Lo que Antxon Alonso calla ante el Parlamento: las preguntas sin respuesta sobre Servinabar y las obras públicas en Navarra
Antxon Alonso ha abandonado el Parlamento sin explicar su papel en Servinabar, sin aclarar sus relaciones políticas y sin responder a las preguntas que la sociedad navarra espera que alguien conteste.
Ese arranque ha marcado toda la sesión. Las preguntas han ido cayendo una detrás de otra, y el compareciente ha optado por el silencio. En los pocos momentos en los que ha hablado, lo ha hecho para repetir que “le contestaría muy a gusto” a lo que se le planteaba, pero que no podía hacerlo, o para deslizar que hablará “cuando tenga delante un juez” o cuando se lo diga su letrado. Mientras tanto, ha reaccionado con muecas, sonrisas o negativas con el rostro, y ha dejado a los grupos con la sensación de estar interrogando a alguien que no pensaba mover ficha.
El portavoz de UPN, Javier Esparza, ha empezado con un tono duro, colocando sobre la mesa la idea de que Alonso ha sido citado por ser una figura clave en una presunta trama. En esa línea, le ha pedido que hablara para aclarar “la verdad” y le ha lanzado una pregunta que buscaba retratar el clima de hartazgo: por qué no decía “la verdad” y descansaba. Era una forma de decirle que, si no ocultaba nada, tenía la oportunidad de explicarlo allí, ante los representantes de la sociedad navarra. Alonso no ha respondido.
A partir de ahí, Esparza ha encadenado cuestiones concretas. Le ha preguntado cuál es su relación con Koldo García y desde cuándo se conocían. Le ha preguntado cuándo conoció a Santos Cerdán y en qué momento empezó a tratar con él. También le ha planteado desde cuándo tenía relación con Vicente Pellegrini, director de obras de Acciona, y, sobre todo, quién les presentó a los tres y con qué propósito. El portavoz regionalista ha insistido en saber si esa conexión era casual o si formaba parte de una forma de operar para llegar a contratos públicos. No ha habido respuesta.
El interrogatorio ha entrado después en el terreno económico. Esparza le ha preguntado por qué Servinabar pagó nóminas a la hermana de Santos Cerdán y qué trabajo justificaba esos pagos. Le ha preguntado también por qué motivo, según la documentación mencionada en el debate político, ofreció el 45% de Servinabar 2000 a Cerdán. Y ha añadido una contradicción que, según UPN, resulta difícil de explicar: si Alonso ha sostenido en otras ocasiones que Cerdán “no tiene nada que ver” con su empresa, cómo se entiende entonces que Servinabar fuera quien pagaba el piso de Cerdán en Madrid. Alonso ha mantenido el silencio.
En paralelo, el portavoz de UPN ha intentado fijar el foco en el poder político en Navarra. Le ha preguntado por sus reuniones con María Chivite, por cómo llegó a sentarse con dirigentes del Ejecutivo y qué buscaba en esos encuentros. Le ha pedido que aclarara cómo llegó al Palacio de Navarra, quién organizaba esas citas y quién gestionaba esas reuniones. También le ha preguntado si su empresa actuaba como “conseguidora” de licencias y permisos, y ha lanzado otra pregunta cargada de reproche: si de verdad creía que la sociedad navarra merecía que se la intentara manipular. El sentido de esa frase era claro: si había un motivo legítimo para su presencia en determinadas obras y decisiones, debía explicarlo. Alonso no lo ha hecho.
La sesión ha tenido un punto especialmente tenso al abordar la adjudicación de la duplicación de los túneles de Belate, una de las obras más relevantes en Navarra. Esparza le ha preguntado qué aportaba Servinabar para tener un 15% en la UTE adjudicataria junto a Acciona y Osés Construcción. Y, en un intento de subrayar incredulidad, le ha lanzado una interpelación directa: si creía que los navarros eran idiotas. El objetivo era evidenciar que, sin una explicación técnica o empresarial convincente, ese porcentaje se interpreta como un privilegio o una influencia. Alonso ha evitado responder al fondo.
En el marco de Belate, también se le ha preguntado si conocía a Jesús Polo, director general de Obras Públicas y presidente de la mesa de contratación. A esa cuestión sí respondió con un escueto “no”, una respuesta que repitió también en otras comparecencias. Además, en el desarrollo de la sesión ha quedado recogido otro matiz: Alonso sí admitió conocer a directivos de Osés Construcción, lo que dejaba flotando la pregunta lógica que no llegó a aclarar: desde cuándo los conoce, qué relación mantenía con ellos y si ese vínculo tuvo algún papel en la UTE o en la obra.
