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  <title><![CDATA[Navarra.com :: RSS de «Eduardo Laporte»]]></title>

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    <description><![CDATA[Navarra.com | Noticias Navarra | Actualidad Navarra | San Fermin | Todas las noticias en Navarra.com | Última hora en Navarra Hoy | Deportes Navarra | Esquelas Navarra]]></description>
    <lastBuildDate>Mon, 20 Apr 2026 20:38:19 +0200</lastBuildDate>
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      <title><![CDATA[Navarra.com :: RSS de «Eduardo Laporte»]]></title>
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  <title><![CDATA[Jódete Tassotti (y otras enseñanzas del fútbol moderno)]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 29 Jun 2021 12:09:59 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>El rumbo recobrado de la selección española ayuda a relativizar agravios históricos y nos recuerda que las funciones tienen varios actos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>«Nada más cambiante que el pasado», dijo <strong>Jean Louis Valenciene</strong>. Y qué bueno tener memoria futbolera para corroborarlo. La mía se forjó una madrugada de principios de verano, con las bermudas campanudas de un Clemente que se estrenaba en el <strong>Mundial de USA94</strong> contra una Corea del Sur de la que apenas rascó un 2-2. En aquella cita superamos a <strong>Suiza </strong>en octavos, algo que la <strong>Francia de Mbappé y Benzema</strong> no puede decir.</p>

<p>Lunes 28 de junio, <a href="/articulo/futbol/azpilicueta-espana-clasifica-gol-cuartos-final/20210628194242370672.html">España-Croacia, seis de la tarde</a>. Disfruto del partido en compañía de <a href="/opinion/autor/2529/javier-ancin">Javier Ancín</a> —conocido también como el <a href="/opinion/javier-ancin/prohibamos-bici-como-transporte-urbano-pamplona/20210623091807370085.html">azote de los ciclo-tímicos del carril bici</a>—, con el que sufrimos, en aquel verano de <strong>Bournemouth</strong>, aquel sangrante <strong>capitulo del codazo de Tassotti a Luis Enrique</strong>, la eliminación por la puerta de atrás en cuartos, y la primera de las decepciones existenciales que un mundo que aún creímos justo nos traería. Como un desastre de <strong>Annual </strong>que se repite cada año.</p>

<p>¿Es el mundo justo? ¿Qué es el arte? Ayer, entre cerveza sin filtrar que viene y que va, yo vi, yo va, convinimos que no. El mundo, así en general, trata del mismo modo al débil que al poderoso. <strong>Se ayuda a quien no precisa ayuda y se deja en la estacada a quien necesita un empujón</strong>. Pero esto es otra historia. A veces la justicia exige un largo aliento. No hablo de venganza, sino de justicia, que es, según Platón, dar a cada cual lo que le corresponde. Si uno tiene la suficiente paciencia o una longevidad reseñable, puede asistir a ese espectáculo del advenimiento, ole, de la justicia.</p>

<p>No sabemos cómo acabará esta <strong>Eurocopa 2020 que se celebra en 2021</strong>. Yo me doy ya por servido. Luis Enrique alias Lucho se ha quitado una espina histórica (como Morata), sobre todo en cuanto manda callar a esa jauría de cuñados de chiringuito en vaso de tubo que es el grueso de la prensa deportiva española.</p>

<p>«Lo que pasa es lo mejor que podía haber pasado», dice<strong> Pablo d’Ors </strong>en su celebrada ‘Biografía del silencio’, en una frase que me persigue y que cada vez aplico, para bien o para mal, a mi vida. Asumir los hechos. No desde la <strong>indiferencia o la resignación</strong>, sino como parte de un guion en el que pintamos poco, o no tanto como pensamos, y que debemos dejar que se despliegue.</p>

<p>De niño me sorprendía que los jugadores se alegraran de celebrar unos goles que rara vez eran definitivos. ¿Por qué te alegras de <strong>haber ganado la batalla si no has ganado la guerra</strong>, mangarrán? En el apasionante otro partido del lunes 28 de junio se pudo comprobar en esa<strong> danza chulesca del francés Pogba</strong> con el 3-1 a Suiza. Claro que ese resultado sí parecía definitivo, lo que motivó ese baile que a la postre resultaría dador de no poca vergüencica ajena. Otras de las enseñanzas del fútbol moderno (y antiguo): no te flipes antes de tiempo.</p>

<p>El<strong> propio Tassotti</strong>, tras el codazo impune al asturiano y el posterior pase a semifinales se habría sentido el rey <em>dil mondo</em>. No sabía que Brasil les condenaría a ser subcampeones, que es lo peor que le puse pasar a un campeón, días después. Y que pasaría a la historia, a la memoria colectiva, como un botifler, por usar un término indepe. Porque cuando quemábamos<strong> fotos suyas y de Roberto Baggio</strong> de la prensa deportiva inglesa, como desahogo de urgencia, teníamos algo de lamentables sediciosos fuera de sí.</p>

<p>No sabíamos que <strong>la vida y el fútbol dan muchas vueltas</strong>. Y que lo que pasa es, siempre, lo mejor que podía haber pasado.</p>
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  <title><![CDATA[Ser golfista es difícil si no sabes cómo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 22 Jun 2021 08:16:10 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>La estupenda victoria de Jon Rahm en el Abierto de Estados Unidos abre el baúl de los recuerdos más golfísticos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Dejar de fumar me resultó <strong>más o menos fácil con aquel libro de Allen Carr</strong>. Desde entonces, nunca critico con la soberbia de muchos letra-heridos los libros de autoayuda. ¿Y ser una estrella del golf? Como para tantas otras cosas, se nos pasó el arroz. Pero hubo un tiempo en que uno podría haber aspirado a ser un Jack Nicklaus foral.</p>

<p>Hablamos de unos ochenta en que el <strong>Club de Golf Ulzama</strong> empezaba a coger solera. Algunos éramos tan PTVs que teníamos esa doble nacionalidad: Club de Tenis y Ulzama. Fue antes de que llegaran<strong> Gorraiz y Zuasti,</strong> cuando se habilitó una bajera tremebunda en donde <strong>hoy está el actual Canalla, otrora Marengo</strong>. Entre la tienda de alfombras persas y un bingo se ubicaba una suerte de local polvoriento provisto con redes, palos y bolas. Lo llamábamos «la cancha» y aprendíamos a ser golfistas. Un flemático Jesús Mari nos guiaba en las cosas del <em>swing</em>, el <em>approach</em> y los hierros y maderas, mientras a escasos metros un Rogelio (q.e.p.d.) mucho más acelerado practicaba su particular pedagogía golfil. Que si cachomelón, que si alcornoque flexiona las rodillas<strong>, en un método poco ortodoxo</strong> que dio sus frutos; ahí están los éxitos de Carlota Ciganda, su pupila más aventajada, y un busto que me comentan han erigido en su honor en las instalaciones del que fuera su club.</p>

<p>Ni Jesús Mari ni Rogelio debieron de ver en mí grandes facultades con el <em>drive</em>, pues si había algo que se me daba mal, de niño, era el golf. Una analista deportiva analiza en la radio, tras la histórica victoria de<strong> Jon Rahm en el Abierto de Estados Unidos</strong>, los secretos del éxito del bilbaíno. «La enorme confianza que tiene en sí mismo y su increíble fuerza mental. Mientras los demás se vienen abajo en los últimos nueve hoyos, él aguanta impasible». Lo comparan por ello con Severiano Ballesteros, cántabro inquebrantable, algo que tiene su mérito siendo tan joven.</p>

<p>Porque el flamante número 1 del mundo, vasco a pesar de ese nombre como de ingeniero alemán, no ha cumplido aún los 27 años y ya es historia del golf al lograr algo insólito: <strong>ser el primer español que gana el Open de EEUU</strong> tras más de 120 años de historia. El orgullo de un Jesus Mari, de un Rogelio. Menudo cachomelón. Porque lograr dos ‘birdies’ en los últimos hoyos sin que te tiemble la mano da para escribir varios manuales de ‘Cómo triunfar en el golf sin despeinarte’.</p>

<p>En mi caso, era todo lo contrario. Nací con un ardiente temperamento infantil que, en la mejor <strong>tradición inaugurada por McEnroe</strong>, en ese deporte hermano del pijerío que era el tenis, me hizo destrozar más de una raqueta ante un 6-0, 6-0, 6-0 de un rival abusón de más. Con el golf, recuerdo tirar el <em>putt </em>a tomar viento en una zona bien boscosa y recibir las merecidas amenazas de mi padre: «De aquí no nos vamos hasta que salga el <em>putt</em> de los cojones». Recuerdo también solicitar ayuda de las familias golferas allí presentes, los Zarraluqui, los Irujo, los Bernaola, y dar por fin,<strong> tras no pocas batidas, con el palito dichoso</strong>.</p>

<p>En otras ocasiones, poseído por mi mal perder, consciente de que jamás emularía la frialdad de un Jon Rahm que aún no había nacido y que, ay, no sería nada en la vida, pagaba mis fracasos golfísticos con la cuidadísima superficie del <em>green</em>. Superado con creces el doble<em> bogey</em> <strong>me dedicaba a hacer todo lo prohibido</strong> sobre aquella moqueta verde: saltar, correr, dar volteretas y otras fechorías que por decoro omito.</p>

<p>Qué poco sabíamos de la vida. <strong>Claro, éramos niños, pero estábamos contaminados de competitividad,</strong> de ansiedad, de prisas por ser los mejores en cualquier cosa, malditas pelis americanas, en lugar de disfrutar del privilegio de estar perdidos entre los robles milenarios del valle más bonito de Navarra, Ulzama.</p>

<p>Aún contaba con solo nueve humildes hoyos, que culminaban junto a la elegante Casa Club, <strong>diseñada por Redón y Guibert en los sesenta</strong>, para disfrutar si tocaba de uno de esos monumentales escalopes. Antes, una limonada como del siglo XIX servida por Merche, que no era de sonreír mucho, pero todos la querían.</p>

<p>Hace años que no he vuelto a la <strong>Ulzama</strong>. Nos quitamos, nos dimos de baja en la Federación y <strong>se acabó el sueño peregrino de ser golfista</strong>. Quien pudiera, en cualquier caso, volver a ser niño y no soñar con nada. Dedicarse, como seguramente haría el pequeño <strong>Jon Rahm</strong>, a seguir el <em>swing</em> de la vida. Es lo que hacen los campeones.</p>
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  <title><![CDATA[La Tómbola de Navárritas]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 15 Jun 2021 09:20:50 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[Un sueño disparatado me hizo pensar en boletos que realmente cambiaban la vida de quienes los compraban.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Una revolución ha llegado al hasta ahora manso mundo de la<a href="/articulo/sociedad/tombola-caritas-historia-anecdotas-1950/20210514185615366049.html"> Tómbola de Cáritas</a>. La 75ª edición mira no solo al siglo XXI, sino quizá incluso al XXII. Se acabaron los ‘reúna’ y también el sorteo por defecto. <strong>Esos coches y motos que jamás tocaron a nadie </strong>seguirán sin tocar, pero ya sin el señuelo del premio motorizado. Por si fuera poco, te puede tocar ¡la nada! El clásico Siga buscando de los yogures Chamburcy, sin paliativos, sin paños calientes. Eso sí, con un misterioso dato:<strong> Caduca el 16 de agosto de 2021</strong>. ¿Qué caduca? ¿El papel? ¿El no-premio? La Tómbola como generadora de <strong>imposibles paradojas </strong>espacio-temporales.&nbsp;</p>

<p>Y qué remoto nos quedaban aquellos <strong>agostos de los boletos de la tómbola</strong>, porque si había algo parecido a un agujero negro, cuando comenzaba el verano y aún no se había lanzado ni el txupinazo, era ese agosto canicular de tiempo detenido y espeso. Alguien comprobaría entonces, en un alarde de actividad, que no le había tocado, tampoco este año, el <strong>Seat Toledo.</strong>&nbsp;</p>

<p><img alt="" src="https://navarra.opennemas.com/media/navarra/images/2021/06/15/2021061509420068627.jpg" /></p>

<p>Ahora la Tómbola se ha convertido en una<strong> suerte de aliada del pequeño comercio</strong> y los boletos premiados llevan, además de botes de aceitunas rellenas y pinzas de tender, jugosos descuentos en <strong>comercios </strong>tales como Lencería Mercería Conchi (Irunlarrea 13) y Arreglos y Bordados Merche (Burlada/Burlata). Si se canjean todos estos premios, dicen desde la organización, se logrará un apoyo de<strong> casi dos millones de euros</strong>. Así que ¡poca broma!&nbsp; &nbsp;</p>

<h2>Premios especiales</h2>

<p>Con toda esta información en la cabeza, <strong>se me generó un sueño nocturno</strong> que mezclaba esos boletos bienintencionados con premios de relumbrón, directos, incluso personalizados porque tienen conexión con el Altístimo de las tómbolas. A saber, a<strong> Javier Ancín</strong> le toca una Equipación completa del buen aberchándal: botas tipo Goretex marca Quechua, lauburu, sudadera morada y negra, argolla para la oreja izquierda y piedrica de dosqui. Ojo que los premios de esta <strong>Tómbola </strong>de los sueños no admiten devolución. Por eso, <strong>Carlos Gimeno</strong>, consejero de Educación, esperaba con ansias el boleto agraciado con un real decreto foral sobre coeducación que le dé luz verde para implantar ese <strong>Skolae </strong>de la discordia.</p>

<p>En mi sueño, aparecía también <strong>María Chivite</strong> comprando boletos a puñados con un particular premio: el de que el citado <strong>Ancín </strong>deje de mentarla en sus artículos. Entre los distintos sobrecitos, no aparecía en cambio la posibilidad de un adelanto electoral que le librara del papelón (de Tolosa) de los pactos cargados por el diablo (o «de la vergüenza», <strong>Javier Esparza</strong> dixit).&nbsp;</p>

<p>A <strong>Enrique Maya</strong> le toca —premio directo, recordemos— unos <strong>Sanfermines 2022</strong> con bien de gigantes, cabezudos, kilikis y ferias taurinas a rebosar y los socios de la Anapeh manteándolo con orgullo. Y, en otro boleto, unas Navidades con Reyes Magos a disposición de todos los niños (y padres) que así lo deseen, las 24 horas del día. Exultante, le pregunta, en mi sueño, qué le ha tocado a <strong>Jaime Ignacio del Burgo</strong> en la auténtica y extraordinaria Tómbola de Navárritas: la abolición de la Disposición Transitoria Cuarta. Borrada directamente, zas, de la Constitución, para los restos.&nbsp;</p>

<p>A <strong>Ramón Alzórriz</strong>, portavoz del grupo socialista navarro, un viaje de un mes, con todos los gastos pagados, por las plazas de Cádiz, Bolonia, Zahara y Caños de Meca, libres, eso sí, de coronaviruses y mascarillas ninguna. Con posibilidad de subir las fotos de los atardeceres anaranjados del sur a Instagram sin que nadie le reproche. Todo likes, como los de la presidenta <strong>Chivite </strong>cuando se ponía en plan bricomanías y jacarandas cuanto más apretaba la guadaña de la pandemia.&nbsp;</p>

<p>La Tómbola Navárritas también tiene premios para el deporte. <strong>Al Chimy Ávila le toca el boleto de la Inmunidad Muscular</strong>, que le garantiza las mismas temporadas que a Moncayola dando lo mejor que de sí mismo para Osasuna. Aunque tenga que retirarse a la edad de Joaquín, el bético longevo.</p>

