Demasiadas puñaladas
Rian Johnson y Daniel Craig estrenan su nueva entrega detectivesca: De entre los muertos
Admiro profundamente al guionista y director Rian Johnson, dirigió algunos de los mejores episodios de Breaking Bad. Me gusta su primera película, Brick (detectives en un instituto), sus apuestas en la ciencia ficción con Looper y Star Wars (por la que recibió oleadas de ataques por redes sociales).
Desde entonces nos ha entregado algo muy auténtico, como son estas historias de misterios con ecos a Poirot, Miss Marple, Sherlock Holmes… Me encanta la 1ª de 2019, en la que mezcla el subgénero del “quién lo ha hecho” diciéndote quién lo ha hecho en la primera media hora para que la cinta pase a ser un thriller.
La 2ª, Glass Onion (2022), fue un traspiés. El dinero de Netflix, que compró la franquicia, parece un estorbo, haciendo que luzca barato. Aun así, Johnson siempre atrae a un elenco maravilloso de artistas olvidados (Kate Hudson), desconocidos (Madelyn Cline) o auténticas estrellas (Daniel Craig), pero había demasiado barro político post-covid.
Por eso me alegró ver que la nueva sucedía en un lugar pequeño. Dejamos la isla del multimillonario por una pequeña parroquia. En esta saga, el protagonista nunca es Daniel Craig, sino alguien involucrado en el misterio. Ana de Armas en la 1ª, Janelle Monáe en la 2ª y aquí es Josh O’Connor (Carlos III en The Crown).
Sinopsis: El detective Benoit Blanc se une a un joven y honesto sacerdote para investigar un crimen totalmente imposible en la iglesia de un pequeño pueblo con una oscura historia. Disponible ya en Golem La Morea y el 12 de diciembre en Netflix.
Superior a Glass Onion pero inferior a la original, Johnson sigue ofreciéndonos un misterio estimulante con ideas y grandes actores. Sin embargo, repite excesos: todos los posibles sospechosos son conservadores imbéciles, se salva quizás Cailee Spaeny. Si Norton era Musk en la secuela, aquí Josh Brolin es una caricatura, en forma de párroco, de Trump. Su personaje busca tener a sus feligreses alterados, hurgar en su odio.
Habla de cuestionar la verdad (representación de la posverdad) y de cómo cualquier historia puede ser desdoblada a tu favor. También alude a eso que se decía de que Trump podría ir a la calle a disparar a una viejecita y le seguirían votando. Se hace obvio cuando sus fieles descubren algo sobre el venerado párroco que están dispuestos a relativizar.
Dejando eso a un lado, hay cosas que disfrutar. Hay una fotografía perteneciente al pasado deliciosa. Composiciones imposibles, muy cinematográficas; los filtros rojos en los flashbacks, las sombras alargadas. Hay cierta conversación sobre las narrativas, desde la religión hasta el típico relato de la ramera del pueblo.
Es de valorar el equilibrio que ofrece Johnson entre su anticlericalismo verbalizado por el personaje de Daniel Craig contrastado con un protagonista cura fundamentalmente bondadoso. Craig quiere pillar al malo, O’Connor quiere acompañar al culpable.
Me duele que Johnson frustre su película con elementos políticos tan primarios y solo en una dirección, y que los puntos clave de acción resulten totalmente inverosímiles (asesinatos, envenenamientos…). Rian, vuelve a la ciencia ficción, por favor.