Pamplona y el muro de los 60€: el cierre de Larrabide destapa la crisis de las piscinas
Bañarse en Pamplona se ha convertido en un termómetro de la desigualdad social. La reciente polémica por el posible cierre de las piscinas de Larrabide en 2026 ha puesto el foco en una realidad incómoda: Pamplona es una ciudad de clubes privados donde el acceso público es cada vez más estrecho. Si Larrabide cae, la ciudad perderá una de sus pocas válvulas de escape asequibles, dejando a miles de vecinos a merced de cuotas prohibitivas.
Actualmente, Pamplona solo cuenta con tres complejos de gestión pública: San Jorge, Aranzadi y Guelbenzu. Esta oferta es incapaz de absorber a una población de 200.000 habitantes, especialmente cuando la alternativa más cercana al Ensanche, Guelbenzu, ya se considera "insuficiente" para soportar el trasvase de usuarios de Larrabide.
Para quien no es socio de una entidad, un solo día de piscina en la capital navarra puede descuadrar el presupuesto familiar. Aunque los precios fluctúan según la temporada, acceder como no socio a las instalaciones de la mayoría de los clubes de AEDONA o entidades independientes supone un desembolso importante:
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Club Tenis e Institución Oberena: El acceso está blindado; suele requerir invitación de un socio y los costes pueden superar los 15-20 euros por persona en temporada alta.
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A.D. San Juan, C.D. Amaya y Club Natación: Las entradas diarias para adultos oscilan entre los 12 y 18 euros.
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UDC Txantrea, Anaitasuna y Larraina: Tarifas que rondan los 15 euros en jornadas festivas.
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S.D.C. Echavacoiz y U.D.C. Rochapea: Son algo más accesibles, pero difícilmente bajan de los 10-12 euros.
Para una familia de cuatro personas, un domingo de piscina en estas entidades puede superar los 60 euros, una cifra que empuja a la mayoría a depender de lo público.
El Ayuntamiento de Pamplona intenta paliar esta brecha subvencionando pases de verano en clubes privados para personas con menos recursos. Sin embargo, los datos demuestran que el sistema está desbordado. El año pasado, cerca de un millar de pamploneses se quedaron en lista de espera tras el sorteo de abonos.
Este sistema, basado en la renta, deja fuera a cientos de familias por puro azar, obligándolas a acudir a las tres piscinas municipales que ya registran picos de saturación. "Es una lotería para poder bañarte", denuncian algunos afectados que, tras cumplir los requisitos económicos, se ven sin alternativa ante el posible cierre de Larrabide.
¿Es la Ciudad Deportiva de Lezkairu la solución?
Ante este colapso, el Ayuntamiento ha rescatado el proyecto del Soto de Lezkairu para ampliar la oferta pública y responder al crecimiento de los barrios del sur. Pero el proyecto es hoy un campo de batalla político:
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UPN, PSN y PP: Exigen planificar ya la infraestructura para evitar el caos en 2026.
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EH Bildu y Geroa Bai: Cuestionan la capacidad financiera del Consistorio para una obra de 20 millones de euros y piden que el Gobierno de Navarra asuma su responsabilidad en Larrabide.
Mientras el futuro de Larrabide sigue en el aire, el mapa del baño en Pamplona se dibuja con líneas de exclusividad. Sin una apuesta clara por lo público, el derecho al refresco en la capital navarra seguirá dependiendo de tener un carnet en el bolsillo o de la suerte en un bombo municipal.