Hallan el 'interruptor' que alimenta el cáncer de mama en mujeres con obesidad
Científicos en Pamplona desvelan los mecanismos biológicos que unen obesidad, envejecimiento y cáncer, proponiendo terapias innovadoras basadas en el control metabólico, postbióticos y masa muscular.
Durante años, la conexión entre la obesidad y un mayor riesgo de desarrollar complicaciones oncológicas ha estado fuertemente respaldada por la evidencia científica. Sin embargo, comprender los mecanismos exactos que subyacen a esta enfermedad es el verdadero reto para avanzar hacia tratamientos más precisos. Ahora, la ciencia navarra ha dado un paso de gigante al identificar cómo las células tumorales se aprovechan del metabolismo alterado para crecer, abriendo la puerta a nuevas terapias personalizadas.
El peligro del entorno hiperglucémico: así se nutre el tumor
Uno de los mayores avances presentados por los científicos del Instituto de Nutrición y Salud (INS) de la Universidad de Navarra se centra en el proyecto ONCOBEGLUT. Esta investigación analiza cómo la obesidad crea en el organismo un entorno de hiperglucemia e hiperinsulinemia; es decir, niveles elevados de azúcar e insulina en sangre.
En este escenario, los investigadores han puesto el foco en el papel de la proteína GLUT12. Han descubierto que esta proteína actúa como una auténtica "puerta de entrada" de glucosa en las células tumorales del cáncer de mama en pacientes con obesidad. Al identificar este canal de alimentación del tumor, los científicos plantean una nueva vía de ataque.
"Bloquear esta ‘puerta energética’ podría abrir nuevas estrategias terapéuticas dirigidas específicamente a mujeres con obesidad, integrando oncología y metabolismo en una misma aproximación científica", señala Pilar Lostao, investigadora del Centro de Investigación en Nutrición.
La 'inflamación silenciosa': el desgaste que no duele
Pero la relación entre la acumulación de grasa y las enfermedades graves no se limita a la oncología. Gran parte del trabajo de estos investigadores, muchos de los cuales pertenecen al CIBEROBN y al Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (Idisna), se enfoca en lo que clínicamente se conoce como "inflamación crónica y silenciosa".
Se trata de un proceso persistente que no produce dolor inmediato, pero que deteriora progresivamente órganos vitales como el hígado, el páncreas o el sistema cardiovascular. Para combatir este deterioro, el proyecto RESOLBE investiga una molécula llamada Maresina 1, un derivado de los ácidos grasos omega-3 que actúa como un mediador natural para apagar esta inflamación.
"La obesidad no solo implica exceso de grasa; altera la capacidad del organismo para resolver la inflamación", explica María Jesús Moreno-Aliaga. El objetivo ahora es comprender por qué el cuerpo pierde la eficacia de este sistema con la obesidad y el envejecimiento, y cómo recuperarlo para prevenir patologías como el hígado graso.
El músculo como motor metabólico y la alternativa a los probióticos
A menudo, la pérdida de peso se plantea como el único objetivo, pero la ciencia advierte de un peligro oculto: la obesidad sarcopénica. Esta condición médica se da cuando al exceso de grasa se le suma una pérdida de masa muscular, disparando la fragilidad y el riesgo de complicaciones en el paciente.
Es en este punto donde la Clínica Universidad de Navarra aporta una visión clínica fundamental. "El músculo es el motor que ayuda a controlar la glucosa y la inflamación. Mantener la fuerza es una prioridad clínica más allá de la pérdida de peso", afirma Amaia Rodríguez, investigadora del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica.
Por último, en la búsqueda de soluciones integrales, el ensayo clínico PARABIOTICS-2 está explorando un territorio innovador: el uso de postbióticos. A diferencia de los probióticos tradicionales, estos componentes bacterianos inactivos se perfilan como una alternativa más estable y segura para mejorar la resistencia a la insulina, la composición corporal y la salud del hígado, marcando el futuro del tratamiento metabólico.