Valero en los p&aacute;rrafos finales, revelando, pues, que en un aparente acto de justicia con estos personajes fascinantes, una de las intenciones de este libro consiste en despejar las sombras que en la genealog&iacute;a familiar cubr&iacute;an hasta el momento el recuerdo de todos estos extra&ntilde;os de biograf&iacute;as agitadas.</p>

<p>Combinando la invenci&oacute;n con los testimonios heredados, indagando entre documentos empolvados o viajando hasta la costa marroqu&iacute; para estudiar los hangares en que falleci&oacute; el abuelo tuberculoso, Valero no se explaya en biograf&iacute;as completas sobre los cuatro personajes escogidos, sino que se limita a dar un trazo breve pero preciso para ofrecer una &uacute;ltima instant&aacute;nea de estos fantasmas ya remotos.</p>

<p>El valor del libro no reside s&oacute;lo en su peculiar acercamiento a estas figuras desva&iacute;das, en el que enriquece la memoria colectiva con datos nuevos o con la mera especulaci&oacute;n, sino en su escritura cuidada y exacta y de ritmo envolvente, con una elegancia acorde con el modo en que Valero se asoma a las vidas incompletas de los personajes, apenas recogiendo las an&eacute;cdotas necesarias para ofrecer un relato suficiente visto desde la distancia de los a&ntilde;os.</p>

<p>Los extra&ntilde;os supuso la primera obra de narrativa de Vicente Valero, hasta entonces conocido por sus libros de ensayo o poes&iacute;a, y posteriormente ha publicado <strong>El arte de la fuga</strong> (Perif&eacute;rica, 2014), libro en el que recrea episodios de Pessoa, H&ouml;lderlin y San Juan de la Cruz, situ&aacute;ndose en una frontera en que vuelve a mezclar la ficci&oacute;n y la realidad para favorecer la comprensi&oacute;n de estos tres poetas admirados.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[La balada del café triste, Carson McCullers]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/javier-serena/balada-cafe-triste-carson-mccullers/20160405214811034404.html</link>
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  <pubDate>Wed, 6 Apr 2016 02:00:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Serena]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>En la novela breve La balada del caf&eacute; triste&nbsp;se re&uacute;nen algunos de los rasgos distintivos de Carson McCullers, (EEUU, 1917):</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>la brutalidad con que transforma un escenario convencional, el de un peque&ntilde;o pueblo sin perspectivas ni oportunidades de ning&uacute;n tipo, en el espacio para la <strong>lucha feroz entre un pu&ntilde;ado de personajes desfigurados hasta lo grotesco, que se perseguir&aacute;n como fantasmas unos a otros en un desencuentro permanente</strong>, un asunto habitual en McCullers que ella ya anunciaba con el t&iacute;tulo de su primera y conocida novela: El amor es un coraz&oacute;n solitario.</p>

<p>&ldquo;El amado no es m&aacute;s que un est&iacute;mulo para el amor acumulado durante a&ntilde;os en el coraz&oacute;n del amante (...) no hay amante que no se d&eacute; cuenta de esto, con mayor o menor claridad&rdquo;, dice, en esta novela cuya originalidad no reside tanto en los temas planteados como en la crudeza del tratamiento de McCullers, sin ambig&uuml;edades ni complacencia a la hora de retratar el vac&iacute;o incorregible en que viven sus personajes. Lo cierto es que la autora, en la escenograf&iacute;a vulgar de un caf&eacute; abierto en un peque&ntilde;o pueblo presidido por la tosquedad y la falta de comunicaci&oacute;n de las atm&oacute;sferas rurales, <strong>propone las atracciones m&aacute;s insospechadas, propias de un teatro de esperpento</strong>: Miss Amelia, una solterona volcada en la gesti&oacute;n de la herencia familiar, alta y delgada como un hombre y con h&aacute;bitos igualmente masculinos, caer&aacute; rendida a los dudosos encantos del primo Lymon, un jorobado, enano, buscavidas, sin otra virtud que su labia de tah&uacute;r en el caf&eacute;, quien a su vez perseguir&aacute; a Marvin Macy, un bello expresidiario famoso por su crueldad, que a&ntilde;os atr&aacute;s a su vez fue marido de Miss Amelia durante apenas diez d&iacute;as, en los que sufri&oacute; todo tipo de muestras de desprecio por parte de su mujer.</p>

