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  <title><![CDATA[Navarra.com :: RSS de «María Jiménez»]]></title>

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    <description><![CDATA[Navarra.com | Noticias Navarra | Actualidad Navarra | San Fermin | Todas las noticias en Navarra.com | Última hora en Navarra Hoy | Deportes Navarra | Esquelas Navarra]]></description>
    <lastBuildDate>Mon, 20 Apr 2026 20:53:33 +0200</lastBuildDate>
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      <title><![CDATA[Navarra.com :: RSS de «María Jiménez»]]></title>
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  <title><![CDATA[Navarra, el epicentro de la disidencia de ETA]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 2 Jun 2020 12:01:41 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[La disidencia agazapada ha encontrado en Patxi Ruiz el detonante que necesitaba para sacar a la luz su trabajada capacidad de movilización.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>El pico de actos de protesta, manifestaciones, pintadas y concentraciones protagonizadas por la<strong> izquierda radical abertzale en el último mes</strong> es el más alto desde el final de la violencia de ETA en 2011. La huelga de hambre del preso <strong>pamplonés Francisco Ruiz</strong> ha servido de catalizador de una amalgama de grupúsculos <strong>disidentes </strong>que hasta ahora habían funcionado casi siempre de forma independiente, hasta enfrentada, y que han visto en la protesta de Ruiz la ocasión para unirse a una <strong>oleada de movilizaciones</strong> que se ha revelado más fuerte y con más capacidad de convocatoria de la esperada.</p>

<p>En esa amalgama hay unas siglas fuertes: <strong>ATA. Amnistia Ta Askatasuna (Amnistía y Libertad) </strong>surgió en 2014 asida a la bandera de la amnistía generalizada para los presos y el regreso de los etarras huidos. Se trataba de una reivindicación histórica de la <strong>izquierda abertzale</strong> que, a ojos de ATA, se había dejado de lado tras el final de la violencia de ETA y, sobre todo, después de que el sector reformista encabezado por <strong>Otegi </strong>se hubiera hecho con la dirección política. El ejemplo quizá más claro fue la autorización de la dirección abertzale a los presos para que se acogieran a beneficios penitenciarios individuales, una <strong>línea roja que ETA</strong> nunca había cruzado en favor de una “solución” en bloque para todos sus presos.</p>

<p>ATA, que se unió a un tablero en el que ya existían otras marcas como IBIL, creada por el <strong>expreso pamplonés Fermín Sánchez Agurruza (en la imagen)</strong>, tuvo la perspicacia de aferrarse a uno de los elementos más transversales y aglutinadores de la izquierda abertzale: <strong>los presos</strong>. En su manifiesto fundacional señalaban que la movilización popular, el “ganar la calle”, era la clave de su estrategia. De hecho, la falta de movilización popular era otro de los <strong>reproches que ATA achacaba a Sortu</strong>, heredera de la ilegalizada Batasuna e incapaz de generar una dinámica sostenida de reivindicaciones por los presos, más allá de la habitual, y multitudinaria, manifestación de <strong>enero en Bilbao</strong> o las concentraciones semanales habituales, cada vez más escuálidas.</p>

<p>En los últimos años, la <strong>disidencia con ATA como marca fuerte y la izquierda abertzale oficial&nbsp;</strong>han librado una batalla casi siempre soterrada en barrios, asambleas locales, círculos sindicales y estudiantiles o gradas donde se concentran las facciones ultras de los principales equipos de <strong>Navarra y País Vasco</strong>. De hecho, Herri Norte (Athletic de Bilbao), The RSF Firm (Real Sociedad), Iraultza 1921 (Deportivo Alavés), Indar Armagina (Eibar) e<strong> Indar Gorri (Osasuna) </strong>convocaron el diciembre una marcha a la cárcel francesa de <strong>Mont-de-Marsan</strong> que algunos reclusos etarras fieles al colectivo de presos (EPPK) rechazaron por ver detrás a ATA. La batalla en las gradas, aparentemente, <strong>la habían ganado los disidentes</strong>. En la calle, ATA también tuvo un papel clave <a href="/articulo/tribunales/terrorismo-pamplona-abertzales-incidentes-bildu/20170616145034122054.html">en los distrubios que ocurrieron en Pamplona en 2017</a>, por los que la Audiencia Nacional condenó a cuatro jóvenes guipuzcoanos por desórdenes públicos terroristas en 2018.</p>

<p>La disidencia agazapada <strong>ha encontrado en Patxi Ruiz</strong> el detonante que necesitaba para sacar a la luz su trabajada capacidad de movilización. <strong>ATA ha capitalizado la oleada reivindicadora</strong> erigiéndose como portavoz del preso y organizando las protestas. Patxi Ruiz ya había mostrado su cercanía a estas siglas cuando en 2016 publicó en el blog de la organización una <strong>carta crítica con la dirección de ETA</strong>, que lo expulsó al año siguiente. Sin embargo, nunca ha sido un líder dentro de las filas disidentes, sino más bien un <strong>preso de perfil bajo con antecedentes de problemas psiquiátricos</strong>, que provocaron que la propia ETA lo expulsara temporalmente del comando <strong>Ekaitza tras el asesinato de Tomás Caballero</strong>. Sin embargo, su huelga de hambre, la más prolongada de las protagonizadas por sus presos afines, ha avivado las <strong>redes disidentes</strong> afianzadas en los últimos años, con Pamplona y la comarca de la Barranca como principales focos.&nbsp;</p>

<p>El resto de grupúsculos no ha dejado pasar la oportunidad de <strong>sumarse a la corriente </strong>y hacer una demostración de fuerza. En las protestas, que también se han extendido a distintos puntos del País Vasco, se ha visto a miembros de organizaciones juveniles, grupos ultras e incluso a <strong>Fermín Sánchez Agurruza</strong>, primer cabecilla de la disidencia etarra.</p>

<p>Entretanto, la<strong> izquierda abertzale oficial</strong> intenta capear una situación que la sitúa en una posición incómoda. Mientras expresa su <strong>“solidaridad” con Patxi Ruiz</strong>, insta a su “entorno político” a actuar “con responsabilidad”. Mientras en el Parlamento Europeo expresa su “preocupación” por “un preso político vasco en huelga de hambre”, ATA la acusa de “tapar sus miserias”, después de que el propio recluso ya hubiera tachado sus <strong>manifestaciones de solidaridad</strong> como “un paripé”.</p>