<p>Y poco más. Mi sueño se iba confundiendo poco a poco con<strong> Sanfermines imposibles</strong>, con chicas de PACMA en pelotas y cubiertas de sangre riendo orgullosas porque durante dos años habían conseguido abolir, con o sin boletos de la tómbola mágica, las corridas de todos. Aunque eso quizá me lo esté ya inventando.&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[Navarra en una boda]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 8 Jun 2021 09:10:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[Este tipo de eventos concentran la esencia de una sociedad y sirven para regar ese delicado jardín afectivo al que pertenecemos.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Una mascarilla con la<strong> imagen de San Fermín</strong> fue lo primero que me recordó que la boda del pasado sábado, en Madrid, tenía sabor navarro. La llevaba X, de familia de tradición taurina, que luego nos comentaría que<strong> si no hay toros en San Fermín</strong>, este año, es porque no sale rentable. «¿Y una novillada?». «Uff, las novilladas son deficitarias». Los toros, como el fútbol. <em>Negoci</em>.&nbsp;</p>

<p>El novio, de <strong>Pamplona</strong>; ella madrileña. Invitados, fifty-fifty. En mi condición de exiliado foral, desde agosto sin pisar aquellas caras tierras, la ocasión tenía algo de<strong> reencuentro con viejos conocidos</strong>. Para eso se inventaron, quizá, las bodas, para ofrecer un <em>continuum </em>social a través de la vida con una gente con la que a lo mejor no cruzas palabra pero que no deja de ser, de algún modo, tu gente.&nbsp;</p>

<p>Esos personajes de los que <strong>tienes localizado el árbol genealógico</strong>, pero de los que te pierdes en las ramas. Ese mentón como de Echandi, pero esos ojos quizá sean Archanco, aunque la nariz parezca Frauca. No sabes si lo conoces del <strong>Tenis, de la Ulzama o del bar el Norte</strong>, en la calle San Gregorio, que se citó en la boda como refugio de los últimos de Filipinas de la noche<em> irroñesa</em>.&nbsp;</p>

<p>En las <strong>bodas navarras no hay elementos navarros</strong>. No se bailan aurreskus ni jotas; quizá te sirvan <strong>pacharán en vez de licor de hierbas</strong>, pero el elemento patriótico-foral, lo nuestcho, queda relegado en favor de una suerte de estética estandarizada que no chirría. Aunque no estaría de más, sin caer en chovinismos pelmas, incluir algún elemento hiperlocal, sin que eso pueda derivar en discusiones entre carlistas y liberales, montañeses, riberos, el ager y el saltus. ¿Una pieza de <strong>Sarasate </strong>interpretada por el mismísimo <strong>Ara Malikian</strong>, contratado para la ocasión por aquello de crear un momento único e irrepetible? Ojo.</p>

<p>En muchas bodas navarras se bebe Rioja. Lo cual define, en parte, <strong>el ser navarro</strong>. Y si me apuras, el riojano. Precisamente antes de la ceremonia religiosa, me tomé una Alhambra bien fresquita —cometiendo algún tipo de pecado venial— en un restaurante llamado <strong>Mentica </strong>(un poco de publicidad gratuita) lleno de productos navarros (marca El Navarrico). «Somos de Calahorra, cerquita de Navarra», me aclaró el metre de origen peruano, como muchos de los espárragos supuestamente navarros. El mundo global. A su lado, pegadico total, <strong>La Manduca de Azagra</strong>, más publi gratuita, uno de los centros de gastronomía navarra de la capital, con su diseño mangadiano y sus alcachofas de la tía Mari. La calle Sagasta como un Fitur de las regiones.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>Las bodas navarras, ya digo, prescinden de <strong>todo elemento navarro para, poco a poco, dejar que aflore lo realmente navarro</strong>. Ese segundo nivel narrativo, el de lo invisible, que maestros literarios como Chéjov, Hemingway o Carver saben manejar. En cuanto haces demasiado evidente algo, lo matas. Es algo que no ha aprendido el nacionalismo montaraz, sea vasco o catalán, y por eso <strong>lo navarro es más sutil y elegante</strong>. Como la literatura comercial o la otra. «Me gusta lo que escribes», me dijo precisamente un invitado, dando a entender que lo mío no era comercial, facilón, «lectura de piscina», que dicen ahora. Citó luego a Proust, nada menos. Vive la Navarre.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>Poco a poco, en estas bodas va surgiendo El Encuentro, que diría don Vecino Senior. Es la ocasión también de situar a esos personajes de la vida que tenías un tanto en el aire y con los que resulta que había muchos más lazos. Como aquel coetáneo de mi madre, <strong>con la que me contó que jugaba en un paseo de Sarasate</strong> aún «de tierra» que albergaba una sucursal de John Deer, con tractores listos para usar/arar. Era en el lado la antigua Audiencia, me aclaró, en la que entiendo aún se erigía aquella Casa Alzugaray cuyo derribo se incluyó con honores en el catálogo de atrocidades urbanísticas cometidas en Pamplona, inauguradas con la destrucción salvajoide del trazado original de las murallas, a fines del XIX.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>Aquel hombre me soltaría <strong>también una lista de apellidos de las familias</strong> que vivíamos en Sarasate. Quizá ese sea mi lugar, mi verdadera tribu, geografía sentimental y alojada en la memoria afectiva, con el tono de la «luz amarilla» —en palabras de otro sarasatiano como Ángel María Pascual— que pintaba las paredes al atardecer.&nbsp;</p>

<p>Mucho más que esos grupotes de amigos del colegio que te encuentras en no pocas bodas navarras. <strong>Pandillas exageradas</strong> en las que a todos parece irle de coña en sus trabajos de ingeniería, telecos o funcionariados de alto copete. «Pues yo no conservo a <strong>ningún amigo de San Cernin</strong>», le espeté a un simpático invitado que quizá quedó chafado con mi cenizo comentario.</p>

<p>La pertenencia a un mundo <strong>se mide en varios grados e intensidad</strong>. Exige, también, diversos compromisos, peñas, pandillas, escaleras y cofradías del espárrago, para mantenerlo vivo. A mí me basta una <strong>boda navarra de vez en cuando, un banquete sin jotas ni zortzikos</strong>, para sentirme parte de una comunidad cuyos límites no entienden de fronteras ni estatutos de autonomía. <strong>Vivan los novios.&nbsp;</strong></p>
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  <title><![CDATA[El Encuentro con José Luis Alexanco]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 1 Jun 2021 09:44:43 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Fue, junto con Luis de Pablo, uno de los dos organizadores del mayor evento de las artes que tuvo lugar en Pamplona.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Acabó mayo con un sabor a despedida de personajes que uno quisiera inmortales. <strong>Franco Battiato y poco después Cristóbal Halffter</strong>, compositor de la Generación del 51 a la que también pertenece Luis de Pablo. Este último, nacido también en 1930 y superviviente a este mayo luctuoso, sería el responsable de levantar, junto a José Luis Alexanco, la mayor apuesta por el arte jamás vista en España, con Franco aún muy vivo.</p>

<p>Quién nos iba a decir, en octubre pasado, que pocos meses después me tocaría escribir su nota necrológica. <strong>Porque Alexanco falleció el pasado domingo</strong> 16 de mayo, a consecuencia de un inesperado <strong>paro cardíaco</strong>. La vida quizá sea la mayor obra de arte. Siempre impredecible, implacable, el arte apenas alcanza a ser su sombra. Luminosa sombra, un modo también de despejar la espesura en que nacemos.</p>

<p>Invitados por su amigo y galerista, <strong>Pedro Maisterra, y con dos buenos amigos</strong>, tuvimos el privilegio de recorrer la exposición retrospectiva que la sala Alcalá 31, en Madrid, le dedicaba: ‘Ejercicio temporal: 1964-2020’.</p>

<p>Hay algo en toda retrospectiva que parece insinuar tu final. La pandemia nos puso a todos en ese disparadero, pero ya digo que nadie podía intuirlo cuando Alexanco nos desgranaba sus obras, con total cercanía, con un contagioso entusiasmo. Las esculturas MOUVNT de resina que crearían tanto él como un ordenador embrionario, en ese mundo tecnológico aún en pañales, pero a cuyo carro <strong>Alexanco, como miembro del Centro de Cálculo de Madrid</strong>, se había subido con seguridad visionaria. Era el único artista que había logrado programar por sí mismo. Y crear arte con ello.</p>

<p>Nos contó, en presencia de los homúnculos de su ‘Soledad interrumpida’, la importancia que tuvo esa obra en lo que vendría después. «Fue una obra clave para los Encuentros», diría <strong>Pedro Maisterra</strong>, galerista navarro con presencia en ARCO cada año al frente de <a target="_blank" href="http://maisterravalbuena.com/">Maisterravalbuena</a>. Con esos homúnculos, esculturas humanoides de PVC que se movían accionadas por aire, crearían unas ‘performance’ que entonces llamaban simplemente «espectáculo». La jerigonza artística aún no se había codificado, pero ellos ya estaban ahí. Insuflando aire manualmente a<strong> 150 esculturas que se pudieron ver, en 1971, en Buenos Aires,</strong> y cuyos ecos llegarían a los mecenas del momento: los Huarte. La familia quería organizar unos conciertos en memoria de Félix Huarte. Era el germen de lo que más tarde serían los Encuentros de Pamplona de 1972, del que en breve se cumplirán cincuenta años.</p>

<p>«Es un pintor ante todo». Otra cita de <strong>Pedro Maisterra de las notas que tomé aquel día </strong>de octubre de 2020, en la bóveda de la sala Alcalá 31 conquistada por las pinturas de Alexanco. Iba a cumplir ochenta años, pero se sentía joven, como demostraba esa cascada de cuadros no figurativos que había compuesto durante la pandemia. Había vivido en el 228 de West Broadway, en el SoHo neoyorquino, con Muntadas y Miralta, cuando aún tenían sentido esos viajes iniciáticos.</p>

<p>Una de sus obsesiones era el movimiento. <strong>El artista aspira a la quietud y él la alcanzaba con el movimiento</strong>. Y los viajes. Ya en La Retasca de la calle Ibiza, que tiene un aire al mítico HD de Guzmán el Bueno, nos hablaría de sus frecuentes escapadas a Siria, donde conoció a Adonis, y de la que se marchó, visionario de nuevo, una semana antes de que comenzara el desastre. Animados por el vino de Pago de Arínzano, el impulsor de los Encuentros de Pamplona nos relató también otro viaje. Exponían en Polonia y un amigo le recomendó unas pastillas. Eran anfetaminas, de las que se tomaban para estudiar, él no las había probado nunca. Con aquel Red Bull de la época (Bustaid, en realidad), emularía a <strong>Charles Lindbergh, pero en este caso atravesando países </strong>y fronteras comunistas uno tras otro como si nada, equivocándose de carreteras para llegar a Hungría en vez de España. El estado policial de aquel tiempo totalitario e interconectado alertaría a los propios Huarte, informados de aquel «disparatado» viaje:</p>

<p>—¿Tu amigo <strong>Alexanco </strong>es comunista? [le preguntarían a De Pablo].</p>

<p>—No, ni yo tampoco<strong>*</strong>.</p>

<p>Los Encuentros podían continuar.</p>

<p>Nos sentamos en aquella mesa a la hora de comer y<strong> salimos después de la de cenar. Alexanco</strong>, más moderado que nosotros, nos abandonó un poco antes. No quise atosigarlo a preguntas. Ya habrá más encuentros, pensé. Antes de irse, nos regaló otra anécdota. La de un Oteiza cascando con una pistola un bogavante en el restaurante Lur Maitea, aún abierto, a pesar de tamaña ‘perfomance’, de Madrid.</p>

<p>No recuerdo si hablamos de qué hacer en el cincuenta aniversario de los Encuentros. <strong>Está Luis de Pablo, está Prada Poole</strong> y sus cúpulas neumáticas. No sabemos que sé hará o no se hará, pero lo que se haga debería servir para lograr otro Encuentro con <strong>José Luis Alexanco.</strong></p>

<p>Hasta siempre. &nbsp;</p>

<p><br />
<strong>*&nbsp;</strong>Extraído del libro ‘Los Encuentros de Pamplona en el Museo Universidad de Navarra’<br />
<br />
&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[El problema, Ana Iris, son los bancos]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/problema-ana-iris-son-bancos/20210525091015367190.html</link>
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  <pubDate>Tue, 25 May 2021 09:14:23 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>La escritora manchega reivindica las condiciones de vida de sus padres como un sueño algo idealizado en el que, eso sí, había más confianza financiera</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Los articulistas sin tema debemos agradecer a <strong>Ana Iris Simón</strong> (Campo de Criptana, 1991) que haya azuzado el debate tras su valiente <a target="_blank" href="https://www.elespanol.com/reportajes/20210525/aplaudida-ana-iris-carteros-criada-toledo-saharauis/583693179_0.html">intervención</a> el pasado fin de semana en <strong>Moncloa</strong>. Una escritora que ha logrado lo que en su día Javier Cercas con su Soldados de Salamina, es decir, que te lean los hunos y los hotros. ¿Cómo? Con su<strong> novela Feria</strong>, particular remembranza de sus años como nieta de feriantes, en las que aprovecha para atacar a cierta izquierda desnortada y defender no ya los valores tradicionales que <a target="_blank" href="https://www.youtube.com/watch?v=CC9AdSS4p38">canta Battiato</a> sino la posibilidad de criar a un niño, con una pareja y no morir en el intento. Y sin tener que <strong>vivir «hacinados» en ciudades como Madrid y Barcelona</strong>. Es decir, en un piso que tenga por ejemplo una cocina con una mesa, un baño en que quepas y un trastero. Los nuevos lujos.</p>

<p>En su defensa de unas <strong>condiciones de vida dignas</strong> (que ha irritado a buena parte de esa cierta izquierda desnortada por no decir malfollada) ha esgrimido un discurso valioso, pero quizá tocado de nostalgia mitificadora. «Somos la <strong>primera generación que vive peor que sus padres</strong>», ha dicho. A su edad sus padres ya tenían casa o, al menos, «una hipoteca y el pasaporte lleno de sellos».</p>

<p>¿Vivían realmente mejor la generación de los nacidos en los cuarenta, cincuenta y sesenta? Aquí entramos en la cuestión pantanosa, en el terreno de ese filósofo tan puntilloso, don Jorge Matices.</p>

<p>Recuerdo una conversación con un taxista, en una noche madrileña. Me contó cómo pagó, en efecto, la hipoteca y hasta la licencia del taxi, pero a costa de <strong>trabajar durante unos quince años seis día a la semana, entre diez y horas diarias</strong>. Los plazos eran más cortos, letras comprimidas que condenaban a esa generación quizá mitificada a deslomarse en esos años para luego sí, vale, disfrutar de una casa. Pero un piso en barrios como San Blas, Santa Eugenia o los correspondientes <strong>San Jorge</strong>, <strong>Barañáin </strong>o el <strong>San Juan</strong> profundo de <strong>Pamplona</strong>.</p>

<p>Los más afortunados incluso ahorraban para una <strong>segunda y modesta residencia</strong> en algún enclave turístico, pongamos Oropesa del Mar, Castellón. La mayoría se casaron para escapar del yugo familiar y tener una coartada para cambiar de vida. Y, ya puestos, se quedaron. La libertad de elegir su derrotero vital se perdió por el camino. Trabajar, pagar, criar. Y alcoholes fuertes en fin de semana para ir tirando. <strong>Hubo, sí, quien fue feliz bajo aquel modelo de vida</strong>.</p>