El interrogatorio de UPN también le ha llevado a cuestiones de relaciones personales y mediáticas. Le ha preguntado por su relación con la expresidenta Uxue Barkos y por cómo se movía en determinados entornos políticos. Le ha preguntado asimismo por su vínculo con el director de Diario de Noticias, Joseba Santamaría, y, ya en el tramo final de la sesión, ha aparecido un asunto que Alonso sí negó: si entregó un 4% de participaciones de Servinabar al hijo de Santamaría cuando era menor de edad.
Otros grupos han incidido en el mismo núcleo. EH Bildu, por ejemplo, le ha preguntado si la contratación de familiares de Santos Cerdán por empresas de su entorno obedecía a prestaciones reales de trabajo o si respondía a otro tipo de intercambio. Adolfo Araiz le ha planteado también si existió un contrato o documento para que Cerdán llegara, o no, a ser socio de Servinabar. Y ha añadido una cuestión que buscaba explicar por qué determinados papeles han cobrado tanto peso: si haber guardado ese documento fue un error y por qué lo conservó si podía convertirse en un elemento central de una presunta trama. Alonso tampoco ha respondido a esas preguntas.
Desde Geroa Bai se ha lamentado que el silencio dejara espacio para relatos y conjeturas, y desde el PP se ha insistido en aclarar el grado de implicación de Cerdán en la empresa. Javier García le ha preguntado directamente si Cerdán participaba en decisiones empresariales y si tenía una implicación real en la actividad de Servinabar. También ha repetido una pregunta que se ha escuchado varias veces durante la mañana: quién le abrió la puerta del PSOE y del Palacio de Navarra. Y ha añadido otra cuestión de alto voltaje político: si Alonso facilitó una supuesta reunión entre dirigentes del PSOE y EH Bildu. El compareciente se ha limitado a señalar que le estaban haciendo “permanentemente las mismas preguntas” y que, si no había contestado a los anteriores portavoces, “lo lógico” era no contestar tampoco a los siguientes.
En el turno del PSN, Javier Lecumberri ha optado por un enfoque defensivo, reconociendo el derecho de Alonso a no declarar y criticando que se den por ciertos hechos no ratificados. En ese contexto, le ha planteado una pregunta concreta: si podía confirmar que, en la causa del Supremo en la que está investigado, no hay ninguna obra pública de Navarra en investigación. Alonso sí ha contestado: “a mí me conste, ni una”. Esa respuesta ha servido a los socialistas para reprochar que se utilice la comisión para “ensuciar el nombre de Navarra”.
Contigo-Zurekin, por su parte, ha intentado forzar una mínima respuesta sobre el papel de Alonso en la presunta trama. Miguel Garrido le ha preguntado repetidamente si él ha facilitado o no una estructura corrupta alrededor de Servinabar. Le ha insistido en que es una de las pocas personas que conoce todo lo sucedido y que su aportación ayudaría a la comisión. Alonso ha acabado respondiendo con una frase breve: “Evidentemente, no”. A continuación, ha añadido que “nada” le gustaría más que explicar su versión, pero que debe resguardar su derecho de defensa y que responderá cuando lo autorice su abogado o ante un juez. En el tramo relativo a Belate, también leyó un escrito en el que dijo confiar en los órganos de control y recordó que la Cámara de Comptos y auditorías externas encargadas por el Gobierno foral concluyeron que las adjudicaciones se ajustaron a la normativa y no causaron perjuicio económico a Navarra.
Vox cerró la sesión con el marco más grave, hablando de posibles mordidas, cohechos, tráfico de influencias o prevaricación, y le lanzó una pregunta directa que conectaba con la indignación social: si existió corrupción, qué se ha hecho con los recursos de los navarros. También le preguntó por una fotografía tomada en San Fermín con Uxue Barkos y quiso saber qué celebraban en aquel momento. Alonso contestó: “los Sanfermines”.
La comparecencia terminó como empezó: con un compareciente aferrado al silencio. Alonso dio las gracias “por el respeto” y dijo que espera hablar pronto. Pero este martes, ante la comisión que investiga las adjudicaciones de obra pública, lo que quedó fue una cascada de preguntas contextualizadas y una decisión clara: callar en el Parlamento sobre Servinabar, sus contactos y su papel en la adjudicación de obras en Navarra.