<p>Mientras continúa el pulso, Navarra vuelve a emerger como el <strong>epicentro de los grupos disidentes de ETA</strong>. Las dos organizaciones que en los últimos años se han postulado para encabezar la disidencia se han fraguado en&nbsp;suelo navarro y han tejido en él sus principales redes. Primero fue IBIL, que pareció desinflarse, y ahora es <strong>ATA la que saca músculo</strong> aprovechando una capacidad de movilización que, de nuevo, despunta en <strong>Navarra</strong>.</p>
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  <title><![CDATA[Calleja]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/opinion/maria-jimenez/jose-maria-calleja-fallece/20200421233720320209.html</link>
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  <pubDate>Tue, 21 Apr 2020 23:47:14 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[La autora recuerda a José María Calleja, periodista vasco fallecido este martes a los 64 años víctima de coronavirus.&nbsp;]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>A los cinco minutos de conocer a <strong>José María Calleja</strong>, se estaba secando las lágrimas.&nbsp;Y yo, sentada en un bar de Argüelles ante ese hombretón del que me había leído todo antes de ir a entrevistarle para mi tesis doctoral, que sabía de su valentía y de su arrojo, no entendía nada. Era el <strong>12 de julio de 2016</strong>. Antes de encender la grabadora me recordó que era el aniversario del secuestro de Miguel Ángel Blanco. Las lágrimas se le cayeron cuando recordó a “las señoras en Ermua, de rodillas [se puso las manos detrás de la cabeza] y gritando ‘ETA, aquí tienes mi nuca” ante la sede de <strong>Herri Batasuna</strong>.</p>

<p>Se repuso rápido y fue el Calleja de sus libros, sobre todo de su&nbsp;¡<em>Arriba Euskadi</em>!, ese ensayo en el que contaba escenas de la vida diaria en el País Vasco con absoluta premeditación&nbsp;“para que un señor que se toma un café en Jaén, sin ningún proceso mental, se de cuenta lo jodido que es tomarte un café en San Sebastián”. Cuando lo publicó, ya llevaba escolta. Vivió escoltado diecisiete años y medio. <strong>El detonante fue el asesinato de Gregorio Ordóñez</strong>, lo que él llamaba su “rompeaguas”.&nbsp;“Esto se ha puesto bravo”, le advirtieron desde la Consejería de Interior del Gobierno Vasco antes de asignarle a varios señores que se convirtieron en su sombra. Hasta en el mar. “A mí me gustaba mucho nadar, me iba a la playa y al principio ves mucha espuma, pero cuando vas más adelante, ves menos espuma, pero yo seguía viendo espuma. ¿Qué pasa aquí? Iba más deprisa y más deprisa la veía.<strong> Iba más despacio y más despacio la veía</strong>. Era como cuando vas por la calle y sientes que te siguen y aceleras.&nbsp;Me paro, miro atrás y era el escolta. ¡La madre que me parió!”.</p>

<p>Entonces trabajaba en <strong>Euskal Telebista como editor </strong>y presentador de informativos, un puesto que ni él mismo se explicaba cómo había conseguido, excepto por el hecho de que la cadena necesitaba audiencia. Allí hizo muchas cosas, aunque uno de sus grandes empeños fue arrebatar el lenguaje al nacionalismo radical.&nbsp;“Ortega Lara cumple el trigésimo sexto día sometido a la tortura del secuestro”, decía al inicio del informativo, delante de un calendario en el que iba tachando los días de cautiverio. “¿Usted es ahora más sensible con el dolor de los policías nacionales y los guardias civiles?”, le preguntó a <strong>Iñaki Esnaola</strong> después de un atentado. “¿Usted sabe a cuánta gente ha asesinado ETA?”, le soltó a <strong>Floren Aoiz</strong>, que no articulaba palabra, por lo que insistió: “¿Que si usted sabe a cuánta gente ha <strong>asesinado ETA</strong>?”. Fuera del plató, Aoiz le reprochó un “compañero, esto ha sido una emboscada”.&nbsp;“Punto uno: yo no soy tu compañero. Punto dos: ‘emboscada’ es un término militar que tú sabrás por qué aplicas, esto es una entrevista que se ha hecho como había que hacerla”.</p>

<p>Calleja reconocía que se crecía en la adversidad y ante la furia de aquellos que consideraban que él,&nbsp;“un español, en concreto un español de mierda”, dijera todo aquello en&nbsp;su&nbsp;televisión. Tampoco lo soportaban ilustres vecinos como <strong>Valentín Lasarte</strong>, que en su bar y cuando él salía en pantalla, rompía en alaridos: “¡Hijo de puta! ¡Cabrón! ¡Español!”. Fue antes de que lo detuvieran por matar a <strong>Gregorio Ordóñe</strong>z.</p>

<p>El despido era cuestión de tiempo y ese día llegó y él lo recordaba perfectamente.</p>

<p><em>“Julio del 95. Me llama el director de la televisión pública y me dice aquella frase, dos puntos comillas: ‘Calleja, tu especial beligerancia con la violencia me plantea problemas en mi entorno’. Cierro comillas. Y yo, con esta cosa que tengo, le dije: ‘Joder, pues cambia de entorno’. No le hizo ni puta gracia. ‘Además, como vas con escolta, no puedes ser objetivo’. Y yo le dije: ‘Hombre, como soy objetivo, por eso me han puesto escolta’. No le hizo ni puta gracia.&nbsp;Pensé: ‘Estoy muerto’.&nbsp;Me ofreció una pasta. Yo cobraba un dineral, muchísimo dinero, pero muchísimo dinero, era sueldo de estrella porque era autónomo, no estaba en plantilla. Me ofreció un dineral, quitarme de los informativos y ponerme a hacer programas. Yo le dije que&nbsp;agur.&nbsp;Y pusieron a Uxue Barkos y en el Egin dedicaban páginas y páginas. Titulaban: ‘La caída’. La caída era yo, claro.&nbsp;Se ha ido el español que crispa y llega el sirimiri que acaricia la hierba, Uxue Barkos. Me pegué tres meses llorando”.</em></p>

<p>En la dedicatoria de&nbsp;¡Arriba Euskadi!&nbsp;escribió:&nbsp;“<strong>Hay que tener la dignidad un par de peldaños por encima del miedo</strong>”.&nbsp;En los años duros lo cumplió. Entendía que era una responsabilidad ciudadana, por encima de su condición de periodista, y se conformaba con que una señora lo parara por la calle para darle las gracias por decir lo que ella pensaba o que <strong>Iñigo Iruin le hicera una confesión </strong>que él se tomó como “el mayor piropo periodístico y ciudadano que me han hecho en mi vida”:&nbsp;“Jose Mari, si supieras el daño que nos haces, siempre con esa ironía…”.</p>