<h2>Nadie confía</h2>

<p>Ese tiempo pasado que fue mejor que Ana Iris Simón coloca en los setenta/ochenta/noventa, grosso modo, yo lo situaría justito antes de la<strong> crisis de 2008</strong>. Ahí se jodió el Perú. Pasando por Estados Unidos y aquella crisis de las subprime, es decir, de cuando los <strong>bancos se liaron la manta a la cabeza</strong> y tenían el grifo más abierto que el de la Antigua Farmacia un viernes por la noche prepandémico.</p>

<p>Luego todo cambió. Entraron los departamentos de riesgos. El-jefe-de-todo-esto, como en la película de Lars Von Trier. <strong>Se acabaron las hipotecas</strong> a quien pudiera necesitarlas y poco a poco se fue gestando aquel lema quincemero tan duro como certero: «No tendrás casa en tu puta vida». Las hipotecas eran para quienes podían permitírselas. Aquellos que tenían la entrada y, sobre todo y más importante, la capacidad de demostrar esa solvencia. Nóminas. Puestos de <strong>empleado público</strong>. Una vida laboral más dilatada que la de Richard Vaughan. Justo todo lo que contrario que las Ana Iris Simón del mundo, con menos de treinta años y <strong>trabajos precarios</strong> como guionista o así, dentro de ese epígrafe lacerante a la que la<strong> Agencia Tributaria</strong> aún nos relega a los periodistas: pintores, escultores, ceramistas y artesanos.</p>

<p>Conozco bien la ‘cobra’ que te hace un banco cuando vas a pedirle una hipoteca. Yo mismo padecí de esos desprecios cuando, cercado por las deudas de la reforma de<strong> un piso que pude adquirir vía herencia</strong> (la única solución real a los problemas de jóvenes y no tan jóvenes), recibí una tras otra las negativas de todos los bancos de España a mi solicitud de préstamo hipotecario. Solo contratando los servicios de una consultora logré que una financiera privada me confiara tal cantidad, con el peaje, claro, de unos intereses draconianos (9,9%) que aún soporto y lo que te rondaré morena.</p>

<p>Lo dice un personaje de Amores torcidos, de Recaredo Veredas: «Qué tiempos estos, en que ni sirven los enchufes». <strong>No sirve la confianza</strong>. Da igual que seas una escritora brillante y una guionista reconocida, como ha demostrado Ana Iris Simón, así como la <strong>capacidad efectiva de pagar las cuotas</strong>. Nadie da un duro por ti, a pesar de esas publicidades tan engañosas en favor de los autónomos: «¡Gracias valientes!».</p>
Y el <strong>gobierno presuntamente socialista</strong> no hace nada por evitar que cada caso no solo sea rechazado por el departamento de riesgos de la entidad financiero de turno, sino que sea considerado directamente un riesgo en lugar de una oportunidad.]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Del 15-M a la Tercera Navarra]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/15m-tercera-navarra/20210518091826366393.html</link>
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  <pubDate>Tue, 18 May 2021 09:19:04 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>El 15M acabó finiquitado del todo con el reciente corte de pelo de Pablo Iglesias, pero nos enseñó que hubo más gente de la que pensábamos capaz de abrazar causas nobles.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Decían que con la entrada al siglo XX se acababa la Historia <strong>pero alguna página que otra se ha escrito</strong>. Eso mismo decía una pandilla de geeks/hackers/nerds que conocí en el ya extinto <strong>Patio Maravillas</strong>, edificio okupado en la calle Pez, en los días calientes que siguieron al <strong>15 de mayo de 2011</strong>, del que se cumple ya una década. «Esto quedará en los libros de Historia, tío».</p>

<p>Acudí una tarde de mayo a aquella especie de ‘<em>gaztetxe</em>’ malasañero y multicolor para asesorarme en cuestiones de seguridad cibernética para aquel proyecto locoide, puro espíritu 15M, que ideé con un amigo y que era como una versión del <strong>WikiLeaks de Julian Assange</strong> pero de andar por casa. Mientras él se ocupaba de destapar fraudes internacionales y ataques a los derechos humanos por parte de gobiernos cruentos, nosotros denunciaríamos que tal pizzería de Chamberí contrataba pinches de cocina por 400 euros al mes, a jornada completa, seis días por semana. Lo anunciaban en InfoJobs de turno, con su dirección y tal, a cuyas señas acudí en calidad de detective precario por aquello de contrastar y tal. «Os van a partir la cara», me advirtió un amigo, no sin un exceso de crudeza que me generó más de una mala noche.&nbsp;</p>

<p>Aquel proyecto <strong>micromegalómano </strong>había surgido antes de que nadie acampara en la Puerta del Sol, aunque puede que<strong> formaba parte de un caldo de cultivo</strong> común que soñaba con cambiar las cosas. Como aquel libro/panfleto, previo al ‘¡Indignaos!’, de Hessel, que se llamó ‘¡Reacciona!’, y que firmaban unos cuantos intelectuales de izquierdas con más credibilidad que los clásicos de la<strong> izquierda gourmet</strong>, es decir, Sabina, Almudena Grandes, Benjamín Prado y cía.&nbsp;</p>

<p>Había algo en el <strong>ambiente que nos llamaba a la acción</strong>. Esa crisis sin fin que cortaba las alas a cualquier horizonte, una clase política lejana y trajeada, un no nos representan, un democracia real ya. ¿Nos representan hoy? ¿Nos han traído la democracia real hoy? <strong>Quizá sea demasiado cruento</strong>, como aquel comentario de mi amigo, responder a ciertas cuestiones.&nbsp;</p>

<p>En cualquier caso, el espíritu que nos sedujo a muchos,<strong> tanto como para comprometernos en algo más que nuestros propios ombligos</strong>, se diluyó. ¿Y de qué iba ese espíritu? Pues de romper las clásicas dicotomías hemipléjicas de las ideologías hasta entonces conocidas y empezar a construir algo distinto. Ahí estuvo la fuerza del primer Podemos, cuando se ofreció como un movimiento <strong>no sectario, integrador, transversal </strong>y demás. ¿Nuestra Revolución francesa? ¿El movimiento que por fin vertebrara a una sociedad y le hiciera sentirse orgulloso de su condición de ciudadano de una patria común? <strong>Embebidos por la ilusión reinante</strong>, algunos, éramos jóvenes, llegamos a acariciar ideas de ese pelo.&nbsp;</p>

<p>Reviso las fotos que hice en los <strong>días posteriores a aquel domingo 15 de mayo</strong> inaugural y me fastidia no salir en ninguna: el selfi no se había inventado. Porque también intuíamos que quizá fuera la última oportunidad de vencer al desencanto por la política y eso sería algo realmente histórico. Nos resistíamos a pronosticar lo que a la postre pasó: que, a excepción de un <strong>Más País</strong> al que aún le quedaría crédito, partidos como Podemos acabaron ofreciendo el más de lo mismo de nuestra historia española más triste, aquella <strong>que es como la morcilla de Burgos</strong>: está hecha de sangre y (se) repite.&nbsp;</p>

<p>Éramos jóvenes y estábamos locos, pero también había gente de todas las edades y, lo mejor, de todos los pelajes. Como si al entrar en esa plaza se tirarán los carnés ideológicos, los prejuicios, las <strong>superioridades morales y los tribalismos cainitas</strong>. Tenía algo de tarde de <strong>toros en San Fermín</strong>. Como aquella vez en que nos colamos en no sé qué campamento de Sol y ayudamos a ordenar las propuestas que tal colectivo había ido recopilando, en infinitas cartulinas. <strong>Sonaba naíf</strong> pero era también una manera de enunciar los problemas.&nbsp;</p>

<p>¿Acaso hoy no hay problemas?&nbsp;</p>

<p>Me gustaba ese proyecto común de juntarse a <strong>enumerar las cosas que se podían mejorar</strong>. Esas asambleas en las que participaba alguien que sabía de algo, micro en ristre, y los demás aportaban también sus ideas. Un volver a la política en sentido literal, es decir, de preocuparse de las cuestiones de la ‘polis’. Yoga significa ‘unión’ y ese debería ser el fundamento de toda política, aunque nos hayamos acostumbrando a precisamente lo contrario.</p>

<p>Pienso, de pronto, en recuperar ese 15M bueno, tan bueno como dicen del colesterol bueno, y aplicarlo a ese ideal, aún por bosquejar, de la Tercera Navarra. En la Plaza del Castillo y con buen vino de la Ribera. <strong>Si Osasuna y los Sanfermines</strong> consiguen unir a los distintos, ¿no podría existir un proyecto político que lo lograra?&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[La Pamplona mágica de Kurtz]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/pamplona-magica-kurtz/20210511081414365562.html</link>
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  <pubDate>Tue, 11 May 2021 08:39:03 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Basta una foto de este enigmático personaje de la Pamplona de los ochenta para rescatar los más bellos recuerdos de una ciudad posible, imaginada, y que la actualidad se aparte</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Era una <strong>figura que aparecía por sorpresa</strong>. En el paseo de Sarasate, detrás de la arquitectura efímera de un teatro de títeres y marionetas checas, por ejemplo, más sofisticadas y evocadoras que las de <strong>Gorgorito</strong>. De cuando en cuando montaban ese tablao en el <a href="/articulo/pamplona/paseo-sarasate-pamplona-paseo-valencia-calle-capital-navarra/20210316193423359643.html">paseo de Sarasate</a>, junto al quiosco de periódicos y chuches, y cómo no subirse a imaginarse espadachín en alguna obra centenaria. «Este es Kurtz», me dijo mi madre y yo me quedé asombrado al estrechar la mano de un señor tan serio que, sin embargo, se dedicaba a cosas de niños. <strong>Pelirrojo y con un corte como germánico</strong>, me recordó al protagonista de un libro que danzaba por casa y que aún no había leído: <em>‘El Principito’.</em></p>

<p>Además de en esos <strong>teatrillos improvisados</strong>, uno podía ver su cuerpo delgado como los alambres que movían sus marionetas en diversos escaparates de la ciudad. Aquello añadía otro elemento mágico al personaje, al colocarse <em>al otro lado</em>. Como si Kurtz estuviera hecho de la misma pasta que los maniquíes, como si viniera de otro reino, de ese Oriente del que llegaban los <strong>Reyes Magos cada 5 de enero</strong>. Porque uno relacionaba esos <strong>juguetes de Purroy</strong> con el mismísimo y lejano Oriente y, Kurtz, que parecía estar en el ajo, debía de tener conexiones con ese mundo fantástico.</p>

<p>Nunca lo vi en el <strong>Gayarre</strong>, cuya foto comparte su autor, <strong>José Castells Archanco</strong>, en el grupo de Facebook de <a target="_blank" href="https://www.facebook.com/groups/156018675851305">‘La Pamplona desaparecida. La Navarra olvidada’</a>. Forma parte también de ese mundo, en efecto, extinto. ¿<strong>Qué fue de él</strong>? Lo pregunta algún comentarista y me lo pregunto yo, aunque en realidad no me interesa la respuesta. Kurtz está bien ahí, en ese teatro de los sueños, en esos escaparates en los que danzaba como un <strong>Nijinsky </strong>de la decoración de interiores.</p>

<p>Otro comentarista dice que tenían un almacén cerca de su casa y que ahí construía sus maquetas y les regalaba juguetes antiguos. Imagino que aviones de hojalata, muñecos de trapo, arlequines y títeres eslovacos. ¿<strong>De dónde venía Kurtz</strong>? ¿Por qué eligió Pamplona? No lo quiero saber. No quiero contaminar con datos, hechos, informaciones, la idea de ese principito centroeuropeo que había encontrado en Pamplona, por la razón que fuera, la razón para instalarse.</p>

<p><img alt="" src="https://navarra.opennemas.com/media/navarra/images/2021/05/11/2021051108375083959.jpg" /></p>

<p>Claro que quizá fuera un artista errante, como <strong>Donan Pher</strong>, que llegaba por junio con su Citröen Bx morado, matrícula de Oviedo, que aparcaba frente a Óptica Alforja hasta finales de julio. A lo mejor, el bueno de Kurtz vivía en invierno en una buhardilla en el barrio de <strong>Malastrana</strong>, Praga, donde fabricaba sus muñecos, con madera de los bosques checos, mientras esperaba, con un dedal de <strong>becherovka</strong>, que llegara la primavera y con ello, su viaje a España. Porque Pamplona quizá se le antojara un auténtico paraíso de luz y expansión comparada con esa ciudad que en diciembre es de noche cerrada a partir de las cuatro, como en una eterna foto de <a href="https://www.20minutos.es/noticia/2761072/0/josef-sudek-fotografia-praga-exposicion-paris/">Sudek</a>. ¿Y si fuera alemán? ¿Austríaco? ¿Polaco como aquellos <strong>Urban, Spasic, Ziober o Trzeciack</strong>? El misterioso Kurtz.</p>

<p><strong>Trueba en Praga</strong></p>

<p>Recuerdo una tarde de invierno, precisamente, en Praga, en la que jugamos a ser también nómadas (que es parte de la esencia del viaje, aunque se haga desde la total turistez). Nos encontramos a <strong>David Trueba leyendo ‘Babelia’</strong> en una cervecería y lo invitamos a sumarse a nuestro grupo (de primos y hermanos). Aceptó amablemente y, mientras cruzábamos el puente de Carlos, se produjo un leve silencio contemplativo. Ahí estaban esas torres picudas, la de la cabecera que da pie la ciudad vieja, ese gótico de ensueño, que uno atraviesa tras haber superado ese desfile quieto de <strong>esculturas sobre el Moldava.</strong> «De aquí viene todo. La magia. La fantasía. Walt Disney lo supo ver bien», dijo David Trueba. Se refería al famoso logotipo, que entonces vimos totalmente praguense, pero también a ese mundo de imaginación que supo llegar al corazón de niños y no tan niños.</p>

<p><strong>Kurtz, el Kurtz, de mi memoria</strong>, me hacía pensar en un Gepetto contemporáneo y esbelto. ¿Habría creado algún Pinocho que cobrase vida por las calles de la Pamplona vieja? Una criatura misteriosa que deambulara con nocturnidad y alevosía por <strong>calles como Dormitalería</strong>, quizá la más mágica de las calles de la vieja Iruña.</p>

<p>De pronto pienso en convertir este particular ‘principito’ que nunca dejó marchitar su particular rosa en materia prima de un relato para jóvenes. Con esa Pamplona mágica de fondo con la que, de niño, me hizo soñar y que hoy a veces reconstruyo en sueños. Qué menos. Evocarlo ya me ha librado de la <strong>ración diaria de antifantasía</strong> y toques de queda, así que gracias..</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Navarra: territorio históricamente feminista]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/navarra-territorio-historicamente-feminista/20210505085942364833.html</link>
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  <pubDate>Wed, 5 May 2021 09:10:35 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Leyendo ‘Siete reinas y media’, de Eduardo Díaz Húder, se confirma una realidad quizá no del todo machacada: en Navarra no hubo ley sálica</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>La ignorancia en cuestiones navarras que nos asola es tal que conviene de vez en cuando paliarla con el único <strong>remedio a ese mal endémico: la lectura</strong>. Por eso me hice con ‘Siete reina y media’, de <a target="_blank" href="https://www.bubok.es/autores/EduardoDiazHuder">Eduardo Díaz Húder</a>, sabedor de que se expondrían con rigor y amenidad cuestiones de nuestro interés, del mismo modo que lleva haciéndolo <a target="_blank" href="/blog/eduardo-laporte/dignidad-novela-historica/20160328234428032943.html">su hermano Javier</a> desde hace décadas. Ahí están ‘Nunca vio muerte tan bella’ o ‘Un puente para el camino’, <strong>todos ellos atravesados de historia de Navarra</strong>.</p>