<p>Da igual, parece decir McCullers, qu&eacute; virtudes tengan o no los amados, ni tampoco importa su sexo o su belleza ni su posici&oacute;n social, <strong>igual que si cualquier pasi&oacute;n fuese una enfermedad aleatoria que naciera en la soledad de cada cual</strong>, sin respuestas ni llamadas que lo justifiquen, y contra el que el rechazo, lejos de disuadir, act&uacute;a como el veneno m&aacute;s adictivo.</p>

<p>McCullers se recrea en el morbo de la violencia, en el patetismo de sus personajes rebajados por su condici&oacute;n de cazadores frustrados, en ese estigma de n&oacute;madas encaprichados de espejismos que los define a todos y cada uno de ellos. Las escenas a las que arroja a sus personajes tampoco presentan complacencia alguna: Miss Amelia y Marvin Macy, que pese a su dureza no dejar&aacute; de flaquear ante la que fuera su esposa durante poco m&aacute;s de una semana, protagonizar&aacute;n un combate de boxeo p&uacute;blico, mientras que el jorobado Lymon, ajeno a las ins&oacute;litas atenciones de Miss Amelia, se arrastrar&aacute; detr&aacute;s del presidiario pese a que este le trate con el desprecio de una mascota.</p>

<p>El caf&eacute; en que estos tres personajes se entrelazan entre la multitud vulgar del pueblo, y cuyo breve esplendor es impulsado por la aparici&oacute;n del primo Lymon, hasta el regreso de Marvin Macy tras una de sus ocasionales estancias en la c&aacute;rcel, <strong>acabar&aacute; cerrado, convertido ya en adelante en el caf&eacute; triste, con sus ventanas selladas y sus l&aacute;mparas sin luz: reducido a una bancarrota id&eacute;ntica a las historias frustradas que podr&iacute;an haberles unido a ellos tres</strong>, arrojados cada cual en adelante a un desierto sin soluci&oacute;n, igual que si sus destinos tuvieran el trazado de &nbsp;v&iacute;as muertas de una l&iacute;nea de ferrocarril inacabada.</p>

<p>Al cabo de los a&ntilde;os, en el caser&oacute;n en que estuvo instalado el caf&eacute;, s&oacute;lo quedar&aacute; Miss Amelia: un personaje tan desva&iacute;do, que nadie sabe ya si est&aacute; viva o si es es pura leyenda, apenas asomada a la ventana alguna tarde, buscando en los espejos rastros de su juventud perdida.</p>

<p>Pese a la brutalidad de sus historias no hay en McCullers, en cambio, muestra alguna de amargura, ni lamentos ni quejas ni tampoco desesperanza: acepta la condici&oacute;n de las cosas como son, s&iacute;, igual que si debi&eacute;ramos estar preparados todos para la caza nocturna en un bosque, aunque en esa batida el cazador acabe siempre con sus propias flechas clavadas en la espalda y el pecho atravesado por los navajazos de la que iba a ser su presa. Nunca se entrev&eacute; ni desaliento ni tristeza en sus libros: al contrario, aun condenados a esa errancia tras la belleza de alguna bestia vista entre las ramas de la noche, McCullers <strong>no parece medir a sus personajes por los trofeos que acumulan a la espalda, sino por la cantidad de zarpazos recibidos, igual que si esa fuera la &uacute;nica forma de saber acerca de su val&iacute;a</strong>.</p>

<p>McCullers, una autora norteamericana imprescindible pese a que por su muerte prematura y las enfermedades que sufri&oacute; no pudo desarrollar una obra del todo extensa, cuenta con un talento muy personal, l&uacute;cido y salvaje, que brilla en cada p&aacute;gina, con <strong>personajes siempre desfigurados por el vac&iacute;o y el deseo</strong>.</p>