<p><img alt="" src="https://navarra.opennemas.com/media/navarra//images/2020/04/21/2020042121463516625.jpg" /></p>

<p>Luego, como confesaría en la entrevista, empezó a sufrir “miedo retrospectivo”: “Han pasado los años y te vienen angustias, llantinas y ese dolor que no me lo quito de encima cuando pienso: ‘Joder, estos no vuelven. <strong>Yo lo puedo contar pero la gente no vuelve</strong>’. No le das a un botón y dices que era una broma y empezamos otra vez. Cuando lees historias, cuando empiezas a recordar, a estar con la gente… Me entra una angustia, una congoja, que lo paso mal”.</p>

<p>Al poco rato de despedirnos, me escribió un mail. Decía que estaba “aún emocionado” con la entrevista y me daba ánimos con la tesis, que él también había afrontado con “antecedentes penales periodísticos”. Desde entonces, siempre estuvo.<strong> Presentó mi libro, me escribió por cada uno de los artículos que publiqué</strong>, vino a la inauguración de la exposición de Gregorio Ordóñez… También me avisaba cuando estaba en Cádiz, que le encantaba. Se reía a carcajadas cuando se sentaba en su terraza habitual y el camarero, después de servirle y verle cara como de estar en el cielo, le decía que a ver si “los etarras tienen&nbsp;cohones&nbsp;de venir aquí a hacerte algo”.</p>

<p><em>“Cada vez me cuesta más volver a Madrid”.</em></p>
]]></content:encoded>
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  <title><![CDATA[La entrevista que no te hice]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 16 Mar 2017 19:35:44 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Fernando Altuna siempre estaba en mi lista de entrevistables: para la tesis, para este art&iacute;culo, para aquel cap&iacute;tulo&hellip; En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os y medio le hab&iacute;a o&iacute;do contar su historia a retazos muchas veces.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cog&iacute;a carrerilla para explicar que <strong>ETApm hab&iacute;a asesinado a su padre</strong>, el capit&aacute;n de la Polic&iacute;a <strong>Basilio Altuna</strong>, en 1980 en Erenchun, que el sumario se hab&iacute;a cerrado en tres meses, que a los cr&iacute;menes de ETApm se les dio carpetazo en pos de la convivencia y a costa del derecho a la justicia de las familias y que nunca hab&iacute;a sabido nada de los asesinos.</p>

<p>Aunque ten&iacute;a sus sospechas, claro. Tambi&eacute;n a veces recordaba que cuando todo ocurri&oacute; &eacute;l ten&iacute;a <strong>diez a&ntilde;os</strong> y que desde entonces acumulaba<strong> dolor, rabia, frustraci&oacute;n</strong> y, en definitiva, sufrimiento.</p>

<p>Todo esto, con detalle, deb&iacute;a hab&eacute;rmelo contado en esa entrevista que nunca le hice. Habr&iacute;amos repasado su aterrizaje en <strong>COVITE </strong>y su disposici&oacute;n a ayudar con todo: las investigaciones, las hemerotecas, las alertas informativas, los n&uacute;meros, las tablas, los carteles, la log&iacute;stica, los excel&hellip; Tambi&eacute;n a llevar <strong>flores a las embajadas</strong> de los pa&iacute;ses donde se comet&iacute;a un atentado, quiz&aacute; con la esperanza de que aquel par de<strong> rosas diese a las v&iacute;ctimas</strong> algo de consuelo, ese que &eacute;l tantas veces ech&oacute; en falta. Seguro que habr&iacute;a recordado tambi&eacute;n el d&iacute;a de julio de 2014 en el que nos conocimos en unas jornadas de COVITE, donde me sac&oacute; la cara cuando alguien me levant&oacute; la voz. Desde entonces se <strong>autoproclam&oacute; </strong>como mi defensor: &ldquo;Yo soy marianista&rdquo;, me dec&iacute;a.</p>

<p>Yo tambi&eacute;n he intentado protegerle algunas veces. Como cuando le dec&iacute;a que <strong>dejara de buscar lo que hac&iacute;an los malos en Twitter</strong>, que no le contestara a los odiadores profesionales que de vez en cuando lo atacaban por las redes o cuando evitaba enviarle una noticia porque de antemano sab&iacute;a que le arder&iacute;a la sangre. Tambi&eacute;n intent&eacute; por todos los medios que no fuera a poner las placas de COVITE en <strong>San Sebasti&aacute;n</strong> porque tem&iacute;a que la resaca emocional fuera demasiado empinada, pero no me hizo caso.</p>

<p>E intent&eacute; persuadirle por todos los medios <strong>de que no fuera a Alsasua</strong> para plantarle cara a los defensores de quienes hab&iacute;an apaleado a dos guardias civiles y a sus novias. De nuevo, tem&iacute;a que el torbellino de emociones lo sobrepasara. Por suerte, tampoco me hizo caso. Lo prepar&oacute; todo con esmero y entr&oacute; en aquella plaza con la serenidad de quien sabe que hace lo correcto. Alz&oacute; su cartel en el que se le&iacute;a &ldquo;<strong>Aqu&iacute; solo sobran los violentos</strong>&rdquo; mientras que uno de los asistentes le dec&iacute;a, se&ntilde;al&aacute;ndole al bolsillo, que sacara la pistola. No perdi&oacute; la calma y, al irse, se meti&oacute; la mano en el bolsillo, del que solo pudo sacar <strong>su gorra enmara&ntilde;ada</strong>. <a href="/articulo/sociedad/manifestacion-izquierda-abertzale-sortu-alsasua-expulsion-guardia-civil-covite-victimas-terrorismo-plantan-cara/20161022131224074336.html" target="_blank">&Eacute;l ser&aacute; para siempre uno de los cuatro valientes de <strong>Alsasua</strong>.</a></p>

<p>En realidad, mis intentos de disuasi&oacute;n fueron en vano porque no ten&iacute;an en cuenta que para &eacute;l estar all&iacute;, <strong>pasar a la acci&oacute;n</strong>, hacer algo por la causa que defend&iacute;a a capa y espada no era un capricho pasajero, era su vida. Se sent&iacute;a derrotado, dec&iacute;a a veces, pero olvidaba cu&aacute;nto bien estaba haciendo con su labor machacona de recordar a los asesinados en las redes sociales, de sacarle los colores a los <strong>pol&iacute;ticos nacionalistas</strong> que escup&iacute;an medias verdades y de tirar de hemeroteca con una agilidad admirable para advertirles a los que quieren edulcorar el pasado que no, que por ah&iacute; no pasaba. No pas&aacute;bamos.</p>