<p>¿Qué sabemos de las <strong>reinas de Navarra</strong>? Durante años, pensaba que la señora de melenita corta que corona la estatua de los Fueros, vista desde el comedor de casa, era una reina. Blanca, Leonor, alguna de esas. Y es que el callejero no se ha portado bien con ellas,<strong> razón que motivó esa idea interesante pero mal planteada</strong> (es decir, desde la inquina) de colocar a <strong>Catalina de Foix</strong> en el mapa. &nbsp;</p>

<p>¿Qué sería de esos <strong>personajes de leyenda</strong> de no ser por los hoteles que los citan? Sancho Ramírez, Albret (y su dinastía) o la propia Blanca de Navarra. Hoy pensaba, en la ducha, que lo malo de la historia es que es complicada y hay que estudiarla. Con el nacionalismo, en cambio, te la puedes inventar.</p>

<p>El problema de la cuestión navarra, en otras palabras, es su exceso de historia. <strong>Tan vasta es que no pocos han optado</strong> por apuntarse al carro de las fake news peneubildutarras y listo. Y, mientras, nuestra historia se fosiliza.</p>

<p>De ahí que haya disfrutado, entre otras cosas, de los cuadros <strong>contextualizadores que incluye Díaz Húder</strong> en su oportuno libro. Como cuando describe, en apenas un párrafo, la entrada de la casa de <strong>Albret</strong>, a partir de 1483 con la reina Catalina, y cómo hubo quien quiso reivindicar una ley sálica extinguida —al contrario que en Francia— para disputarle el trono, reanudándose la guerra, o guerrica, civil navarra entre <strong>agramonteses y beaumonteses</strong>.</p>

<p>Como también vale su peso en oro el ‘claim’ que dedica a cada una de las <strong>reinas que gobernaron</strong>, en un ejemplo de pionerismo histórico sin parangón, en suelo foral:</p>

<p><strong>Juana I:</strong> Creó escuela para todas las demás.</p>

<p><strong>Juana II</strong>: Tuvo que superar las dudas de ser bastarda.&nbsp;&nbsp;</p>

<p><strong>Blanca I</strong>: Se hundió por obedecer a su padre y marido.&nbsp;</p>

<p><strong>Blanca II</strong>: ¿Ha sido la mayor víctima, de la historia?</p>

<p><strong>Leonor I</strong>: Impidió a Navarra unificar los Reinos Cristianos.</p>

<p><strong>Catalina I</strong>: Perdió el reino de Navarra y su independencia.</p>

<p><strong>Juana III</strong>: Hizo protestante a la católica Navarra.</p>

<p>Los revisionismos históricos son divertidos (en el mejor de los casos). ¿Hay que analizar <strong>ese pasado en clave «feminista»</strong>? Más allá del titular llamativo, lo cierto es que el reino de Navarra tuvo una influencia femenina más que reseñable y de la que se diría que nos hemos olvidado, o que no nos ha interesado mucho. En Cizur Mayor, un colegio público lleva el nombre de<strong> Catalina de Foix</strong>, una de las beneficiadas de la no-ley sálica, y poco más.</p>

<p>¿Qué sabemos, por ejemplo, de <strong>Juana de Albret</strong>? Conocida como Juana III de Navarra y Juana de Borbón, fue la madre del primer Borbón que reinó en París, <em>le bon roi Henri</em>, es decir Enrique III de Navarra y IV de Francia, el del «los domingos, un pollo en todas las ollas de los campesinos». Se sabe que reinó en la Navarra francesa o Baja Navarra, y que la convirtió al protestantismo. Y que encargó <strong>una traducción al euskera del Nuevo Testamento</strong>, que se publicaría en 1571.</p>

<p>Su situación es curiosa, <strong>reina de un territorio pequeño</strong>, posee, sin embargo, media Francia por las cuestiones dinásticas. Eduardo Díaz Húder hace un esfuerzo didáctico y divulgativo para acercarnos a su figura. A la extrañeza que siente por su madre (Margarita de Francia) y el rechazo que le genera su padre Enrique II:<br />
&nbsp;</p>

<p style="margin-left:1.0cm;"><em>«Mi madre es una cosa rara, en estos tiempos. Ella también ha cambiado de sobrenombre, ha pasado de ser Margarita de Angulema, de Francia por ser hermana del Rey, a ser de Navarra por su boda con mi padre. Pero no es rara por eso, sino porque es muy intelectual, habla latín y griego, que ya no se usan, y escribe poesías, ensayos e incluso está escribiendo una imitación del Decamerón, que quiere titular el Heptamerón por constar de siete cuentos frívolos. Le encanta la política francesa, y lo último es que está interesada en problemas religiosos.</em></p>

<p style="margin-left:1.0cm;"><em>Es todo lo contrario al rey mi amado padre, llamado ‘el Sangüesino’ por haber nacido en esta hermosa ciudad que nos quitaron con malas artes. El Rey Enrique II es un hombre primitivo, sincero, rudo y muy propio de esta zona de Pirineos, donde los hombres huelen a sudor, en lugar de perfumes franceses».</em></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Porque, <strong>también nos aclara Díaz Húder</strong> en ‘Siete reinas y media’, la mayoría de las <strong>dinastías navarras tienen nombres franceses</strong> «precisamente, por haber reinas, ya que cada vez que nos casamos empezamos a constituir una nueva dinastía con el nombre de nuestros maridos».</p>

<p>O sea, que ellas cortaban el bacalao, <strong>hasta que su identidad se diluía en la nueva dinastía</strong> que traía el consorte varón. ¿O no? ¿Fue <strong>Navarra </strong>el territorio más avanzado en cuando a empoderamiento, nunca mejor dicho, de la mujer? Lean el libro de Díaz Húder y debatamos. Merece la pena.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Anatomía de una rueda de prensa (antisanferminera)]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/anatomia-rueda-prensa-antisanferminera/20210426141423363955.html</link>
  <comments>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/anatomia-rueda-prensa-antisanferminera/20210426141423363955.html#comentarios-363955</comments>
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  <pubDate>Mon, 26 Apr 2021 14:21:07 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[El alcalde Enrique Maya comunica la decisión consensuada de cancelar los Sanfermines sin ofrecer ningún caramelito que mitigue su ausencia.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Me levanto sin excesivos madrugones (son malos para la salud) y al entrar en Twitter me doy de bruces con<strong> Enrique Maya</strong>, alcalde, que comunica a través de Navarra Televisión lo que a ningún alcalde de Pamplona le gustaría comunicar:<strong> <a target="_blank" href="/articulo/san-fermin-2021/sanfermines-suspenso-coronavirus-pamplona-pandemia/20210426101333363929.html">«Me veo obligado a suspender oficialmente las fiestas de San Fermín 2021»</a></strong>.</p>

<p>Y se ha hecho el silencio.</p>

<p>Entiendo que suspender es dejar algo en el aire, en suspenso, hasta la toma de una definitiva <strong>decisión</strong>. Pero no ha sido así, por lo que un <em>speechwriter</em> más preciso habría hablado de <strong>cancelar </strong>los Sanfermines, que es lo que ha comunicado Maya, con una frialdad casi tecnócrata que ha intentado suavizar con la emisión del <strong>video exculpatorio</strong>. «Me ha emocionado».&nbsp;</p>

<p>Sonaba algo cursilongui la música de <strong>‘Piel canela’</strong>, que quiere convencernos de una idea tan bien intencionada como discutible, es decir, que para que los 37 ingresados en UCI no se conviertan en 200 tenemos que renunciar prácticamente a todo o, cuando menos, a los <strong>Sanfermines</strong>.</p>

<p>Claro que tiene razón el <strong>alcalde</strong>, como los miembros del<strong> Consejo de Salud</strong>, como los representadores de la Casa de Misericordia que el propio Maya preside, en los peligros del<strong> efecto llamada</strong>. No tendría sentido, por tanto, la <strong>celebración de corridas de toros</strong> ni de <strong>encierros</strong>. Y es que ha insistido mucho, Maya, en lo del de efecto llamada y hordas de <strong>turistas </strong>con ganas de jarana y lo que surja. Pero, ¿eso implica tumbarlo todo? ¿Minifalda o escote? ¡Ni uno ni otro! A mí me parece una <strong>solución facilona</strong>, porque siempre es más fácil destruir que construir. Ha nacido el <strong>espíritu antisanferminero</strong>.</p>

<p>Una periodista ha preguntado por la <strong>comparsa de gigantes y cabezudos</strong>. ¿Generará efecto llamada allende los mares la salida callejera de <strong>Caravinagre </strong>y la reina <strong>Joshepamunda</strong>? Pues yo diría que no, por lo que en lugar de cancelar/suspender los Sanfermines a machete, con lo que ello tiene de bajonero para los pamploneses todos, se podrían haber buscado lo que ahora llaman <strong>«soluciones imaginativas»</strong>.</p>

<h2>SANFERMINESCOVID</h2>

<p>Porque el alcalde ha anunciado, en la rueda de prensa más triste que se recuerda, una<strong> serie de «actividades»</strong>, de junio a septiembre, con los dineros de esos <strong>Sanfermines </strong>extintos que aún así recibieron el nombre de <strong>SanferminesCOVID</strong>. Llegados a este punto, ¿por qué no llevar a cabo unos <strong>Sanfermines culturales</strong> y mantener viva la llama, el espíritu, sin necesidad de convocar chupinazos masivos ni conciertos multitudinarios?</p>

<p>Retrospectivas de los mejores encierros en la Filmoteca moderadas por Javier Solano y demás expertos, <strong>seminarios sobre literatura y Sanfermines</strong> en la biblioteca de Yamaguchi, <strong>exposiciones de fotografías</strong>, desde Pío Guerendiáin a Enrique Pimoulier pasando por Zubieta y Retegui en la Ciudadela, conciertos de <strong>jotas sanfermineras</strong> con las debidas medidas de seguridad, <strong>castillos de fuegos artificiales</strong> con las medidas ídem, una programación en el <strong>Gayarre </strong>y demás teatros de la ciudad con una programación ad hoc y un montón de cosas más que no se me ocurren porque no formo parte de la <strong>concejalía</strong> en cuestión.</p>

<p>¿Tiene permiso la churrería de la <strong>Mañueta </strong>para abrir o los churros son también improcedentes en tiempos de <strong>pandemia</strong>? ¿Y los bares? Me ha sorprendido que nadie preguntara ni que el propio Maya comentara nada sobre la situación de la <strong>hostelería </strong>para los días (no)sanfermineros, en lo que entiendo significa que siguen las restricciones actuales.</p>

<p><strong>«Esto te tenía que tocar a ti, habría dicho mi madre»</strong>, ha dejado caer, Maya, a modo de chanza entrañable. No sé si estaba el horno para muchos bollos (de Zucitola). Porque la sensación de que se ha tomado el camino más fácil, más perezoso, el del <strong>Sanfermines EZ</strong>, en lugar de haberse estrujado un poco la mollera. Muy por encima, el alcalde ha dejado caer que quizá sigan el ejemplo de <strong>Tudela </strong>y se valore, por ejemplo, sacar a los Gigantes, aunque sea bajo reserva previa y en locales habilitados. «Es una cuestión que valoraremos», ha concluido, en lo que ha sonado a un gran «ya si eso».</p>

<p><strong>«Pamplona va a estar muy viva»</strong>, ha rematado, valga el juego de palabras, sin que nadie osara replicar. Los periodistas allí presentes han asumido, como ranas hervidas, que aún falta mucho, pero que mucho, para abandonar de una vez por todas este<strong> Mordor pandémico</strong>. Anuncian lluvia para toda la semana.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[‘Altsasu’: la serie más triste]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/alsasua-agresion-guardia-civil/20210420084836363230.html</link>
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  <pubDate>Tue, 20 Apr 2021 08:49:25 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Vista la miniserie apoyada por ETB y TV3, solo se me ocurre una conclusión posible: qué deprimente fue todo aquello.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>‘En el nombre del padre’. Recuerdo una emoción hasta la lágrima <strong>viendo esa película, de 1993</strong>, sin tener bien claro quiénes eran los buenos, los malos y si había malos o buenos. Sí que recuerdo un <strong>sentimiento de justicia, o de injusticia</strong>, cometida contra los encausados y cómo el espectador empatizaba con ellos, víctimas de una tropelía judicial.</p>

<p>Nada de eso me ha sucedido viendo los<strong> cuatro capítulos que componen ‘Altsasu’</strong>, la serie dirigida por<strong> Asier Urbieta</strong> para la productora Baleuko, con apoyo de <strong>ETB y TV3</strong>, y que se estrenó en la primera cadena el pasado diciembre. A varios colectivos representados en la película no les gustó esta serie de «ficción social», entre ellos la <a target="_blank" href="https://www.elespanol.com/espana/20201217/indignacion-etb-presenta-guardias-civiles-alsasua-matones/543947055_0.html">Guardia Civil</a>, y tanto PP y C’s denunciaron que dicho <a target="_blank" href="https://www.filmin.es/serie/altsasu#reviews">contenido audiovisual</a> «empatiza, se solidariza y contextualiza la <strong>actuación de los agresores</strong>». Es el famoso <em>relato</em>.</p>

<p>No obstante, ¿ningún producto audiovisual puede <strong>empatizar, solidarizarse y contextualizar a los agresores</strong>? Yo diría que sí y que no es mal ejercicio, de hecho. Pensemos, no sé, en ‘Cadena perpetua’. Por eso me puse a verla. Lo que me parece más delicado de defender es ese tufillo<strong>, ese interés por arrimar el ascua a tu sardina del dichoso <em>relato</em></strong>. La serie acusa en todo momento una sutil pero constante orquestación para que los<strong> agresores te caigan bien, te den penilla</strong>, mientras que se presenta a una Justicia ‘española’ con más tics franquistas que en ‘La isla mínima’. Es una <strong>serie de laboratorio</strong> en la que todo parece estudiado, incluso una cierta neutralidad que en ocasiones sobrevuela, pero que se desvanece en cuanto que se omite el elemento nuclear: los hechos.</p>

<h2><strong>La paliza oculta</strong></h2>

<p>O sea, no vemos el <strong>precioso momento en que unos 15 o 20 chavales vapulean como bestias a dos guardiaciviles y sus parejas </strong>(uno de los policías sufrió <a target="_blank" href="https://www.elindependiente.com/politica/2018/06/06/la-presion-en-alsasua-lleva-a-los-padres-de-una-de-las-victimas-a-poner-a-la-venta-su-piso/">rotura de tibia y peroné</a>), que no se libraron tampoco de la agresión. El director, elegante, dijo: «<em>No hemos ficcionado lo que ocurrió aquella noche; nos parece importante no reconstruir algo que no sabemos cómo fue</em>».</p>

<p>Sostengo que la teoría de que <strong>nos abrazamos más que nunca</strong> (antes de la pandemia), de tanto mandarnos abrazos por las redes y correos electrónicos. De tanto desear el mal para los miembros de la <strong>Guardia Civil </strong>en ese acto siniestro llamado <strong>Ospa Eguna</strong>, finalmente se materializó en la funesta noche del 15 de octubre de 2016. Alde hemendik!</p>