<p><strong>Ficha</strong></p>

<p><strong>T&iacute;tulo</strong>: La balada del caf&eacute; triste</p>

<p><strong>Autor</strong>: Carson McCullers</p>

<p><strong>Editorial</strong>: Seix Barral, 160 p&aacute;gs., 15 euros.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA['Las cosas que llevaban los hombres que lucharon', de Tim O´Brien.]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/javier-serena/cosas-llevaban-hombres-lucharon-tim-brien/20160322232724031936.html</link>
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  <pubDate>Tue, 22 Mar 2016 23:28:38 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Serena]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, de Tim O&acute;Brien (1946, Minnesota, Estados Unidos),  es un libro ambientado en la atm&oacute;sfera  bien conocida de la guerra de Vietnam, pero en &eacute;l el autor se aleja de los discursos...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, de Tim O&acute;Brien (1946, Minnesota, Estados Unidos), <strong>es un libro ambientado en la atm&oacute;sfera</strong> bien conocida de la guerra de Vietnam, pero en &eacute;l el autor se aleja de los discursos m&aacute;s trillados, por lo que ni se regodea hablando del horror de las trincheras ni trata de denunciar el desprop&oacute;sito de aquella pesadilla ex&oacute;tica,<strong> para centrarse en otro objetivo mucho m&aacute;s sutil</strong>: reunir entre sus p&aacute;ginas las vidas de antes y durante y despu&eacute;s de un pu&ntilde;ado de combatientes, de tal forma que el enfrentamiento b&eacute;lico es apenas un tel&oacute;n de fondo que con sus luces y oscuridades extremas permite ver con claridad mayor los perfiles llenos de miedos y esperanzas corrientes de quienes estuvieron all&iacute;.</p>

<p>De ah&iacute; que el t&iacute;tulo <strong>sea deliberadamente enga&ntilde;oso</strong>: en sus p&aacute;ginas no se habla de las objetos-las cosas- que cargaron aquellos hombres en sus macutos en su expedici&oacute;n asi&aacute;tica, sino que explora otro tipo de materia intangible,&nbsp; m&aacute;s leve pero marcada por el sello exclusivo de los sue&ntilde;os m&aacute;s &iacute;ntimos de cada individuo.</p>

<p>&ldquo;Llevaban todo el bagaje de emociones de los hombres que pueden morir&rdquo;, <strong>escribe Tim O&acute;Brien</strong>, a la vez autor y personaje de la obra, en un juego a caballo entre la biograf&iacute;a y la ficci&oacute;n cuyos l&iacute;mites no se llegan a descubrir con exactitud. &ldquo;Pena, terror, amor, a&ntilde;oranza (..), recuerdos vergonzosos&rdquo;.</p>

<p>Pero la singularidad de <strong>Las cosas que llevaban&nbsp;los hombres que lucharon</strong> no descansa en la intenci&oacute;n no tan inusual de ahondar en el drama &uacute;nico de cada soldado antes que en la vaguedad abstracta de una guerra, sino sobre todo en los mecanismos narrativos de los que su autor se sirve. As&iacute; pues, en este libro, <strong>Tim O&acute;Brien</strong> se presenta a s&iacute; mismo como uno de los actores retratados en la narraci&oacute;n, pero no s&oacute;lo por su experiencia de soldado con sus evocaciones del lodo y los compa&ntilde;eros evaporados por una granada repentina, sino tambi&eacute;n como el escritor<strong> que fue d&eacute;cadas despu&eacute;s, enfrentado a las interrogaciones</strong> de su hija acerca de su obsesi&oacute;n por escribir siempre sobre aquella guerra.</p>