<p>Pero ni siquiera en sus momentos bajos pod&iacute;a despegarse de <strong>su sentido del humor</strong>, de su genialidad, de su cari&ntilde;o. &ldquo;Mery, &iquest;qu&eacute; te pasa? No te leo en el grupo&rdquo;, cuando me daba por despegarme del WhatsApp. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te vas al cine un domingo por la tarde y no coges el tel&eacute;fono del tesorero?&rdquo;, despu&eacute;s de una semana de a&uacute;pa. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo tienes la tarde respetando la siesta?&rdquo;, que hay l&iacute;mites y l&iacute;mites. &ldquo;&iquest;Que tienes que hacer mudanza? Te paso el tel&eacute;fono de un rumano amigo m&iacute;o que es un armario&rdquo;,&nbsp; y que result&oacute; ser un ecuatoriano recortadito. Y risas.&nbsp;</p>

<p>Me pregunto ahora que ya no est&aacute; <strong>por qu&eacute; no le hice la dichosa entrevista </strong>y s&oacute;lo encuentro un motivo: lo ten&iacute;a demasiado cerca. En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os y medio he seguido tan en primera l&iacute;nea sus batallas y he sido testigo de sus ca&iacute;das y sus intentos guerreros por levantarse y he tenido tantas conversaciones de esas &ldquo;Fer-Mery&rdquo; que, en el fondo, <strong>han sido una entrevista continua</strong>. Guardo alguna pregunta en el tintero que ya nunca tendr&aacute; respuesta, pero me quedo con una convicci&oacute;n: <strong><a href="/articulo/sociedad/muere-fernando-altuna-fallece-covite-terrorismo/20170315231507102715.html" target="_blank">Fernando Altuna era, ante todo, un hombre bueno.</a></strong></p>
]]></content:encoded>
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        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Martina, la brava]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/opinion/maria-jimenez/martina-brava/20160315111215030599.html</link>
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  <pubDate>Tue, 15 Mar 2016 11:12:15 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>&ldquo;Petra, &aacute;rmate de valor porque ahora es cuando vamos a enfrentarnos al Ayuntamiento&rdquo;.&nbsp;</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Martina Ulayar pronunci&oacute; aquella frase corr&iacute;a septiembre de 1979. <strong>Hac&iacute;a nueve meses que ETA hab&iacute;a asesinado a su hermano</strong>, Jes&uacute;s Ulayar, exalcalde de Etxarri-Aranatz, frente a la puerta de su casa de la calle Maiza. Ocurri&oacute; el 27 de enero: dos terroristas esperaron a que Jes&uacute;s saliera de su domicilio y uno de ellos descarg&oacute; su arma <strong>en presencia de su hijo Salvador</strong>, que entonces ten&iacute;a trece a&ntilde;os. Ante el revuelo que se levant&oacute; en la calle, Martina, que sal&iacute;a de misa, le pregunt&oacute; a una vecina qu&eacute; hab&iacute;a pasado. &ldquo;Han matado a tu hermano&rdquo;, le espet&oacute; sin anestesia. &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; el odio de este pueblo&rdquo;, gritar&iacute;a Martina segundos despu&eacute;s a los pies del cad&aacute;ver.</p>

<p>Ese 27 de enero la esposa, los hijos y los hermanos de <strong>Jes&uacute;s Ulayar</strong> comenzaron a comprender la angustia que hab&iacute;a sufrido el exalcalde. Rehicieron las piezas de un puzle compuesto de un ambiente social cada vez m&aacute;s maleado, de cr&iacute;ticas al alcalde por la gesti&oacute;n de un solar, de manifestaciones que pasaban por delante de su casa coreando su nombre y de los largos silencios en los que se sum&iacute;a Jes&uacute;s. <strong>&ldquo;Nunca nos dijo nada, pero debi&oacute; de sufrir mucho&rdquo;, se lamentaba Martina a&ntilde;os despu&eacute;s.</strong> Tambi&eacute;n hubo quien lo acus&oacute; de &ldquo;antivasco&rdquo; y &ldquo;fascista&rdquo;, quien retir&oacute; el saludo a la familia y quien, el 24 de septiembre de 1979, cuando la Guardia Civil detuvo a los asesinos, fue al cuartel a pedir explicaciones. Los arrestados resultaron ser miembros del comando Sakana y vecinos del pueblo. Uno de ellos, incluso, era hijo de un primo carnal del asesinado.</p>

<p>El <strong>Ayuntamiento de Etxarri-Aranatz</strong> decidi&oacute; entonces reunirse para discutir c&oacute;mo pod&iacute;an ayudar a los detenidos. Era 24 de septiembre. Las dependencias del Consistorio se abarrotaron: adem&aacute;s de los miembros habituales, llegaron personas de los pueblos cercanos, simpatizantes en su mayor&iacute;a de Herri Batasuna. La gente ocupaba hasta las escaleras. Aquello lleg&oacute; a los o&iacute;dos de Martina, que decidi&oacute; que hab&iacute;a llegado el d&iacute;a de aclarar algunas cosas y le orden&oacute; a su hermana:&nbsp;<strong>&ldquo;Petra, &aacute;rmate de valor porque ahora es cuando vamos a enfrentarnos al Ayuntamiento&rdquo;.</strong>&nbsp;</p>