<p>Fuera de aquí! <strong>En mi familia también sufrimos ese hostigamiento </strong>por la ‘desgracia’ de que mi padre fuera francés y empresario. El <em>bullying</em> social que recibimos en el malogrado pueblo batasunil de la cuenca de Pamplona al que íbamos cada fin de semana de finales de los ochenta no era plato de buen gusto. <strong>Mi padre se cansó de borrar las pintadas de GORA ETA de la puerta</strong> y vendimos la casa. Años antes, <strong>ETA hizo explotar una bomba en su fábrica</strong>.</p>

<p>La serie ‘Altsasu’ desaprovecha la ocasión para tender puentes. Hay un ejercicio alambicado de tratar los hechos de una presunta objetividad, con una factura bastante notable, <strong>pero se posiciona del lado de los acusados</strong>. ¿Víctimas? Si bien las<strong> penas de terrorismo</strong> se demostraron excesivas, no fue una «simple pelea de bar» en la que te cascan porque le has pisado el juanete a la novia del macho alfa de turno. Las motivaciones eran políticas: «<em>Os vamos a matar por ser guardias civiles</em>».</p>

<p>Digamos que fue la culminación, espontánea, puede ser, pero <strong>parte de un acoso que mantenía bajo presión a los guardiaciviles destinados en Alsasua</strong>. Una variante de esa socialización del <strong>dolor con que ETA</strong> y sus cómplices nos regalaron durante demasiadas décadas.</p>

<p>La serie, ya digo, en una <strong>operación de maquillaje considerable</strong>, se centra en los excesos judiciales que se puedan haber cometido, insistiendo en la idea de que el Estado, se vista se seda o no, es parte de un <strong>aparato opresor</strong>. O sea, buenos y malos. Gudaris y <em>fatxas</em>.</p>

<h2><strong>«Era mi pueblo»</strong></h2>

<p>Qué triste fue aquello y qué triste ese interés por ver la <strong>realidad siempre desde un prisma</strong>. Y qué desoladora esa respuesta de una de las novias de uno de los guardiaciviles agredidos. Si bien el documental reconoce que realiza una «adaptación» de los hechos, deja claro que el último capítulo, el del juicio y la sentencia,<strong> es fiel a las transcripciones del juicio</strong> y que no se modificó «ni una coma».</p>

<p>En ellas, la pareja, de origen ecuatoriano, de uno de los guardiaciviles, <strong>señala a uno de los agresores</strong>: «Él empezó todo. Si no fuera por él, no estaríamos en esta sala. No puedo dormir, tomo antidepresivos, tuve que irme a Vitoria y tardé en volver».</p>

<p>El juez le pregunta:</p>

<p>—«¿Ha encontrado <strong>solidaridad en Alsasua</strong>?».</p>

<p>—«¿En el que era mi pueblo? No, para nada» —responde ella.</p>

<p>Entonces, miento, <strong>sí se me ha escapado una lagrimilla</strong>. Como si el director fuera consciente de que no podía llevar todo el relato un maniqueísmo imposible. Se cuela entonces ese espíritu que durante demasiadas décadas sobrevoló ciertas geografías. El mismo que el fallecido José María Calleja sintetizó en un ensayo que tituló con la frase que, a su vez, concentraba bien el cinismo sin parangón de aquellos años de asesinatos semanales: <em>Algo habrá hecho</em>. Lo subtituló «odio, muerte y miedo en Euskadi».</p>

<p>Qué<strong> triste lo de Alsasua</strong>.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Chivite está cansada]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/chivite-cansada/20210412234702362517.html</link>
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  <pubDate>Mon, 12 Apr 2021 23:55:06 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>La presidenta asegura en una entrevista&nbsp;que «opera la fatiga pandémica», entre las explicaciones a una incidencia que no acaba de bajar.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Como no tenía cosa mejor que hacer un lunes por la tarde, me puse a escuchar esta larga <a target="_blank" href="https://www.ondacero.es/emisoras/navarra/pamplona/noticias/maria-chivite-precipitado-pensar-que-partir-9-mayo-navarra-estar-cerrada-perimetralmente-prorrogar-estado-alarma_2021041260743405f81be4000182a7b3.html">entrevista</a>&nbsp;en Onda Cero a la <strong>presidenta de la Comunidad Foral de Navarra, María Chivite</strong>. En mala hora, porque lo hice después de comer y no sé si algo de fatiga pandémica o de modorrilla me entró, así que quizá no presté toda la atención para lo que se pretendía una afilada ‘anatomía de una entrevista’.</p>

<p>Bien es cierto que nuestra presidenta tiene un hablar suave, algo narcótico, y que la <strong>mayoría de la entrevista la ocupaba el tema de la pandemia</strong>, cuestión que roza la infodemia, que diría el profesor <strong>José Luis Orihuela</strong>, y que añade más fatiga a la fatiga pandémica que arrastramos. Y si a eso se le suman unas molestias lumbares que me sitúan definitivamente en el estadio de «persona de mediana edad», apaga y vámonos. <strong>Chivite, casi de mi quinta, anda en parecida situación</strong>, al confesar que «empezamos a estar cansados de las restricciones». Y respecto a lo ‘nuestcho’, pues la culpa la tiene la «alta contagiosidad» de la cepa británica.</p>

<p>Personalmente también estoy cansado. De todo en general, y de lo que tiene que ver con las vacunas en particular. Sí, han venido para salvarnos, pero el ruido que se genera a su paso no es medio normal. ¿Quién nos iba a decir hace un par de años que nos íbamos a <strong>convertir en expertos vacunólogos</strong>? El sueño de la información produce monstruos, que diría aquel, porque la cuestión ‘es-trombótica’ de AstraZeneca no solo se nos ha ido de las manos, sino que retrata con nitidez a una sociedad infantilizada a la que los medios de comunicación no plantan cara, sino que alimentan. Para alimentar así sus audiencias y sus bolsillos, pisoteando cualquier ética, la periodística, por ejemplo. <strong>La marabunta manda.</strong></p>

<p>Luego está esa ñoñería personalista de comentar en los foros públicos que a<strong> tu tía abuela, la monja de Pitillas, la han vacunado</strong>, ¡por fin!, o aquello de compartir tus temores ante el evidente pinchazo del vial astrazenequés. He llegado a <strong>leer solemnes y sentidos textos </strong>de padres de familia, rectos dueños de despachos madrileños, en vísperas de tan crucial momento inoculativo, como los enviaran poco menos que al desembarco de Normandía.</p>

<p>Se comentaba de un peluquero de Lumbier que era demasiado amigo de pegar la hebra. Sus clientes, a la pregunta de ¿cómo te corto?, respondían, sin dudar: ¡callado! Pues con las vacunas deberíamos hacer igual. Pínchate y calla. <strong>Como los yonkis de los ochenta en la Chan, barrio confliktivo</strong>. Con música, si eso, de<a target="_blank" href="https://www.youtube.com/watch?v=uKmM8L1-CxM"> jota</a>: Anda y pínchame una veeeeena, si piensas que no te quierooo.</p>

<p>E informar de lo debidamente necesario. Que si llega <strong>Janssen</strong>, con su monodosis, que si se va a hacer un esfuerzo, eso he creído escuchar a <strong>Chivite</strong>, para que la franja 60-100 (años) esté toda todita vacunada para antes del verano. Lo demás, ruido. Y furia. Y fatiga.</p>

<p>Como también me genera fatiga, en este bucle cansino sin fin, el que no se hable de otra cosa. En mi escucha somnolienta, apenas he podido quedarme con apenas ningún otro tema que no sea el zarpazo letal de la covid19.<a href="/articulo/sociedad/coronavirus-navarra-covid19-datos-salud/20210412081940362443.html"> En Navarra, hay ahora 37 ingresos en UCI</a>. Ese dato sí lo he retenido. Mis mejores deseos para todos ellos.</p>

<p>Pero por lo demás, quizá deberíamos salir de esta parsimonia vital que parece que la pandemia ha legitimado. En mi adomercida escucha radiofónica, he creído entender algo de ‘Next Generation’. Me ha sonado como algo molón, no sé, <strong>un programa para incentivar a los jóvenes a desarrollar sus talentos</strong>, a evitar cierta fuga de cerebros o, al revés, a fomentar viajes, salidas, intercambios, proyectos académicos, culturales. Luego, al despertar, he caído en que se trata en realidad de un <a href="https://www.navarra.es/es/noticias/2021/02/03/el-gobierno-de-navarra-aprueba-la-creacion-de-la-oficina-para-los-fondos-europeos-next-generation">programa de canalización de fondos</a> para la recuperación económica. O sea, una cosa necesaria y tal, pero que tampoco te saca de la fatiga pandémica así de ‘repenete’.</p>

<p>Del resto ya no me acuerdo. <strong>Tan cansado estaba que he caído fulminado hacia un sueño profundo</strong> en que no se hablaba de enfermedad, muerte y laboratorios, sino de las mejores novelas de Pío Baroja. Me han dado las mil. Resaca moral. Existencial. Cansancio de lunes. Los que no somos <strong>Chivite </strong>también tenemos días así, con un invierno aún en la chepa y un horizonte con su dosis de incertidumbre y <strong>posibilidad de chubascos</strong>.</p>

<p>Ya falta menos.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Agarrarse a una torrija ardiendo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/torrija-laporte-opinion-navarra-semana-santa/20210406111519361814.html</link>
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  <pubDate>Tue, 6 Apr 2021 11:15:19 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>La proliferación mediática de este añejo dulce sorprendería a cualquier gurú del pasado: su adoración contemporánea se puede leer como reflejo de una sociedad en busca de apegos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Nada menos líquido que una <strong>torrija</strong>, a pesar de la leche que conforma su centro esponjoso. Ningún cráneo privilegiado sospechó del buen momento del que goza esta dulzaina asociada la<strong> Semana Santa</strong>, pecadillo venial gastronómico en esos días de ayuno (limosna y oración) de la <strong>Cuaresma</strong>.</p>

<p>Escribo estas líneas en <strong>Lunes de Pascua</strong>, tras digerir las últimas torrijas que tuve a bien preparar. Quién me iba a decir a mí, hace unos años, que me levantaría pronto un Viernes Santo para calentar leche con canela, azúcar y ralladura de limón, para la posterior fritanga y rebozado en más azúcar y miel que conforma esta receta monjil. Confieso también que, cuando nadie me ve, las puedo cubrir de Nutella, en una marranada que seguro estará castigada por no pocos guardianes de las esencias del buen postre español y cristiano.</p>

<p>Pero la torrija se muestra inasequible al desaliento y ha llegado a salir de su constreñido calendario para aparecer en los menús de las distintas estaciones del año. Rivaliza con el turrón en su vocación de omnipresencia, como demuestra ese tiendón de <strong>Torrons Vicens</strong>, abierto los 365 días del año en pleno paseo del Prado (amén de otro local gigante que tienen en calle Mayor). ¿Puede haber algo más deprimente que vender turrones en <strong>Madrid </strong>bajo la canícula de finales de julio? Quizá despachar helados en la Gran Vía de Bilbao en diciembre, cosa que comprobé en mi última visita, en los tiempos prepandemia (o prepán).</p>

<p>Todo esto me genera un dilema de corte filosófico y me hace pensar en aquello de <strong>Goethe </strong>de que la felicidad está en la limitación. <strong>¿Torrijas todo el año? </strong>En marzo inauguro la temporada de gazpacho y salmorejos, no se me ocurriría preparar esa ensalada líquida en Todos los Santos. ¿Y el helado? Recuerdo como uno de los mejores días del año la apertura de Los Italianos, mi favorita con permiso de Nalia, aunque aquellos helados de «café exprés», servidos al estilo columna salomónica, que entonces nos parecía el colmo de la sofisticación, eran insuperables. No así esos polos de leche o limón, con ese papel pegajoso como todo <strong>packaging</strong> que no variaba desde los años cuarenta; recuerdo también los de chocolate, que se deshacían en una serie de filamentos infinitos, como la cabeza de una seta silvestre.</p>

<p>¡Ah! Y <strong>Nalia </strong>no desaparece, sólo se muda unos metros. Y es que van quedando pocos establecimientos con solera en el paseo Sarasate, con su parte de cementerio invisible de los locales muertos. Dulces Unzué, O’ Connors, Dunkalk, farmacia Cabiró, bar Espada (mítico atajo para ir de San Gregorio al paseo), viajes Vincit, modas Hercal, modas Ascunce, heladería Los Italianos, librería-filatelia Blasco, radio Frías, banco de Vitoria, banco Atlántico, antigüedades Rodríguez... DEP.</p>

<h2>EL MUNDO DE AYER, LA TORRIJA DE HOY</h2>

<p>El mundo conocido se desvanece y asistimos, entre indiferentes y resignados, a su descomposición. Mientras, se debate sobre si el sexo existe, que no el género. Es decir, todo un abanico de identidades acogidas bajo el amable paraguas de ‘lo trans’, que pocos se atreven a denunciar pues en nada te cae el sambenito de fobo/foba. Una amiga contaba en Facebook que ha descubierto con estupor cómo en una <strong>tienda online de material</strong> para el colectivo trans venden penes de plástico en la sección “Para padres de niños trans”. Y dice:<br />
<br />
«No entiendo cómo alguien puede ver ni mínimamente aceptable que se vendan <strong>penes de silicona</strong> de tamaño infantil (incluso a demanda, y os aseguro, solo tenéis que buscar un poco, que hasta a niños de cuatro o tres años hay padres que los declaran trans), para que una niña de 12 o 13 años, perfectamente sana, se lo ponga dentro de la ropa interior y lo cargue todo el día para sentirse a gusto en la sociedad. Y vendernos eso como progreso e inclusión».</p>

<p>En un panorama cada más vez más estridente y excéntrico en el que ciertas <strong>discrepancias </strong>concursan con la etiqueta inmediata de facha o fascista lo más suave, surge el desconcierto. Y una búsqueda de raíces en aquellos elementos entrañables que podrían haber sido tildados de rancios, pero que hasta los <strong>influencers </strong>más descollantes defienden.</p>
La <strong>torrija </strong>como una nostalgia hacia un mundo menos esquizoide, donde aún no se ha perdida esa bonhomía que veíamos en nuestros abuelos, ajenos a todo postureo moderno de saldo. Todo lo que era sólido. La torrija y su actual exaltación como una silente llamada de auxilio. Decía el poeta <strong>Zagajewski </strong>que, ante las críticas de su entorno al sonido de las campanas, él las escuchaba con una oculta delectación: «Me despertaban a una vida más sublime». A falta de campanas, digamos, nos agarramos a una <strong>torrija </strong>ardiendo.]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Lo nuestro era puro teatro]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/nuestro-era-puro-teatro/20210330111217361061.html</link>
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  <pubDate>Tue, 30 Mar 2021 11:18:05 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>El pasado sábado se celebró el Día Mundial del Teatro; algo eclipsado por la urgencia de otras noticias, yo animaría a no relativizar su importancia.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Si fuera ministro de Educación, <strong>modificaría la ley Celaá en lo tocante a los centros de educación especial</strong>. Suscribo lo que dice <a target="_blank" href="https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-10-21/paco-bescos-las-manos-cerradas-entrevista_2798255/">aquí</a> un padre afectado que sabe de lo que habla. Pero, además, trataría de fomentar tres materias: la música, el ajedrez y el teatro. Ahí está todo, resumiendo. ¿Por qué el teatro? Avanzamos hacia un estilo de vida paradójico: por un lado, cada vez más encerrados en casa; por otro, cada vez más sociales, o telesociales. Hay quien <strong>no sabe ensartar dos frases seguidas </strong>en una nota de voz de WhatsApp sin trabarse, irse por las ramas o freírte a chasquidos. (Urge la creación de una Plataforma Antichasquidos: ¿de dónde surge el chasquido en cuanto alguien se sabe grabado? Iker Jiménez, toma nota). El teatro, qué duda cabe, es el mejor entrenamiento para ese yo público tan necesario toda vez que vivimos en sociedad.</p>