<p>Y en esta composici&oacute;n h&iacute;brida, afirma y luego desmiente la verdad hist&oacute;rica de unos mismos hechos, para crear capas sucesivas de profundidad que dotan al texto de una verosimilitud completa: los hombres que acompa&ntilde;an a <strong>Tim O&acute;Brien se muestran como hombres de carne y hueso</strong>, fruto de la reconstrucci&oacute;n fidedigna y sin artificios propios de unas memorias, aunque al tiempo con la libertad para la fantas&iacute;a y la simbolog&iacute;a duradera de una buena ficci&oacute;n.</p>

<p>Es, pues, un libro <strong>situado en un terreno pantanosos entre la invenci&oacute;n y el testimonio</strong>, y a eso contribuye la propia composici&oacute;n del libro: no se trata de una novela ni de un diario, sino de varios fragmentos con t&iacute;tulo propio y con la autonom&iacute;a de un relato que suelen girar en torno a unos mismos episodios. As&iacute;, en las piezas tituladas Notas, En el campo o <strong>Hablando de coraje se cuenta desde tres puntos de vista diferentes </strong>y desde momentos temporales tambi&eacute;n distintos la muerte del soldado Kiowa en una ci&eacute;naga de aguas fecales, fulminado por un disparo al haber alumbrado con una linterna la foto de la novia de su compa&ntilde;ero de guardia.</p>

<p>Con esa misma libertad par dar saltos en el tiempo, O&acute;Brien recuerda en En el r&iacute;o Rainy c&oacute;mo &eacute;l mismo estuvo <strong>a punto de escapar a Canad&aacute;</strong> cuando con apenas veint&uacute;n a&ntilde;os fue llamado a filas, y c&oacute;mo, a su juicio, no tuvo valor para convertirse en desertor, convencido a&ntilde;os despu&eacute;s contra la opini&oacute;n general de que huir y enfrentarse al rechazo colectivo era un destino reservado para los valientes. <strong>En la mayor&iacute;a de estos fragmentos</strong>, O&acute;Brien ni siquiera es el protagonista principal, sino apenas un testigo privilegiado de los episodios excepcionales que vivieron sus antiguos camaradas. <strong>En La dulce novia de Song Tra Bong</strong>, por ejemplo, recrea c&oacute;mo el soldado Mark Fossie recibe ilusionado la visita de su prometida, y c&oacute;mo asiste estupefacto al proceso por el que esta sufre el hechizo de la guerra, despert&aacute;ndose en ella instintos salvajes antes desconocidos, por lo que al fin la perder&aacute; cuando la joven <strong>empiece a participar en las alucinantes</strong> incursiones nocturnas en la selva de un comando de boinas verdes.</p>

<p>Esa es la t&eacute;cnica de la que se sirve <strong>O&acute;Brien en este libro</strong>: recortar peque&ntilde;as vi&ntilde;etas de un pasado real o inventado o distorsionado por el tiempo, igual que si prefiriera escoger unas pocas fotograf&iacute;as elocuentes de aquella aventura antes que desarrollar una pel&iacute;cula completa de principio a fin, para levantar con un barro verdadero las figuras de los hombres que estuvieron en aquella guerra y <strong>recordar cu&aacute;l era en realidad</strong> aquella materia irrepetible que cada cual llevaba escondida dentro del pecho como una invisible medalla de identificaci&oacute;n.</p>

<p><u><strong>Ficha</strong></u></p>

<p><strong>T&iacute;tulo</strong>: Las cosas que llevaban los hombres que lucharon.</p>

<p><strong>Autor</strong>: Tim O&acute;Brien.</p>

<p><strong>Editorial</strong>: Anagrama, &nbsp;272 p&aacute;ginas, 19 euros.&nbsp;&nbsp;</p>

<p><strong>Otros datos</strong>: Premio a la Mejor Novela Extranjera en Francia en 1993, fue publicada por Anagrama ese mismo a&ntilde;o, y ha sido reeditada recientemente por otra vez por Anagrama en su nueva colecci&oacute;n Otra Vuelta de Tuerca, destinada a dar una segunda vida a algunos textos excelentes que hab&iacute;an desaparecido de las librer&iacute;as.</p>
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