<p>Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, sentada en la cocina de su casa, rememor&oacute; con detalle aquel momento. &ldquo;Nosotras nunca hab&iacute;amos ido al Ayuntamiento. Cuando llegamos, se hizo el silencio. Un portavoz estaba leyendo un escrito. Se me qued&oacute; grabada una frase: <strong>&lsquo;Estamos en un clima terrorista asesino&rsquo;</strong>. Luego pregunt&oacute; que qu&eacute; postura iban a tomar para defender a los cuatro detenidos. Cuando acab&oacute; de leer, se hizo otra vez el silencio, y yo dije: &lsquo;Oye, seg&uacute;n t&uacute;, est&aacute;is bajo ese clima terrorista asesino. Los dem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; dir&iacute;amos?&rsquo;. Me empezaron a silbar, a gritar &lsquo;&iexcl;Fuera, fuera!&rsquo;&hellip; Yo tuve mucha serenidad. Uno me dijo: &lsquo;Si has venido a esta sala, di todo lo que sabes. Si no, no hubieras venido&rsquo;. &iexcl;Un descarado! En voz alta, dije:<strong> &lsquo;&iquest;Sab&eacute;is qui&eacute;n es el asesino de mi hermano? Vicente Naz&aacute;bal&rsquo;</strong>. Algunos empezaron a salir y otros se enfrentaron conmigo. Me dijeron que hablara en vasco. &lsquo;&iquest;Vasco? Ya te costar&aacute; hablarlo tanto como yo, que lo hago desde ni&ntilde;a&rsquo;. Les dije que a todos a la vez no les pod&iacute;a contestar, que, por favor, me hablaran uno por uno, que les iba a responder a todos. En vasco, claro. Les dije tambi&eacute;n que no met&iacute;a a todos en el mismo saco, que yo sab&iacute;a qui&eacute;nes hab&iacute;an ido al cuartel a pedir cuentas a los guardias y qui&eacute;nes no. &lsquo;Fuisteis a defenderlos&rsquo;, les dije. Me empezaron a gritar pero, &iexcl;ay, las que oyeron! No me call&eacute; por ninguno&rdquo;.</p>

<p>Preguntada por c&oacute;mo se sinti&oacute; despu&eacute;s de aquello, Martina respondi&oacute;:<strong> &ldquo;Yo descans&eacute; aquel d&iacute;a. Fue una terapia que me cur&oacute; para toda la vida&rdquo;</strong>.</p>

<p>Aun as&iacute;, despu&eacute;s vendr&iacute;an otros episodios ominosos, como la fiesta de bienvenida a los asesinos de su hermano cuando salieron de prisi&oacute;n, su<strong> nombramiento como hijos predilectos del pueblo o el premio de lanzar el chupinazo de las fiestas</strong>. Pese a todo, Martina nunca se plante&oacute; marcharse.&nbsp; &ldquo;Nunca. Yo nunca me ir&eacute; de aqu&iacute;... Cuando me lo preguntan, yo respondo que todav&iacute;a no le he estorbado a nadie. Nac&iacute; aqu&iacute; y aqu&iacute; pienso morir. Nos han amargado&nbsp;la vida, he sufrido mucho, pero no tengo por que irme. Estamos en nuestro pueblo&rdquo;.</p>

<p>Martina Ulayar falleci&oacute; el pasado 9 de marzo en Pamplona, a los 80 a&ntilde;os, tras sufrir un desgraciado atropello en la calle Mayor de Etxarri-Aranatz. A s&oacute;lo unos metros de all&iacute; se encuentra el Ayuntamiento, donde esta &ldquo;brava mujer&rdquo;, como la ha definido uno de sus sobrinos,<strong> protagoniz&oacute; una haza&ntilde;a ins&oacute;lita gracias a una memorable dosis de valent&iacute;a</strong> y por la que tendremos que estarle siempre agradecidos.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Gregorio Ordóñez, un trending topic inesperado	]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 25 Jan 2016 23:55:31 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>El pasado domingo el diario Gara public&oacute; una llamativa vi&ntilde;eta firmada por Tasio.&nbsp;</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Consist&iacute;a en un bol&iacute;grafo suspendido en el aire y orientado en diagonal. El extremo del que deb&iacute;a salir la punta estaba hueco y de su interior surg&iacute;a una nube de humo. En el otro extremo se ve&iacute;a la capucha colocada hacia abajo, como si fuese la empu&ntilde;adura de un arma. El autor hab&iacute;a colocado un punto de mira en la parte superior, lo que daba la pista definitiva de que aquel aparente bol&iacute;grafo era, en realidad, una pistola humeante. <strong>El t&iacute;tulo de la vi&ntilde;eta, &ldquo;El relato&rdquo;.</strong></p>

<p>La obra admite interpretaciones. <strong>Quiz&aacute; una de ellas sea que quienes antes utilizaban las armas para lograr sus fines</strong>, ahora saben que el poder no recae en una pistola ya disparada, sino en un bol&iacute;grafo que escriba eso que llaman &ldquo;el relato&rdquo;, que no es otra cosa que la versi&oacute;n de la Historia con may&uacute;scula que quedar&aacute; plasmada en los libros y que aprender&aacute;n quienes no han vivido los envites del hacha y la serpiente.</p>

<p>Sea o no la idea que el autor manejaba en su cabeza cuando trazaba el dibujo,<strong> lo cierto es que publicada en el medio que sigue siendo altavoz de las reivindicaciones de ETA</strong> y sus secuaces, al menos da una pista cre&iacute;ble de d&oacute;nde est&aacute;n ahora sus prioridades. El tiempo de empu&ntilde;ar las armas ha pasado, parecen decir. La batalla se libra ahora en decidir qui&eacute;n empu&ntilde;a el bol&iacute;grafo.</p>

<p>Un par de d&iacute;as antes de publicarse la vi&ntilde;eta, <strong>Ana Ir&iacute;bar, presidenta de la Fundaci&oacute;n Gregorio Ord&oacute;&ntilde;ez</strong>, hab&iacute;a firmado un art&iacute;culo coincidiendo con el aniversario de la muerte de su marido a manos de ETA. En &eacute;l se lamentaba de que no encontraba signos de victoria en el asesinato de Ord&oacute;&ntilde;ez cuando, 21 a&ntilde;os despu&eacute;s, los pistoleros no hab&iacute;an entregado las armas y m&aacute;s de 300 familias a&uacute;n no saben qui&eacute;nes mataron a sus familiares.</p>

<p>Al final del texto se aferraba, sin embargo, a su &uacute;ltima esperanza: &ldquo;<strong>Tal vez no ha llegado todav&iacute;a el momento</strong>. Tal vez la victoria la consigan las generaciones que est&aacute;n por venir, alejadas de prejuicios y sectarismos trasnochados&rdquo;. A continuaci&oacute;n, a&ntilde;ad&iacute;a: &ldquo;De ellos ser&aacute; tal vez la victoria, si son capaces de entender la Historia y de construir el relato veraz de lo sucedido&rdquo;.</p>

<p>Ana Ir&iacute;bar ven&iacute;a a poner sobre las espaldas de las generaciones del futuro una responsabilidad crucial: la de hacer justicia con la Historia. <strong>Se&ntilde;alaba sin ambages a aquellos que no han vivido la historia de ETA</strong>, a los que a duras penas aciertan a recordar un pu&ntilde;ado de nombres de sus v&iacute;ctimas, a quienes apenas han manejado un libro de Historia en el instituto en el que se explique el curr&iacute;culum criminal de quienes pusieron en jaque a un pa&iacute;s durante cinco d&eacute;cadas a golpe de bombas, de disparos y de miedo.</p>