<p>El teatro. En Reino Unido es tan común en las escuelas como las matemáticas la geografía. Proyectar la voz, hablar en público, perder la timidez, aprender a domeñar los nervios y el conocido como miedo escénico. Hay dos clases de personas en el mundo. Bueno, unas cuantas. <strong>Los que teclean con dos dedos o los que usan los diez dedos</strong> y sin mirar al teclado. Y los que hicieron teatro y los que no. Tímido extremo, si algo hice bien en la vida —además de dejar de fumar gracias al libro de Allen Carr— fue apuntarme a teatro.</p>

<p>Pusilanimillo de entrada, si entré en esos<strong> potajes escénicos fue gracias a mi novia de entonces</strong>, Carolina Isaacs, espléndida actriz y <a target="_blank" href="https://www.casadellibro.com/libros-ebooks/carolina-isaacs-abril-martorell/20082658">mejor coach</a>, que me contagió la fascinación por aquello de <strong>subirse a un escenario</strong> a soltar textos escritos por otros que a menudo no entendíamos, pero qué magia había en aquello.</p>

<p>Este lunes mismo comía en <a target="_blank" href="https://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g187514-d5796060-Reviews-La_Pitarra-Madrid.html">La Pitarra</a> con uno de aquellos miembros, <strong>José Moncada</strong>, del que fue Prometeo Teatro, pequeño grupo teatral formado al calor de la Universidad de Navarra y su SACYS, pero de grandes ideales, como la propia elección del nombre dejaba entrever. Alejandro Casona, un tal <strong>William Shakespeare, Pirandello, Chéjov</strong>… tampoco éramos humildes al seleccionar las obras que llevábamos a los escenarios que nos salían al paso.</p>

<p>Como aquel <strong>Centro Cultural Navarrería</strong> en el que el funcionario de turno (nunca mejor dicho, de turno de noche), con ganas de cenar su tortillica de chistorra, nos encendió las luces en plan «a la puta kalea» en pleno momento álgido de nuestra chejoviana interpretación. El destino fue amable con nosotros, ya que días después alcanzaríamos las cotas más altas de la escena hiperlocal, logrando el premio de los <strong>Encuentros de Teatro Joven</strong>, que te llevaba a las tablas del mismísimo <strong>Gayarre</strong>. Y hasta te daban pelas, un puñado de miles.</p>

<p>Actuaríamos en el mismo recinto en el que durante tantas mañanas de Navidad aprendimos a soñar, con esas funciones a las que íbamos de niños, entrenando también el músculo de la imaginación y de la empatía. <strong>Porque un espectador de teatro, a diferencia de cierto animal molicioso de pantalla</strong>, pone de su parte, completa la atmósfera, siempre parcial, que la compañía te propone.</p>

<p>De eso sabíamos mucho en Prometeo Teatro, es decir, de hacer de la necesidad virtud… que no siempre alcanzaba las más virtuosas cimas, pero oye, ganas le echábamos. Como ese <em>Rey Lear</em> que convertimos, en un toque <em>Lubistch protofeministoide </em>de Gabi de Pablo, en reina Lear, que encarnó con increíble solvencia Carmela Marco. Como tampoco desmerecía el despliegue técnico que ideamos para suplir los mil y un escenarios que el <em>shexpiriano </em>texto exigía. Gabi estuvo rápido también: <strong>unas diapositivas con distintos paisajes y localizaciones</strong> y a correr. Fuimos la primera compañía en levantar un espectáculo <em>multimedia</em> en la UNAV. Ni Els Joglars.</p>

<p>Aún recuerdo la cara del profesor <strong>Francisco Gómez Antón</strong>, entre absorto y sorprendido, tras las casi tres horazas de espectáculo, en el colegio mayor Santa Clara. Dos ejércitos, uno de Dover y otro de Cornualles, pertrechados con espadas de plástico y escudos de cartón, al son de una grabación, tan épica como desafinada, que <strong>Pablo Juanarena</strong>, hoy líder de audiencia en las mañanas de Radio Marca como <a target="_blank" href="https://twitter.com/elspeaker?lang=es">el Speaker</a>, pinchaba con cara de circunstancias.</p>

<p>Imposible olvidar tampoco los gayumbos fucsias de<strong> Claro de Luna</strong>, orondo y alvino actor andaluz al que fichamos por tan señalados rasgos, ideales para ese papel de <em>Sueño de una noche de verano</em>, de Shakespeare. En un momento dado, al trasluz de los focos, el coro de comediantes asistimos con cierto espanto a la caída de esa lencería fosforescente que contrastaba con aquellas vestimentas helénicas confeccionadas con unas telas que, por cierto, habíamos medio birlado del taller de mi padre. <strong>El moscatel Goya que trasegábamos sin mesura</strong> para aplacar los nervios en las bambalinas de Belagua redujeron el temor a un escándalo entre un público no prevenido. Por suerte, Claro de Luna se coscó y se recompuso diligentemente sus prendas más íntimas y llamativas.</p>

<p>Aunque es probable que la directora de aquel montaje le lanzara una mirada asesina. De eso y más era y es la gran Laura Laiglesia, que ya desde entonces supo que el teatro no sería sólo el mejor almacén de recuerdos y enseñanzas, sino su modo de vida. <strong>Los cientos de alumnos que han pasado por su escuela</strong>, <a target="_blank" href="https://www.butaca78.com/">Butaca 78</a>, en la antigua fábrica de sedas de Marcelo Celayeta, darán fe de ello.</p>

<p>Lo nuestro era puro teatro. <strong>Muchos caímos ahí de casualidad, pero bendita casualidad</strong>. Acción y reflexión que iban de la mano, generando una plenitud que no sabíamos aún que existía. Se queda corto un artículo de mil palabras para mostrar la gratitud por aquellos años, por <strong>aquel grupo cuyos integrantes tampoco puedo citar aquí </strong>como me gustaría y, sobre todo, por aquella pasión tan inesperada como feliz: el teatro.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[No prohíban los ongietorris]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/prohiban-ongietorris/20210323093134360352.html</link>
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  <pubDate>Tue, 23 Mar 2021 09:31:34 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>EH Bildu se empeña en frenar el avance hacia la convivencia en la sociedad vasca y navarra, con una connivencia con el terrorismo que a la larga le debilitará.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo haber tenido una cuadrilla, incluso alguna novia que otra, por el mero hecho de tener cuadrilla, novia. Luego uno veía que no pegaba con esa cuadrilla o esa novia, pero, ah, se estaba bien ahí en ese molde protector. Hasta que se asumía la realidad y se tomaban decisiones. <strong>El mundo proetarra debe haber padecido parecido síndrome de idiocia</strong>, sin dar muestras de caerse, aún, del guindo. Puede ser bonito tener una causa, un enemigo común, unos mártires, una lucha que dé sentido a una vida por lo demás gris, una estética (horrible), un imaginario colectivo... Pero, ¿a estas alturas de la película?</p>

<p>En la <a target="_blank" href="/blog/eduardo-laporte/libro-mas-falangista-deja-fatal-falangismo/20210309091804358689.html">columna de la semana anterior</a>, hablábamos de ese libro clave del falangismo en el que se leen párrafos como este: «…no existe táctica en nuestro abrazo. La táctica es problema intelectual, y el nuestro es golpe de sangre, <strong>arriba de corazones. Igual que todo nuestro ideario: corazón</strong>». O sea, que el movimiento del «muera la inteligencia» se definía desde la pasión pura, que es la receta básica de todos los populismos, los del siglo XX y los de hogaño. Demasiado corazón y poco cerebro.</p>

<p>Que hoy se dedique ya sea un tibio aplauso a un etarra excarcelado, en modo público, nos hace pensar en una falta de inteligencia filoetarra similar a la falangista, y de un obrar no ya movidos por el corazón, sino por la bilis pura.<strong> Porque hay que tener el alma muy en las vísceras para recibir en olor </strong>(<em>olorazo</em>) de multitudes a tipos como José Javier Zabaleta, ‘Baldo’, con un currículum siniestro de cuatro guardiaciviles masacrados y un tipo que tomaba algo en el bar Haizea de Zarautz. En Hernani se le brindó una bienvenida hace un par de años como si fuera el mismísimo Braveheart.</p>

<p>En el documental <a target="_blank" href="https://www.filmaffinity.com/es/film721279.html">‘De Echevarría a Etxebarria’</a>, uno de los entrevistados, afín al entorno <em>abertzale</em>, reconoce que buena parte del espíritu etarra se forzó en «charlas de taberna». ETA como un movimiento (herriko)tabernario de vinazo. El Estado de Derecho y el<strong> acoso policial acabaron con ETA</strong>, sí, pero de no ser por el rechazo social aún nos desayunaríamos cadáveres inocentes en la acera. Porque el mal siempre encuentra resquicios por los que colarse.</p>

<p>Por eso, a pesar del daño moral que inflige a las víctimas, quizá sea mejor que estos actos aberrantes no desaparezcan del todo y se sepa quién los auspicia, quién los sostiene, por si no estuviera del todo claro, es decir, <a target="_blank" href="https://www.elcorreo.com/politica/bildu-desmarca-iniciativa-20210312213442-nt.html">EH Bildu</a>. La exposición del horror nos hace reaccionar ante él, aunque el temor a manifestarse en contra imponga una cierta omertá. Como las imágenes de los cadáveres famélicos y amontonados de las víctimas de Auschwitz nos vacunaron para <strong>siempre contra cualquier tipo de negacionismo o blanqueamiento del cruento delirio nazi.</strong></p>

<p>Por eso pediría a las víctimas que aguanten estoicamente esa «humillación», como han denunciado hasta la saciedad desde la AVT, porque los últimos serán los primeros y los mansos heredarán la Tierra, que dijo un tipo de barbas hace dos mil años. <strong>Esa falta de empatía, ese jactarse de la barbarie sin consideración con el daño realizado,</strong> sólo podrá volverse en su contra. Como la pusilanimidad ética de aquel portavoz de EA que aseguraba que sólo se trataba de muestras de cariño hacia el preso que vuelve a casa (por Navidad). ¿Es necesario movilizar a todo un pueblo, bailar aurreskus y engalanar toda la localidad para recibir al, abro comillas, gudari de turno?</p>

<p>Euskal presoak, etxera! Se ha demostrado que al<strong> entorno etarroide les das un motivo y te arman un polvorín</strong>. Aún recuerdo las ominosas voces del «¡Policía asesina!», en las concentraciones de familiares que exigían derechos a cara de perro para quienes no los respetaban. La dispersión de los presos quizá sea el único argumento que les llene la boca a estos militantes de la bilis. Nostálgicos del crimen que se resisten a abandonar su fúnebre ideario una vez el tiempo les ha dado la espalda. Yo no les daría motivo alguno para la reivindicación. Que quieren cuajada servida en kaiku en sus menús carcelarios, ¡concedido!</p>

<p>Dejemos que ellos mismos se vayan quedando solos en su danza macabra, en su patético akelarre de autoinmolación mientras la sociedad, con su silencio digno, con su mansedumbre heroica, los va arrinconando poco a poco. <strong>Llegará un día, luminoso, en el que hasta el etarrilla más contumaz se mire al espejo</strong> y se pregunte: ¿cómo pude ser tan gilipollas? Entonces empezará la verdadera convivencia.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Animales de pandemia]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/animales-pandemia/20210316101551359533.html</link>
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  <pubDate>Tue, 16 Mar 2021 10:15:51 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Nunca imaginamos que generaríamos tal resistencia ante una adversidad de este tipo. Pasado un año desde que cambiara todo, no sabemos si somos mejores o peores, pero desde luego diferentes.&nbsp;</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Este lunes, el sol madrileño pegaba con una fuera inusitada por la avenida de la Albufera. Me hizo pensar en los testimonios de los espeleólogos de <a target="_blank" href="https://www.rtve.es/alacarta/audios/nomadas/nomadas-krubera-voronya-descenso-abismos-13-03-21/5817498/">Krubera-Voronya</a> en los que contaban cómo les cegaba la luz tras volver al exterior. Porque el ojo se aclimata a esa <strong>oscuridad inclemente de la cueva más profunda de la Tierra</strong>, donde además de la negrura y las temperaturas heladas cae agua constantemente y hay que atravesar galerías inundadas (sifones) para seguir avanzando en la expedición hacia las cumbres invertidas.</p>

<p>Pienso en un <strong>espeleólogo como Sergio García-Dils</strong>, que ha vivido, en total, más de un año en esa profunda oscuridad, cuando nos hablan de salir de la zona de confort. Porque el estado de alarma en el que aún vivimos también ha tenido para muchos algo de entrar, por paradójico que suene, en una particular zona de confort. La incómoda zona de confort.</p>

<p>O sea, una cueva abjasia en la que no hay que atravesar sifones ni hacer rapel en el vacío más absoluto, sin saber si uno tocará suelo o volverá para contarlo, aunque la sensación de opresión haya sido, para muchos, parecida. Sobre todo, <strong>para aquellos que tuvieron la desgracia de perder un ser querido</strong>, uno de las ochenta mil personas que no volvió a ver la luz, pues este año ha tenido también mucho de penumbra. Pocas primaveras más esperadas que la que está al caer, como nos demuestran los <a target="_blank" href="https://www.jardineriaon.com/pyrus-calleryana.html">perales ornamentales</a> que estos días vemos más tupidos que nunca. &nbsp;</p>

<p>Nos hemos convertido en animales de pandemia cuya resiliencia, con perdón, nos podría llevar a aguantar uno, dos, tres años más, si no hubiera más remedio y si se nos dosificaran las malas noticias como ahora. <strong>Hemos desarrollado músculo para vivir en la incertidumbre</strong>, que, dicen los que han padecido un secuestro, es lo peor de ciertos trances. Como la enfermedad y su final no escrito.</p>

<p>¿Cómo será <strong>volver a la vida normal, superada esta</strong> —lo siento, pero el binomio me pareció realmente acertado—, <em>nueva normalidad</em>? La clase política, ora en Murcia, ora en Madrid, parece empeñada que <em>lo normal</em> sea lo raro. Lo raro es vivir, tituló Carmen Martín Gaite. ¿Prosperaría una moción de <strong>censura <em>antichivitil </em>en Navarra</strong>? Mi desconexión con la política de Foralia me impide responder a la pregunta. Abro debate, que se dice.</p>

<p>De los primeros días de aquel estado de alarma confinatorio que tenía algo de <em>thriller </em>inesperado, recuerdo sobre todo la cadena de la puerta echada a perpetuidad, ya fuera mañana, tarde o noche. El mundo exterior, abolido por el BOE. Un pasar los días <strong>como cuentas del rosario que nos descubrió una rutina nueva</strong>. La de la responsabilidad individual y la del encierro, por otra parte forzoso, ya que la vida, tal y como la conocíamos, había quedado suspendida hasta nuevo aviso.</p>

