POLÍTICA

El escritor Félix Ovejero critica en Pamplona la "tiranía del nacionalismo" y cómo la izquierda la ha asumido

Félix Ovejero en su conferencia con Sociedad Civil Navarra
El autor participó esta semana en un acto de Sociedad Civil Navarra

Félix Ovejero ha cargado en Pamplona contra el nacionalismo y contra sus efectos en la democracia española durante un acto organizado esta semana por Sociedad Civil Navarra. El economista y profesor de filosofía política presentó su último libro, La invención del agravio. Nacionalismo y crisis de la democracia española, en una intervención en la que ha cuestionado desde el papel de la izquierda hasta las políticas lingüísticas y el modelo autonómico.

El autor defendió en Pamplona que el nacionalismo ha levantado un relato basado en el agravio y sostuvo que buena parte de la izquierda ha contribuido a difundirlo. En su opinión, esa dinámica ha debilitado la igualdad, ha dañado la cohesión y ha favorecido una visión antidemocrática de España.

Félix Ovejero, premiado con el Premio a la Tolerancia en 2012 y conocido por su trayectoria intelectual crítica con el nacionalismo, recordó durante el acto su paso por editoriales de izquierda como El Viejo Topo. Según explicó, ese fue uno de los espacios desde los que trató de “dar la batalla de las ideas” frente a una corriente que considera intelectualmente fácil de rebatir.

El profesor enmarcó esta reflexión dentro de una obra ensayística en la que figuran títulos como Contra Cromañón o Secesionismo y democracia. A lo largo de su carrera, centró buena parte de su trabajo en desmontar lo que llama la “tiranía del origen”, es decir, la idea de que la identidad debe ser protegida, cultivada o defendida de forma permanente.

Uno de los ejes de su intervención fue la crítica a la izquierda y, en especial, a sectores de la izquierda catalana y del entorno del PSUC. Ovejero sostuvo que estos ámbitos han tenido una responsabilidad destacada en la difusión de un relato que presenta a España como una realidad esencialmente antidemocrática.

A su juicio, esa visión ha terminado siendo asumida también por parte de la izquierda española. Lamentó que una tradición política que debería combatir las determinaciones de origen haya acabado abrazando un discurso que, según defendió, representa la antítesis misma del socialismo.

Otro de los puntos centrales de su conferencia en Pamplona fue el rechazo al Estado de las Autonomías. Ovejero lo definió como una respuesta equivocada al llamado problema territorial y sostuvo que, lejos de resolverlo, ha creado incentivos para mantener vivos los conflictos identitarios.

Según expuso, este modelo ha favorecido una recreación continua de identidades y agravios. Por eso, concluyó que si el problema territorial se ha agravado con el paso del tiempo en lugar de mitigarse, es precisamente porque el sistema autonómico no ha funcionado como se esperaba.

El escritor también dedicó una parte importante de su análisis a las políticas lingüísticas, con referencias concretas a Cataluña y al País Vasco. En ese terreno, denunció que la exigencia de lenguas cooficiales como el euskera o el catalán actúa en muchos casos como una barrera de entrada.

En su opinión, ese requisito condiciona la selección de profesionales y crea mercados cautivos dentro de la propia estructura pública. Alertó de que la prioridad del mérito lingüístico sobre otras capacidades puede terminar afectando a ámbitos tan sensibles como la sanidad o la educación.

Durante su exposición, Ovejero citó un estudio comparativo en Cataluña en el que currículums con apellidos castellanos recibían un trato similar al de candidatos extranjeros, pese a acreditar la misma competencia lingüística. También cuestionó que otras comunidades imiten estas dinámicas con la promoción de variantes locales, al considerar que refuerzan la fragmentación.

La crítica del profesor no se limitó al nacionalismo clásico. También puso el foco en lo que denominó la “política de la ofensa” y en la deriva del wokismo dentro de la izquierda, una tendencia que, a su juicio, convierte los sentimientos en argumentos difíciles de discutir racionalmente.

Ovejero advirtió de que este clima fomenta la autocensura, especialmente en ámbitos como la universidad. Frente a ello, reivindicó una izquierda apoyada en la razón, la igualdad y el debate abierto, y alertó de los silencios cómplices que, según dijo, pueden acabar teniendo consecuencias inquietantes.

En otro momento de la conferencia, defendió el imperio de la ley como uno de los pilares de cualquier sistema republicano, también dentro de una monarquía parlamentaria. En ese contexto, elogió el discurso del Rey del 3 de octubre de 2017 por subrayar que nadie está por encima de la ley.

Desde esa base, sostuvo que la deslealtad forma parte del nacionalismo porque su objetivo último es romper la nación común. Según argumentó, esa lógica impide defender intereses generales cuando la política queda dominada por marcos localistas o identitarios.

El autor también analizó el recorrido de varios partidos políticos. Sobre Ciudadanos, recordó que nació del impulso de socialistas desencantados, aunque consideró que cometió errores estratégicos que terminaron dispersando su espacio electoral.

En cuanto a VOX, admitió que ha sabido recoger un voto directo vinculado a la defensa de España, aunque expresó sus reservas sobre algunas de sus ideas, que definió como atávicas. Sobre el PP, criticó sus complejos y su tendencia a asumir marcos ideológicos de la izquierda.

Ya en la parte final del acto celebrado en Pamplona, Ovejero reclamó una izquierda no nacionalista que combata los privilegios de origen y que vuelva a confiar en un Estado fuerte y redistributivo. En su planteamiento, esa sería la vía para garantizar la igualdad efectiva entre ciudadanos.

El profesor cerró su intervención con una cita de Upton Sinclair para explicar que muchos comportamientos políticos responden también a incentivos materiales. Con esa reflexión final, insistió en que la batalla contra el nacionalismo no es solo ideológica, sino también una defensa de la razón, la igualdad y la cohesión democrática.