<p>Y todo ello sin mencionar al enemigo al que tendr&iacute;a que enfrentarse ese pelot&oacute;n de j&oacute;venes soldados, articulado en un aparato cultural dise&ntilde;ado durante d&eacute;cadas por la izquierda abertzale con el objetivo de <strong>impregnar el &uacute;ltimo rinc&oacute;n de la existencia cotidiana con su blanqueante versi&oacute;n de lo ocurrido</strong>. Visto as&iacute;, el reto se presume dif&iacute;cil. S&oacute;lo pasaron 24 horas para que surgiera un atisbo de esperanza.</p>

<p>El s&aacute;bado 23 de enero la Fundaci&oacute;n Gregorio Ord&oacute;&ntilde;ez organiz&oacute; su ya tradicional homenaje a <strong>Gregorio Ord&oacute;&ntilde;ez</strong> ante su tumba, en el cementerio de Polloe, en San Sebasti&aacute;n. Sorpresivamente, el acto atrajo a un abanico de personas m&aacute;s amplio de lo habitual, cuando durante a&ntilde;os eran las mismas caras conocidas las que se atrev&iacute;an a cruzar las puertas del camposanto. Entre los asistentes se contaban varios periodistas de medios internacionales enviados a San Sebasti&aacute;n para cubrir la inauguraci&oacute;n de la capitalidad cultural y desconcertados porque, mientras las instituciones enarbolaban el lema de la &ldquo;convivencia&rdquo;, una familia recordaba a su asesinado a los pies de su tumba. &ldquo;<strong>Qu&eacute; paradoja</strong>&rdquo;, repet&iacute;an.</p>

<p>Ese sorprendente inter&eacute;s tambi&eacute;n se reflej&oacute; en un ruedo complicado: Twitter. En un albero donde buena parte de sus usuarios aguardan con el colmillo afilado cualquier ocasi&oacute;n para descargar sus iras, no es habitual que alguien acapare comentarios siquiera amables de forma masiva.</p>

<p>Sin embargo, ocurri&oacute; algo inesperado. A partir de las once de la ma&ntilde;ana, coincidiendo con el inicio del homenaje en Polloe, comenzaron a multiplicarse los tuits que mencionaban a Gregorio Ord&oacute;&ntilde;ez. Los tuiteros enlazaban v&iacute;deos con sus intervenciones en los plat&oacute;s de <strong>televisi&oacute;n frente a los mensajeros de ETA</strong>; reproduc&iacute;an las portadas de los peri&oacute;dicos que reflejaban la conmoci&oacute;n tras sus asesinato; o recordaban algunas de sus frases m&aacute;s contundentes, como aquella de que &ldquo;con<strong> ETA s&oacute;lo hay que negociar el color de los barrotes de la c&aacute;rcel</strong>&rdquo;. Pero sobre todo recordaban su valent&iacute;a, su firmeza y sus principios, suficientes para que muchos confesaran que segu&iacute;a siendo &ldquo;un referente&rdquo;.</p>

<p>Entre los tuiteros que mostraban su admiraci&oacute;n tambi&eacute;n hab&iacute;a algunas apreciaciones compartidas: &ldquo;<strong>no lo conoc&iacute;&rdquo;, &ldquo;no tengo recuerdos de &eacute;l&rdquo;, &ldquo;ten&iacute;a un a&ntilde;o cuando lo mataron&rdquo;</strong>. Otros no lo dec&iacute;an expl&iacute;citamente, pero un vistazo por sus perfiles desvelaba que pocos recuerdos pueden amasar de aquel lejano 1995. Pero ellos, quiz&aacute; las &ldquo;generaciones del futuro&rdquo; que mencionaba <strong>Ana Ir&iacute;bar</strong>, tambi&eacute;n quer&iacute;an recordar a <strong>Gregorio</strong>. Puede que acabaran de descubrir su historia, pero la cuesti&oacute;n es que para ellos tambi&eacute;n se hab&iacute;a convertido en un referente. A fin de cuentas, quiz&aacute; el reto que planteaba su viuda no sea tan inalcanzable. Quiz&aacute;, incluso, est&eacute; en buenas manos.</p>
]]></content:encoded>
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        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Los héroes necesarios]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 3 Dec 2015 08:39:12 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Cuando Christopher Norman relata el episodio que lo convirti&oacute; en h&eacute;roe a ojos de medio mundo, su expresi&oacute;n es inmutable.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Entrelaza los dedos, modula la voz y cuenta con calma qu&eacute; se le pas&oacute; por la cabeza el pasado 22 de agosto, cuando <strong>viajaba en un tren</strong> que recorr&iacute;a el trayecto <strong>&Aacute;msterdam-Par&iacute;s</strong> en lo que promet&iacute;a ser el apacible regreso de un viaje de trabajo.</p>

<p>De aquellos momentos lo recuerda <strong>pr&aacute;cticamente todo</strong>, como si el tiempo hubiese aminorado su velocidad para permitirle almacenar todos los detalles. Cuenta que escuch&oacute; un disparo, que vio a un chico americano corriendo y que salt&oacute; de su asiento. Que vio a un terrorista barbudo, sin camisa y con un Kalashnikov al &nbsp;hombro. Que pens&oacute; &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago?&rdquo; y que razon&oacute; en cuesti&oacute;n de mil&eacute;simas de segundo que no ten&iacute;a escapatoria y que su &uacute;nica oportunidad era detener al terrorista. &ldquo;No voy a ser la persona que permanezca sentada&rdquo;, se dijo a s&iacute; mismo. Lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s fue portada en un sinf&iacute;n de medios de comunicaci&oacute;n: tres ciudadanos americanos y uno brit&aacute;nico &ndash;el propio Christopher Norman- se enfrentaron a un terrorista que pretend&iacute;a causar una masacre en nombre del Daesh. Luego vinieron las <strong>entrevistas</strong>, los <strong>titulares elev&aacute;ndolos</strong> a la condici&oacute;n de h&eacute;roes y hasta la Legi&oacute;n de Honor francesa. Y una buena historia para contar, claro.</p>