<h2><strong>Los nuevos Sanfermines</strong></h2>

<p>Hemos hecho callo para lidiar con una vida social reducida a la mínima expresión y, en Navarra, para prescindir, hasta anteayer, de un estilo de vida unido al bar. Hubo que asumir que los Sanfermines quedarían pospuestos también <em>sine die</em>, pues este año no se sabe aún si volverán a danzar los gigantes por la calle Mayor. A Enrique Maya, alcalde, yo le animaría a buscar soluciones imaginativas para dar con un equilibrio entre celebración multitudinaria y páramo vital. <strong>Como animales de pandemia que somos</strong>, tenemos nuestro punto débil. La tendencia a no-hacer, a sumirnos en una desidia disfrazada de virtud, creyendo que así acortamos el viaje a la salida de esta cueva. Pero a veces toca hacer. Sobre todo, si va en el cargo.</p>

<p>Si hay fútbol a puerta cerrada, ¿no es posible celebrar corridas de toros sin público? ¿Se prestarán a ello los toreros? La imagen de un matador corneado sin nadie que grite ayyyyy se antoja inverosímil. O que corte dos orejas sin que las <strong>peñas aporten el toque jaranero a la consiguiente ovación y vuelta al ruedo</strong>. Un hacer realidad las fantasías gráficas (Photoshop mediante, ojo) de Ignacio Pereira (pincha <a href="https://www.elespanol.com/toros/20181015/profecia-talavante-ignacio-pereira-fotografo-soledad/345716025_0.html">aquí</a> y lo entenderás) que quizá no satisfaga a nadie. ¿Y encierros con corredores debidamente acreditados, ahora sí, para ello? Quizá sean los mejores encierros con que pudiéramos soñar.&nbsp; &nbsp;</p>

<p>El animal de pandemia en que nos hemos convertido ha desarrollado, ya digo, <strong>capacidad para pasar meses sin pisar un bar, ir a un concierto</strong>, salir de sus limites amurallados por el perimetraje sanitario, además de vivir en un ay constante por la salud de los familiares en grupos de riesgo. Por todo ello, es fácil abrazar la inercia de cierta molicie, hartos de cargar con ese peso. Como si hubiéramos renunciado a vivir.</p>

<p>Un año de confinamiento más o menos severo, de vida en suspenso, de limitaciones de nuestra libertad que,<strong> en el mejor de los casos, habrán ampliado la capacidad</strong> de convivir con nosotros mismos. De ir a las profundidades de ese ser desconocido, quizá hasta hace un año, que éramos cada uno de nosotros. «Para escribir hay que ser minero de uno mismo», decía, precisamente, José Luis Sampedro,<strong> siguiendo con los símiles espeleo-lógicos</strong>.</p>

<p>El animal de pandemia ha aprendido que, <strong>como canta Moustaki, nunca estará solo</strong> porque siempre le quedará su <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=R0WbDTusbhk">solitude</a></em>. Quizá, en el mejor de los casos, haya asumido también que el hecho de estar vivo es ya motivo de celebración. A pesar de la clase política, a pesar de todo.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[El libro más falangista deja fatal al falangismo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/libro-mas-falangista-deja-fatal-falangismo/20210309101804358689.html</link>
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  <pubDate>Tue, 9 Mar 2021 10:18:04 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Vuelve a la palestra literaria ‘Eugenio o proclamación de la primavera’, que el escritor pamplonés Rafael García Serrano escribió en plena guerra y que evidencia sin quererlo los instintos violentos de este movimiento</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuidado con ciertas ‘libertades de expresión’ como las que defienden sin ambages las llamadas a<strong> masacrar guardiaciviles de ese <a href="/articulo/sucesos/incidentes-pamplona-pablo-hasel-rapero-izquierda/20210221105614356653.html">gallito llamado Pablo Hasél</a></strong>, cuya toxicidad oral ya se ha traducido en no sé cuántos días de<strong> destrozos urbanos en Barcelona</strong>. Parecida ‘libertad de expresión’ empleó José Antonio de Rivera un 29 de octubre de 1933 en el madrileño Teatro de la Comedia, en el <strong>discurso más patético y anticristiano</strong> que se recuerde. Porque si Jesucristo nos invitó a poner la otra mejilla, José Antonio exhortaba, nítidamente, a matar. Con toda la chulería de la que era capaz, por mucha poesía que hubiera leído, como quedó recogido para la historia:</p>

<p style="margin-left:1.0cm;"><em>«¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria».</em></p>

<p>Un discurso incendiario que<strong> encandilaría a una buena parte de una población</strong>, eso sí, desencantada previamente, porque un bosque no arde si no se ha desecado convenientemente. Y entre esos encendidos oyentes se encontraba un muchacho de <strong>Pamplona </strong>que quedó cautivado por aquel hombre «de indudable atractivo y verbo electrizante», por el que ingresaría en <strong>Falange </strong>pocos meses después. <strong>Rafael García Serrano</strong> (Pamplona 1917-Madrid, 1988) tenía apenas 16 años cuando escuchó a aquel «César Joven», para quien escribiría la novela que nos atañe, ‘Eugenio o proclamación de la primavera’, redactada a lo largo de la guerra y publicada en 1938 y que ahora ha rescatado como curiosidad histórica la editorial <strong>Almuzara</strong>, con diversos paratextos que sitúan la obra.</p>

<p>Quizá por ello cayó en manos del veterano editor <strong>Constantino Bértolo</strong>, que lo elige entre otros 54 títulos de la literatura española del siglo XX para su reciente ensayo ‘¿Quiénes somos?’ (Periférica). No sale bien parado el libro del autor de ‘Plaza del Castillo’, no tanto por divergencias ideológicas (Bértolo es muy de izquierdas, resumiendo), como por un estilo afectado de la «cursilería violenta tan propia de aquella Falange joseantoniana». &nbsp;&nbsp;</p>

<p>En su descargo diremos que su autor<strong> tenía 20 años cuando la escribió</strong>, con la fiebre inicial de entregársela al mismísimo José Antonio, preso en la cárcel Modelo. Pero acierta Bértolo al señalar ese maridaje imposible entre los arrobamientos líricos de primavera en riberas sensuales y mitológicas y la apología de la violencia más barriobajera en este ‘Mein Kampf’ de bajos vuelos.</p>

<h2><strong>Ideales, pocos</strong></h2>

<p>Desprejuiciado que es uno, <strong>me acerqué a este texto con la expectativa de encontrar</strong> al menos unos ideales que hubieran dado gasolina a los acontecimientos que siguieron, pero ideales al cabo. Y lo que he encontrado es un pistolerismo juvenil que aparece a la mínima ocasión, albardado de poesía precipitada y, eso sí, una voz andarina y experimental, inspirada a ratos por lo atrevida, que me ha recordado al surrealista, y coetáneo suyo, Agustín Espinosa. Quizá también por las pullas a dicho movimiento artístico que se leen: «El surrealismo, como el opio y el whisky, es burgués».</p>

<p>Porque, y esto es bastante divertido, el falangista se sentía distinto a la convención burguesa, y gusta de alternar con obreros y lucir una camisa azul que se dice revolucionaria. Y sindicalista. Excusas, en cualquier caso, para liarse a tiros, en un <strong>plan muy parecido a quienes cogerían su testigo</strong>, a partir de los años setenta, bajo las siglas de ETA.</p>

<p>Porque los únicos ideales que se dejan caer en este texto peculiar son los de recuperar el esplendor imperial español, que llegan enardecidos tras una excursión campestre a San Lorenzo de El Escorial. La ingesta del clarete de Olite (sic), «vino cortesano» que el protagonista y su amigo Eugenio disfrutan desde la silla de Felipe II, con la majestuosa visión del monasterio, les infundiría esos vientos de cambio. Se aprecia un rechazo a la situación de <strong>aquella España republicana</strong>, pero la novela no ahonda en las razones de ese desencanto. El libro, en esa mezcla inefable de lirismo y mala uva, acaba dando razón a los estereotipos más predecibles sobre estos cachorros del fascismo que alguna vez han querido vendernos como talentudos letra-heridos con testosterona de más.</p>

<h2><strong>Pedagogía de la pistola</strong></h2>

<p>El texto legitima la violencia como <strong>una suerte de acceso a la verdad</strong> (no olvidemos que en los siete niveles de conciencia, el del guerrero es el más básico) en las palabras del tal Eugenio, que a ratos parece un etarrilla de medio pelo: «Uno se lo explica todo cuando dispara el primer tiro». Porque se da por hecho que tiene que haber un primer tiro, como hay un primer polvo o un primer viaje en avión. Eugenio, basado en un Eugenio real (Eugenio Lostau Román), <strong>no tiene pudor al soltar frases como</strong>: «Cuando apreté el gatillo para tumbar al comunista que me ofendía, había recorrido ya la vida inverosímil». Como tampoco se ruborizó su autor, <strong>Rafael García Serrano</strong>, al realizar ese retrato tan matonil de su compañero de lucha y alma, o publicar tal cual el texto en la segunda edición, de 1945, o en aquella que vio publicada aún en vida, la Planeta de 1982, seis años antes de morir.</p>

<p>Eugenio, tan primaveral y<em> joseantoniano</em>, insiste en una carta en la «pedagogía de la pistola», para acabar con aquella «ridícula figura que me amenazaba con la navaja». No hay sentimientos de ‘grandeur’ imperial cuando se fulmina a ese rival, <strong>sino un gansterismo de poca monta</strong> que es el retrato que te queda de esa Falange obscena, pueril y de una nostalgia anacrónica, como queda patente con las críticas a los nuevos bulevares de San Sebastián. «La civilización pacifista —la del progreso indefinido— lo subordina todo a la higiene y los ensanches», dice Rafael, que también se llama la voz narradora, sin abandonar su tono entre altivo y faltón. Y aquí, en esa defensa de las antiguas murallas, podemos encontrar no obstante un romanticismo interesante, en cuanto que rechaza la <strong>posmodernidad hiperpráctica venidera</strong>, que podría dar para debate.&nbsp;</p>

<p>Hace bien la editorial <strong>Almuzara </strong>en recuperar este curioso documento. Pocos testimonios más reveladores para confirmar lo que los <strong>estereotipos como de peli mala española </strong>venían apuntando, es decir, que <strong>Falange </strong>era una panda de matones.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Cuando fui ludópata]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/cuando-fui-ludopata/20210302092119357663.html</link>
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  <pubDate>Tue, 2 Mar 2021 09:21:19 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>La mitad de los adolescentes navarros le pega a las apuestas deportivas; además de ilegal, no deja de ser preocupante</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Un estudio de la <strong>Fundación Caja Navarra</strong> —ese vestigio de lo que fue en su día una entidad saneada, antes de que cuatro iluminados se la cargaran— arroja un dato arroja un dato que genera cierto alipori. El 48 % de los <a href="/articulo/sociedad/juegos-azar-navarra-apuestas-deporte-ludopatia/20210225120534357158.html">jóvenes navarros de entre 13 y 15 años reconoce haber jugado a las apuestas deportivas</a> en el último año. Teniendo en cuenta que en estos estudios realizados a partir de encuestas se miente más que habla, el <strong>dato real podría subir al 66’6 %</strong>, con lo que podríamos aventurar que dos tercios de los jóvenes navarros son carne de cañón de ludopatía.</p>

<p>Como si no hubiera suficientes riesgos en estos tiempos líquidos, hiperconectados, nebulosos,<strong> habría que sumar ahora este tipo de tentaciones</strong> a ese territorio comanche que es la primera juventud. Etapa crucial en el desarrollo del chaval, todo se forja en esos años cruciales. Es entre los 13 y los 17 cuando los jóvenes se exponen al <em>bullying </em>en sus versiones más crudas, pero también al despliegue de las <strong>distintas manzanas del Paraíso</strong> que aceleran, vía atajo, el paso de la infancia a la madurez. Tabaco, drogas blandas, drogas duras, alcohol y juego. La prostitución, al menos en mis tiempos, no se estilaba. Aunque sí teníamos un compañero, aún en el colegio, que se enorgullecía de ser un consumidor habitual del<strong> oficio más antiguo del mundo</strong>.&nbsp;</p>

<p>Vivíamos rodeados de las <strong>pasiones tóxicas de mayor voltaje</strong>. Muchos se quedaron tocados para siempre. Llegaban a trapichear y su dieta de estupefacientes no envidiaba en nada a la del Maradona napolitano de domingo a jueves, que era cuando no competía y se dedicaba a los vicios. Si bien éramos habituales de bares como Los Portales, que inauguramos a edades tan tiernas como los quince años, algunos<strong> supimos esquivar la moda de los tripis</strong>, las pastillas y demás química lúdico-festiva.</p>

<p>Durante los recreos de COU, valga el arcaísmo, <strong>salíamos fuera de los límites de nuestro colegio-fortaleza</strong>, y se estilaban los pinchos de tortilla-mazacote del Danubio, donde echaba chispas una <strong>máquina tragaperras</strong>, la del dragón. Había dos que lo petaban entonces, la del dragón y la de la escalera. Y si me enganché ligeramente a esos «juegos de azar» fue porque tenían algo de juego, es decir, retaban a tu inteligencia y eran algo más que <strong>melones, cerezas y piñas </strong>Jofemar en danza. Claro que dicen los expertos que si alguien se engancha a las maquinitas tiene mucho de culpa el «<em>refuerzo intermitente</em>», es decir, pierdes cuatro y ganas una. La excitación ante esa<strong> quinta partida ganadora</strong>, que sabes que llegará, pero nunca cuando, es lo que genera la segregación de dopamina, endorfinas, serotonina, melatonina y demás mandangas cerebrales del placer.</p>

<p>En nuestro caso se daba, además, la <strong>fundada sensación de que podíamos con la máquina</strong>. Concretamente, la del dragón, en ese <em>doble o nada</em> acompañado de una musiquita desquiciante. Varios compañeros, de los que guardo grato recuerdo y que darían para<strong> novela de Marsé</strong>, habían logrado encontrar el punto exacto en que la melodía coincidía con lo de doble. Desfilaban muchas monedas de cien en aquellos recreos.</p>

<p>Engorilado con el asunto, <strong>decidí investigar yo mismo las posibilidades de ese Eldorado a mi alcance</strong>, y hete aquí que me iba cada tarde, con el uniforme del colegio aún, a un salón recreativo llamado <em>Fort-Knox</em>, quizá por las reservas de oro que almacena dicha base militar. Jugaba alternativamente al dragón y a la escalera, tanto como dar por buenas, económicamente, mis sesiones. El truco del <strong>doble o nada daba gasolina</strong>, pero el verdadero objetivo estaba en el premio gordo, las diez mil flamantes pesetas. Había quien se las había llevado entre mis compañeros. A veces «pitaba». Era cuestión de estar ahí, como Indurain, y que salieran, un, dos, tres, esos <strong>dragones </strong>como de logo de los skates de Steve Caballero.</p>

<h2><strong>SON DIEZ MIL</strong></h2>

<p>Uno se apostaba ahí, en la soledad del juego, <strong>con la cajetilla de Chester y el Zippo bien a mano</strong>, y se pasaba el rato feliz, pero también con la congoja de quien sabe que está alimentando un monstruo. «Cuando me lleve las diez mil pelas, me planto», me dije. Y un martes soleado quizá de febrero, zas, cayeron. Aún recuerdo el <strong>estruendo de aquella lluvia dorada</strong>, con perdón, cayendo sobre el cajetín metálico y el apuro de que me pidieran el carné, siendo, claro, mi uniforme del cole me delataba, un estudiante menor de edad.</p>

