El negocio millonario de la bondad de la izquierda

Al final, lo único universal en este negocio no son los derechos humanos, sino el dinero fácil y la hipocresía sin fronteras.

El mundo solidario, como el mundo a secas, se mueve básicamente por dos motores: el sexo y el dinero. A veces incluso de forma conjunta. El PSOE podría montar cátedra: ministros sanchistas con sus putas a sueldo pagadas con el dinero de todos, pisos tutelados por la administración que acaban convertidos en prostíbulos, Servina-barras libres varias… esas cosas tan sórdidas de los que se presentan como los buenos.

Es una constante, como que el agua moja: bajo el paraguas de la bondad se cobijan los monstruos más inmundos. Qué verdad esa de que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

En fin: más Menas. Paladas de Menas. El PSOE lo ha vuelto a hacer: otro volquete de Menas. La realidad es que allá donde hay concentraciones de Menas hay problemas. Que se lo digan a Marcilla. Pero el PSOE no hace más que enviarnos más y más.

¿Qué es un Mena? Un “menor no acompañado”. ¿Y qué hace un menor no acompañado en un país que no es el suyo? Calla, facha, no te lo preguntes. No vayas a dar con el meollo y nos arruines esta fuente de financiación que es la inmigración: ganamos pasta y, encima, nos creemos mejores personas.

La cuestión es: ¿quién gana dinero con los Menas? ¿Qué organizaciones reciben millones por “atenderlos”? ¿En qué consiste exactamente atender a un Mena? En Navarra no dejamos de ver cómo las partidas destinadas a este negocio aumentan a velocidad de vértigo. Millones y millones de euros que nadie sabe ni por qué ni para qué se destinan. Misterios forales.

Como es “para hacer el bien”, nadie fiscaliza nada. Y, cuidado, no preguntes, no sea que te llamen fascista, esa palabra que ya no significa nada. Así, los millones se irán, se perderán, se irán, se perderán, se irán, se perderán. Como lágrimas en la lluvia.

Pongamos un ejemplo: si mañana nos enteramos de que hay cien niños navarros en un centro de menores en Suiza —un país mucho más rico que España—, ¿no haríamos todo lo posible por traerlos de vuelta a Pamplona? ¿Los dejaríamos tirados en Zúrich?

España va a organizar un Mundial de fútbol con Marruecos y, sin embargo, no puede devolver a esos menores a sus familias, a su cultura, a su entorno. Marruecos, por cierto, quiere hacerse con 32 cazas F-35, los más avanzados del mundo, a los que Sánchez ha renunciado hace apenas un mes.

Un país con esa capacidad de compra, curiosamente, no puede hacerse cargo de sus propios menores. No es un país en guerra ni es el tercer mundo. Y, sin embargo, de allí provienen la inmensa mayoría de los Menas.

Por cierto, ¿por qué casi todos son varones? ¿Dónde están las niñas? Más preguntas fascistas.

Mientras tanto, Txibite lo fía todo a la carta racista, para que bajes la cabeza, te sometas y no haya ni preguntas ni debate. “¡Racista!”, como el as de bastos lanzado contra el tapete para hacer callar a toda la mesa.

Pero si los Menas son una bendición para la sociedad, ¿por qué todos los centros de acogida los coloca el PSOE y sus socios de Pamplona hacia la Ribera y ninguno en Alsasua, por ejemplo? Ese pueblo tan comprometido con las causas lejanas, como Palestina, con sus banderas y pancartas… y que pasa millas ante este problema tan nuestro.

¿Por qué no se ofrecen a acoger allí a todos los Menas de Navarra en un gran y único centro, para demostrarnos lo fascistas que somos los demás? Anímense, no sean tímidos. Exijan al alcalde de Alsasua que les ponga allí el mayor centro de acogida de Menas jamás visto en toda Euskkkalerría.

Más misterios: ¿por qué Cataluña y el País Vasco están fuera del último reparto masivo de Menas? Parece que si eres aberchándal no puedes ser racista, aunque no quieras un Mena ni en pintura.

Al final, lo único universal en este negocio no son los derechos humanos, sino el dinero fácil y la hipocresía sin fronteras. Menuda ONG tienen montada los de izquierda, pero los racistas no son ellos, somos los demás. Claro, claro. Y eso es todo.