<p>Quiz&aacute; lo que caracteriza a los protagonistas de comportamientos ejemplares como el de Norman es la <strong>envidia sana y generalizada</strong> que generan entre el mortal medio, que piensa para adentro que, en su lugar, no habr&iacute;a sido capaz de hacer lo mismo. Francia, la &uacute;ltima diana occidental del Daesh, -y el pa&iacute;s, por cierto, donde Norman ha vivido los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os-, tambi&eacute;n est&aacute; siendo la cuna de otros comportamientos ejemplares que emergen entre los embates del terrorismo.</p>

<p>Uno de ellos lo protagoniz&oacute; hace unos d&iacute;as <strong>Antoine Leiris</strong>. Horas despu&eacute;s de reconocer el cad&aacute;ver de su mujer, H&eacute;l&egrave;ne, en la morgue a la que hab&iacute;an ido a parar las v&iacute;ctimas de la sala Bataclan, escribi&oacute; una carta a los terroristas que acababan de dejarlo viudo y a su hijo de 17 meses, hu&eacute;rfano. &ldquo;No tendr&eacute;is mi odio&rdquo;, se titulaba la misiva. Y continuaba: &ldquo;Si ese Dios por el que mat&aacute;is nos ha hecho a su imagen, cada bala en el cuerpo de mi mujer habr&aacute; sido una herida en su coraz&oacute;n. No os har&eacute; este regalo de odiaros. Vosotros lo hab&eacute;is buscado y sin embargo responder a vuestro odio con mi c&oacute;lera ser&iacute;a ceder a la misma ignorancia que ha hecho de vosotros lo que sois&rdquo;.</p>

<p>El 23 de noviembre, el peri&oacute;dico La Voix du Nord, un diario regional del norte de Francia, le escribi&oacute; un mensaje v&iacute;a Twitter a Leiris pregunt&aacute;ndole si daba su <strong>autorizaci&oacute;n para publicar su carta</strong>, a lo que el periodista contest&oacute;: &ldquo;S&iacute;. Esas palabras no me pertenecen. Son de todos&rdquo;.</p>

<p>Christopher Norman estuvo hace unos d&iacute;as en San Sebasti&aacute;n, donde el Colectivo de V&iacute;ctimas del Terrorismo (COVITE) le concedi&oacute; su Premio Internacional en reconocimiento a su valent&iacute;a frente al terrorismo. Cada vez que alguien le preguntaba por su haza&ntilde;a, Norman se empe&ntilde;aba en repetir que &eacute;l no es un h&eacute;roe. Dice que cualquiera en su lugar actuar&iacute;a igual y bromea con la atenci&oacute;n que le prestan los medios de comunicaci&oacute;n. Tambi&eacute;n se resta importancia asegurando que, si volviese a estar en la misma situaci&oacute;n, no est&aacute; seguro de si har&iacute;a lo mismo. Pero lo cierto es que aquel 22 de agosto, cuando los pasajeros de un tren cayeron en el p&aacute;nico y comenzaron a huir despavoridos de un terrorista con munici&oacute;n suficiente para matarlos a todos, hubo cuatro hombres que se atrevieron a correr en direcci&oacute;n contraria y plantarle cara. Lo hicieron para salvarse a ellos mismos. Con su ejemplo, <strong>en cierta medida nos han salvado a todos</strong>.</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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        </item>
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  <title><![CDATA[El comensal]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/opinion/maria-jimenez/comensal/20151104200815009159.html</link>
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  <pubDate>Thu, 5 Nov 2015 09:47:24 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>&ldquo;Sab&iacute;a que quer&iacute;an matar a mi padre. A veces lo miraba transcribiendo entrevistas o leyendo libros y trataba de comprender los motivos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>La mayor parte del tiempo no ten&iacute;a <strong>miedo</strong>, solo en los momentos en los que el peligro se hac&iacute;a evidente. Por lo dem&aacute;s, viv&iacute;a ajena al conflicto. Las historias de &lsquo;<strong>La ETA</strong>&rsquo; y del asesinato&nbsp;de mi abuelo se mezclaban con otras que contaba mi padre sobre Pompeya, las bailarinas de Degas, el poema de &lsquo;La princesa est&aacute; triste&rsquo; y los hombres p&aacute;jaro de Max Ernest&rdquo;.</p>

<p>La cita pertenece a la novela <strong><em>El comensal</em></strong>, firmada por <strong>Gabriela Ybarra</strong>. La autora elige dos hitos de su biograf&iacute;a, y la de su familia, para armar la trama de la obra: el cruel asesinato a manos de ETA de su abuelo, Javier de Ybarra, en 1977, y la inesperada muerte de su madre en 2011 a causa de un c&aacute;ncer que la fulmin&oacute; en seis meses. Entretanto, Gabriela Ybarra reconoce que ha rellenado los agujeros de la memoria con la ficci&oacute;n, aunque existen pasajes descritos con una precisi&oacute;n tan milim&eacute;trica que resulta dif&iacute;cil creer que en ellos haya espacio para la imaginaci&oacute;n. &nbsp;</p>

<p>El valor de <em>El comensal</em> &ndash;m&aacute;s all&aacute; de su escritura limpia, su capacidad de acelerar o frenar el ritmo del relato sin exabruptos, o la soltura al redondear los p&aacute;rrafos- est&aacute; en su propia existencia. Durante d&eacute;cadas, el terrorismo ha sido un espacio casi vedado para la literatura. Pocas obras &ndash;con excepciones brillantes como <strong><em>Los peces de la amargura</em></strong>, de <strong>Fernando Aramburu</strong>, u <strong><em>Ojos que no ven</em></strong>, J.A. Gonz&aacute;lez S&aacute;inz- se han atrevido a abordar sin ambages lo que estaba ocurriendo a escasos kil&oacute;metros de nuestros mundos particulares.</p>

<p>El escritor <strong>Ra&uacute;l Guerra Garrido</strong>, otro de los contados atrevidos en novelar el terror, aporta una explicaci&oacute;n para esta omisi&oacute;n escandalosa en un texto que escribi&oacute; para la obra <em>Relatos de plomo</em>. Para &eacute;l, todo era una cuesti&oacute;n de miedo. &ldquo;El miedo se instal&oacute; en el cuerpo social decidiendo todo un c&oacute;digo de comportamientos, una forma de entender la vida bajo la amenaza a soslayar&rdquo;. Contin&uacute;a explicando que hab&iacute;a &ldquo;una moda del <strong>miedo</strong>, una arquitectura del miedo, unas diversiones del miedo, hasta por ausencia una literatura del miedo, los peri&oacute;dicos sal&iacute;an sin editorializar, o sea sin opini&oacute;n, y todas estas caracter&iacute;sticas cristalizaron en un paisaje urbano del miedo definido en paredes pintarrajeadas y sudarios intocables, sabanas con esot&eacute;ricos mensajes que &uacute;nicamente las inclemencias meteorol&oacute;gicas se atrev&iacute;an a descolgar. Fue la socializaci&oacute;n de la violencia sin utop&iacute;a&rdquo;.</p>