<p>Pero nadie me dijo nada en la garita, y <strong>cambiaron aquel botín metálico en dos billetes rosados</strong> de cinco mil, aquellos en que salía Cristóbal Colón con cara de triste. Contento por ese <em>lucky strike,</em> decidí que convertiría el vicio en virtud. Así que, al día siguiente, me acerqué a <strong>deportes Irabia de Conde Oliveto</strong>, que sigue ahí cual dinosaurio deportivo, y me pillé dos pesas de tres kilos. Cada mañana, durante buena parte de mi juventud, realizaba la tabla de ejercicios que incluía.</p>

<p>Nadie supo de mi <strong>efímera adicción al juego</strong>. A nadie conté aquella corta entrada y salida en las inmediaciones de la ludopatía. <strong>Consciente de mi potencial adicción a las adicciones</strong>, corté por lo sano antes de que fuera demasiado tarde. Supongo que, a pesar de mi juventud, algo me conocía a mí mismo. Nunca he vuelto a jugar ni he sentido interés por esos mundos, pero si tuviera un hijo, me mantendría ojo avizor por si le diera por ahí. Y también me cuidaría de dejar que <strong>saliera solo de aquel agujero</strong>, porque esos triunfos íntimos luego te acompañan de por vida. Claro que sí no caí, en ese y otros pozos, fue porque en <strong>mi entorno familiar encontré referentes que me recolocaban</strong>, sin decir nada, en el camino adecuado. No todos tienen esa suerte.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[A Pedro Sánchez no le importan los jóvenes]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/pedro-sanchez-importan-jovenes/20210223101841356910.html</link>
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  <pubDate>Tue, 23 Feb 2021 10:18:41 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Como a sus predecesores, el destino de la juventud y, por tanto, del futuro de España parece traerle sin cuidado</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En Pamplona, teníamos, y tenemos, la <strong>Casa de la Juventud</strong>, cerca de una de las avenidas más tristes y ventosas de la ciudad: la de Galicia. Música, teatro…, a veces nos dejábamos caer por ahí, como jóvenes que éramos en busca de casas alternativas. Recuerdo un concierto de Souvenir, con mucho calor, y que la v<strong>ocalista que nos regalara una frase como de Dalí</strong>, para justificar unos desafines puntuales: «El calor derrite las guitarras».</p>

<p>También estaba el <strong>Instituto de Deporte y Juventud</strong>, en la calle Paulino Caballero, si no recuerdo mal. Y los premios de los <strong>Encuentros a los Jóvenes Artistas</strong>, que tuve la suerte de ganar, allá por 2006, en ajustado pique con <a href="/blog/eduardo-laporte/doble-vida-margarita-leoz/20191119091943298474.html">Margarita Leoz</a>, a la sazón flamante autora del sello Seix Barral. ¿Aún no la han leído?</p>

<p>No menos suerte tuvimos también al lograr imponernos, allá por 2001, en la sección de Artes Escénicas, ¡y actuar en el <strong>Gayarre</strong>!, con aquel incombustible Prometeo Teatro. Qué maravilla.</p>

<p>Recuerdo con gratitud (es de bien nacidos…) la muestra Pop-Rock, uno de los acontecimientos de cada primavera en nuestra primera juventud. (Porque juventudes hay unas cuantas; la primera sería aquella en la que aún no vas a la universidad, <strong>dependes de tus padres y compartes techo con ellos</strong>, fumas a escondidas y lees a los primeros autores serios).</p>

<p>Con el palo musical corrimos peor suerte. Aún recuerdo el bofetón que nos soltó el crítico Santi Echeverría en las páginas del ‘DDN’, tras nuestra actuación en Subsuelo. Void, nos hacíamos llamar. Si bien nos quedaban leguas para sonar igualitos que los <strong>Pixies o los Smashing Pumpkins</strong>, no teníamos ni veinte años y se nos juzgó como si fuéramos Queen en el Live Aid’ 85. Cómo olvidar la escocedura de los integrantes, sobre todo del cantante, al leer aquellos dardos publicados en papel de periódico. Santi, joer.</p>

<p>Aquello lo<strong> ganaban siempre otros</strong>: que si los Ritual de lo Habitual, Greenhouse Effect, Half Foot Outside, Grey Souls y demás nombres rimbombantes de la música extranjera que idolatrábamos: qué vacuos, hay que decirlo más, fueron los noventa.</p>

<p>De todo ello nos enterábamos in situ, porque entonces se hacía bastante vida <em>in situ</em>, o sea, en bares con música en directo, o por lo que leímos en ‘El Bolo Feroz’, o en ‘El Planeta (de la nueva generación)’, fanzines que encontrábamos también en bares (y alguna biblioteca, como la de la<strong> plaza San Francisco</strong>; en aquella época, qué mayor soy ya, mamma mia, en que solicitábamos los libros previa consulta, en <strong>alargados cajones</strong>, de las fichas correspondientes).</p>

<p>Todo esto para decir que, aunque en aquel tiempo la <strong>cultura en Navarra</strong> no es que fuera un constante y pródigo festival de variedades, se podría apreciar una cierta preocupación institucional por los jóvenes.</p>

<p><strong>ESPAÑA SE HUNDE</strong></p>

<p>A escala nacional, yo no veo esa preocupación institucional y sí que veo unas <strong>cifras preocupantes que gobierno</strong> tras gobierno se van pasando, cual patata caliente social, y me refiero al paro juvenil en <strong>España</strong>, el más alto de la Unión Europea.</p>

<p>Bien, vale, está el Injuve. Campos de voluntariado internacionales. Centro Eurolatinoamericano de la Juventud. Premios de periodismo. Erasmus. Cuerpo Europeo de Solidaridad. Carné Joven. Programas de Derechos Humanos y Tolerancia. <strong>Todo eso está muy bien para una capital de provincias</strong>, pero a nivel nacional resulta pobretón. Y es que hablamos, según las cifras de la OCDE, organismo internacional para temas de dineros y progreso económico, de un 41% de paro entre los jóvenes de 15 y 24 años en 2021, casi el triple de la media de los países que integran la citada OCDE, que es del 14 %.</p>

<p>La idea de que un presidente dimitiera con ese estado de cosas. Con esas cifras sonrojantes. Claro que la responsabilidad en los asuntos clave acaba diluyéndose en nuestra España dividida por diecisiete. ¿Qué deciden los <strong>ministerios de educación, agricultura, sanidad</strong>? Pues no mucho. ¿Y si la Transición fue un error? ¿Y si Adolfo Suárez y cía., para ir de guais después de los treinta y seis años de franquismo, se hubieran pasado con el café para todos? ¿Y si hubiera fórmulas de gobierno alternativas, yo qué sé, incluso una República, pero bien hecha y sin sectarios, cosa imposible en nuestro país, que <strong>dotara al país de la fuerza que ahora no tiene</strong>?</p>

<p>Porque <strong>España está hecha un desastre</strong>, desde 2008, pero no lo queremos ver, ceguera esta que ya denunció Ortega y Gasset hace cien años en el prólogo a su ‘España invertebrada’: «Se da a lo insignificante una grotesca importancia y, en cambio, los hechos verdaderamente representativos y esenciales apenas son notados». Y eso a pesar de que la pandemia nos haya puesto las vergüenzas al aire. Basta el dato del <strong>paro juvenil para ilustrar la inanidad del país de los bares y las tumbonas</strong>. Un pueblo que no cuida a sus jóvenes está condenado a la destrucción. Esto lo podría haber dicho Einstein, Gandhi, pero lo digo yo, qué pasa. Autónomo y exjoven al que tampoco el Estado del Bienestar ni el gobierno socialista-podemita le ha echado un cable. Antes la pandemia, solicité una ayuda a la creación literaria, con toda la burocracia que eso conlleva, y jamás se supo. La pandemia pudo con todo. ¿Con los funcionarios encargados de mover un dedo para fallar aquella convocatoria también? <strong>El ministro de Cultura, Rodríguez Uribes</strong>, ni está ni se le espera. Hasta podría haber hecho algo <strong>más aquel televisivo Máximo Huerta</strong>, que al menos ha escrito libros. Esa beca me habría ayudado a escribir por las tardes un libro que, facturas obligan, <strong>escribo a ratitos los domingos</strong>. Pero oui, oui, vive la culture!</p>

<p><strong>Los jóvenes están cabreados</strong>. Algunos salen a quemar contenedores en cuanto se les brinda la mínima ocasión. Pero la mayoría lidia con su frustración bajo la penumbra azulada de Netflix. Porque a veces la desgana vital acaba con el coraje necesario para pasar a la acción. Además, se les exige que sean genios, yutubers, bodelérs y rambós, así como sublimes sin interrupción, ya mismo. Se lo leí <a href="https://theobjective.com/further/jonas-trueba-todo-sigue-tranquilo-obsesionados-buscando-lo-mas-nuevo-creador-mas-joven">aquí</a> a Jonás Trueba, cuando <strong>dice que los jóvenes de su entorno sufren la presión</strong> «por obtener fama y éxito». O sea, frustración al cubo.</p>

<p><em>Forever Young</em>? Y un jamón. Los<strong> jóvenes de hoy quieren ser jubilados</strong>. Y con razón.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Encerrados en "el puto tubo"]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://navarra.okdiario.com/blog/eduardo-laporte/encerrados-puto-tubo/20210216100443356000.html</link>
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  <pubDate>Tue, 16 Feb 2021 10:04:43 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Laporte]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Este febrero se publica ‘Kúbrera-Voronya’, un relato sobre ese alpinismo al revés que es la espeleología y que nos ofrece paralelismos con la realidad en la superficie.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En <a target="_blank" href="https://www.rtve.es/alacarta/videos/somos-cine/apuntes-pelicula-atracos/5780857/">‘Apuntes para una película de atracos’</a> se nos despliega un <strong>Madrid </strong>poco conocido, esa ciudad subterránea a la que podríamos acceder a golpe de tirón de tapa de alcantarilla. Los butroneros se conocen bien ese <strong>mapa alternativo que subyace bajo nuestros pies</strong> y los caminos que llevan no a Roma sino al banco concreto en el que quieren dar el golpe. Como personajes de Francisco Ibáñez, aparecen en la rebotica misma dispuestos a llevarse toda la pasta de esos desprevenidos empleados de banca.</p>

<p>Pisamos la superficie como si debajo no hubiera nada. Miramos al cielo, a veces los<strong> balcones si muestran geranios</strong>, pero obviamos ese universo subterráneo que retrató Edgar Neville en ‘La torre de los siete jorobados’. En esa película se muestra un fantasioso Madrid bajo tierra y en ella participó, con sus pinturas oníricas, Gerardo Lizarraga, el olvidado pintor surrealista navarro de quien están previstas unas conferencias en el Museo de Navarra esta semana y que enlazaría de buena gana si el Museo de Navarra tuviera una web como Dios manda, con sus actividades y su información básica.</p>

<p>Pero volvamos al subsuelo y a ese viaje <strong>no ya a los distintos ochomiles, el K2 en invierno,</strong> sino a la cueva de <strong>Krúbera-Voronya, en Georgia</strong>, que sería el Everest de los espeleólogos, esos escaladores del descenso. Leyendo el libro de<strong> Gonzalo Núñez</strong>, que publica Almuzara con el subtítulo de ‘La conquista de la Tierra’, descubrimos un dato curioso. Si bien conocemos los éxitos de la humanidad en la parte del <em>altius</em>, es decir, ir para arriba, no está tan claro cuánto hemos ido para abajo. (Y esto parece una canción de reguetón).</p>

<p>Leyendo ‘Krúbera-Voronya’ y las andanzas del <strong>espeleólogo Sergio García-Dils</strong>, aprendemos que la lucha por conquistar esas cumbres invertidas apenas ha superado los dos kilómetros de longitud, una cuarta parte de un ochomil cualquiera. Fue precisamente a principios de siglo, apunta el autor, con la conquista de la cota -2000, en la misma Krúbera, lo que dio inicio a «la era de las supercuevas».</p>

<p>Aventureros de todo el mundo, como en su día acudían al Far West excitados por la fiebre del oro, se dan cita ahora en los remotos parajes de la región de Abjasia, en Georgia, epicentro del camino hacia el Hades, en esa ruta tan poco perforada si tenemos en <strong>cuenta que la Tierra tiene un radio medio de 6500 kilómetros</strong>. ¿Cuál será el siguiente récord? Las cumbres tienen un techo; el del viaje al centro de la Tierra es insondable. &nbsp;</p>

<p>Ignorante en temas espeleológicos hasta esta inmersión, <strong>nunca mejor dicho, en la obra de Gonzalo Núñez</strong>, entiendo ahora el afán de tantos expedicionarios en llegar donde nadie llegó, en este caso, en dirección a la endosfera o núcleo terráqueo. Conquistados los polos hace más de un siglo por los Amundsen y compañía, alcanzadas todas las cumbres de la Tierra, quedan gestas oblicuas, como subir el K2 en invierno, con los riesgos que eso implica, como <a href="/blog/eduardo-laporte/subir-k2-invierno-reto-locura/20210119170259352720.html">comentamos hace poco</a>.</p>

<p>Uno de esos aventureros de lo profundo es el sevillano <strong>Sergio García-Dils, ‘recordmen’ de la era de las supercuevas</strong> que llegó a vivir dos meses bajo Tierra, en una gesta que explica lo penoso de esta lenta conquista del mundo subterráneo. Una vida en oscuras, sumergido en agua, en campamentos precarísimos a los que se llega tras superar, a buceo, galerías anegadas, completamente embarrado y soportando fuertes corrientes de aire las 24 horas de un día que es noche. Casi nada.</p>

<p>Y, como epítome de todo ello, «el puto tubo». <strong>Cuarenta centímetros de diámetro</strong> con forma de siniestro tambor de lavadora en el que aquellos espeleólogos que protagonizan el libro, entre los que se encontraba el sevillano García-Dils, estaban dispuestos «a morir en bloque». En su ruta hacia el nuevo récord, tenían que vérselas con esa oquedad infame, llena de estrías, por la que nadie había pasado antes, y que además de angustia ofrecía la incertidumbre. ¿Acabará algún día? No había plan B, en cualquier caso, así que el grupo de seis temerarios saltó al vacío. Sólo a la postre calibrarían el reto: trescientos metros de gatera, toda una torre Eiffel de tortuoso camino en el que no se contempla un cierre imprevisto de la galería, ni la muerte accidental de ninguno de ellos, pues taponaría cualquier tentativa de regreso. <strong>O una crecida del agua</strong>, que los ahogaría a todos sin clemencia.</p>

<p>«Yo ahí no me meto», había dicho en su día el aventurero Jesús Calleja, que en esos mismos pagos viviría los días más angustiosos de su carrera.</p>

<p>Pero <strong>Sergio y su tropa sí lo hicieron</strong>. Atravesaron ese «puto tubo» y ensancharon aún más los límites de la superación del ser humano. Pasado el mal trago, bautizarían aquella angostura de un modo más poético: el Camino del Sueño.</p>

<p>No se me ocurre mejor imagen para ilustrar esta época que <strong>nos ha tocado vivir</strong>. Un puto tubo, precedido de coprolitos, es decir, mierda congelada y fosilizada, que sin embargo no tenemos otra opción que atravesar. No hay plan B. Sólo internándonos en él veremos la luz al final de nuestro particular túnel, aunque nos hallemos en las oscuridades abisales más cerradas. Ya estamos más cerca, pues,<strong> de convertir esta pesadilla en un sueño más luminoso</strong>.</p>
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