El negocio del euskera a costa de la sanidad pública de Navarra

Ojalá la salud pública fuera un rasgo tan identitario e indisociable para los aberchándales como el euskera, y le metieran esa pasta donde de verdad fuera útil: en la sanidad, y acabáramos de una maldita vez con las listas de espera.

Dicen que el euskera es un idioma tan propio de Navarra que, para que se aprenda y se use, hay que meterle 14 millones de euros al año a un organismo oficial: edificio, sueldos de enchufados y funcionarios creados para ello.

Con esos 14 millones, ¿cuánto personal sanitario se podría contratar? Según San Google: unos 200 médicos nuevos, o 350 enfermeros, o casi 500 auxiliares.

Imagínate 150 cirujanos más en Navarra. Imagínate lo que eso haría con las listas de espera. Ojalá la salud pública fuera un rasgo tan identitario e indisociable para los aberchándales como el euskera, y le metieran esa pasta donde de verdad fuera útil: en la sanidad, y acabáramos de una maldita vez con las listas de espera.

Es curioso, este tema. Acompáñenme en este razonamiento. Vamos a pensarlo juntos un rato. Te tienen que pagar por ser, porque si no te pagan, no eres. Es como si mañana hubiera que dar pasta para que la gente coma espárragos, cogollos de Tudela, salga tras los gigantes en San Fermín, se haga socio de Osasuna o se vaya a Salou con veinte años. O a donde vayan ahora las cuadrillas a mamarse a chupitos, que ya ni idea tengo; que yo ya solo estoy para sopitas viendo el mar de Alborán desde mi urbanización identitaria de la Costa del Sol. Gora Málaga Askatuta.

Lo hemos dicho mil veces, pero lo escribimos una más, que parece que nunca cala… cala de Mijas (yo ya tengo la cabeza donde la tengo con estos fríos): el problema del euskera es que no es un idioma diseñado para comunicarse, como los que triunfan y se hablan solos sin necesidad de inyectarles 14 millones anuales; solo es una herramienta para diferenciarse. El euskera es, sobre todo, un rasgo ideológico; así lo quisieron los aberchándales desde el minuto uno. Si no puedes discutir en euskera con tus disidentes (porque ya los expulsaste a todos), tu idioma está más muerto que el abrevadero de la cuesta de Labrit.

Es como la faja de San Fermín: preciosa, muy nuestra; si no la arrastras mugrienta por el suelo de Pamplona al subir al coche porque te la has pillado con la puerta, no eres de aquí… pero fuera del paréntesis identitario de la fiesta no sirve para nada. ¿Odiamos las fajas? No. Son lo que son: para lo que son.

Que aprovechen este estertor final, que rebañen el fondo del tarro de la pasta pública los aberchándales, porque los idiomas como fetiche están a punto de extinguirse con las inteligencias artificiales. Habla el idioma que te salga de los cojones, que la IA te lo traducirá al instante al que tú prefieras. Viendo cómo avanza el tema, le quedan menos de diez años. Y ya no es ni siquiera cuestión filológica: es técnica. En cuanto se estandarice el auricular adecuado, date por jodido.

Quizá ya exista, pero no se ha generalizado porque la gente prefiere un idioma mayoritario, útil, sin carné ideológico adjunto, antes que llevar un trasto en la oreja.

¿Por qué triunfa el español? ¿Por qué cuando el partido de la ETA le propone al PNV ir en coalición, como hemos visto la semana pasada, hace el anuncio en español? Misterio… pero desde luego no es por meterle 14 millones al año a un invento que se llame 'Españolbidea', eso te lo avanzo ya. Y eso es todo.