<p>Ahora que ETA ya no mata, es hora de ponerse a contar. Hay que hacerlo en tercera persona, s&iacute;, recogiendo los testimonios de los supervivientes, pregunt&aacute;ndonos qu&eacute; hac&iacute;amos nosotros mientras todo aquello estaba ocurriendo y admitiendo que en alguna ocasi&oacute;n, como apuntaba Ra&uacute;l Guerra Garrido, sucumbimos al miedo.</p>

<p>Tambi&eacute;n se puede contar en primera persona, como hace Gabriela Ybarra. Y tambi&eacute;n, por qu&eacute; no, con trazas de ficci&oacute;n, para llegar quiz&aacute; all&iacute; donde no alcanzan los recuerdos ni las cr&oacute;nicas de la &eacute;poca. La autora, aunque escudada en lo imaginario de algunos pasajes, se abre en canal para contar una parte de la <strong>historia de su familia</strong>, del dolor, del miedo y de la supervivencia. El suyo s&oacute;lo es el relato de un pu&ntilde;ado de las centenares de vidas que ha marcado el terrorismo. Pero si a veces las peque&ntilde;as historias encierran un mundo entero, <em>El comensal</em>&nbsp;es sin duda una de ellas.</p>

<p><br />
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<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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  <title><![CDATA[La última batalla contra ETA]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Wed, 28 Oct 2015 00:46:25 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[María Jiménez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Recientemente&nbsp;comenz&oacute;&nbsp;en la Audiencia Nacional el juicio contra los l&iacute;deres de la organizaci&oacute;n Askapena.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>A todos ellos la <strong>Fiscal&iacute;a </strong>les acusa de colaborar con <strong>ETA</strong>. A la entrada del juzgado, uno de los acusados parafrase&oacute; a Fidel Castro y declar&oacute; ante los periodistas que el &ldquo;tribunal de excepci&oacute;n&rdquo; al que se enfrentan los &ldquo;condenar&aacute; o no&rdquo;, pero sentenci&oacute; que &ldquo;la historia nos absolver&aacute;&rdquo;Viendo los &uacute;ltimos acontecimientos, parece que hay muchas personas trabajando por la causa.</p>

<p>El pasado 12 de octubre una manifestaci&oacute;n multitudinaria recorri&oacute; las calles de <strong>Pamplona </strong>exigiendo la libertad de los cinco acusados de <strong>Askapena</strong>. Entre las decenas de im&aacute;genes que aparecieron en los medios de comunicaci&oacute;n y en las redes sociales contando lo ocurrido hab&iacute;a una de un ni&ntilde;o vestido de naranja &ndash;color que la izquierda <strong>abertzale </strong>ha hecho bandera de la &ldquo;desobediencia&rdquo;&ndash; y tapado por un <strong>pa&ntilde;uelo palestino</strong> del mismo tono que s&oacute;lo le dejaba los ojos al descubierto. Una mano de mujer, quiz&aacute; la de su madre, lo proteg&iacute;a apoy&aacute;ndolo sobre sus piernas. El peque&ntilde;o no tendr&iacute;a m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os.</p>

<p>En esa manifestaci&oacute;n, los asistentes instaron a <strong>ni&ntilde;os </strong>a que participasen en el plato fuerte de la jornada: el<strong> lanzamiento de zapatos</strong> contra caricaturas del Rey o de agentes de las <strong>Fuerzas de Seguridad</strong>. Lo hicieron poco despu&eacute;s de que recorrieran algunas calles del centro de la ciudad entre gritos de &ldquo;Estado espa&ntilde;ol, Estado terrorista&rdquo;. No ser&iacute;a descabellado pensar que alguno de los peque&ntilde;os se uniera al grito de guerra.</p>

<p>El 2 de octubre de 2011, cuando apenas quedaban <strong>18 d&iacute;as para que ETA declarase el cese definitivo </strong>de la violencia del que ahora se cumplen cuatro a&ntilde;os, un editorial del diario Gara dec&iacute;a: &ldquo;Aviso a los que quieren un relato de vencedores y vencidos: <strong>el que convenza, vencer&aacute;</strong>&rdquo;. Los ni&ntilde;os que asistieron a esa manifestaci&oacute;n probablemente ya est&eacute;n <strong>convencidos</strong>. Pero quiz&aacute; dentro de unos a&ntilde;os se hagan preguntas o se topen con dudas, y quiz&aacute; para encontrar respuestas recurrir&aacute;n a la <strong>Historia </strong>con may&uacute;scula. Y &eacute;sa es la que nos toca escribir ahora.</p>

<p>Escribir la <strong>historia </strong>de lo ocurrido es la &uacute;ltima batalla que los dem&oacute;cratas tenemos que l<strong>ibrar contra ETA</strong>. Mientras<strong> la banda terrorista mataba</strong>,&nbsp;<strong>secuestraba</strong>, extorsionaba y <strong>amenazaba </strong>con una cadencia insoportable, quienes se opon&iacute;an al terror quiz&aacute; no prestaron demasiada atenci&oacute;n al hecho &nbsp;de que la batalla policial contra ETA era precisamente eso, una batalla, y que el declarado final de la violencia abr&iacute;a ante ellos un reto hasta entonces &nbsp;durmiente: el de apuntalar en las conciencias de los ciudadanos, y de &nbsp;los que est&aacute;n por venir, una <strong>geneaolog&iacute;a </strong>del terror en la que no hubiese duda &nbsp;de qui&eacute;nes hab&iacute;an sido los asesinos y qui&eacute;nes, las v&iacute;ctimas. La descomunal tarea de escribir el relato del terror lleva otro trabajo asociado que resume el historiador Luis Castells: reducir el n&uacute;mero de mentiras que circulan sin que nadie las desmienta. Si tenemos la valent&iacute;a de hacerlo, puede que alg&uacute;n d&iacute;a los ni&ntilde;os que acudieron a la manifestaci&oacute;n de <strong>Pamplona</strong>, y a las que quedan por venir, asientan al leer aquello de Jon <strong>Juaristi</strong>: &ldquo;Nuestros padres mintieron, eso es todo&rdquo;.&nbsp;</p>
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