El poder aberchándal vuelve a atacar a los trabajadores de Pamplona

Qué cómodo es poder hacer lo que te salga del higo en el centro exacto de Pamplona, frente a su Ayuntamiento, sabiendo que nadie va a molestarte, mientras la trabajadora vuelve a limpiar sola los destrozos y los insultos.

El vídeo muestra lo de siempre. Una trabajadora, resignada y con toda la dignidad del mundo, a cara descubierta, limpiando su puesto de trabajo violado por los aberchándales.

El alikate puede verlo desde el balcón del Ayuntamiento. Puede salir a contemplar su obra, incluso mostrarse magnánimo desde esa altura —te perdono, te perdono, trabajadora—. A cincuenta metros de la puerta de su despacho, su ideología vuelve a atacar una tienda de dulces. ¿El delito? Existir. Como la cafetería que también han reventado a pedradas varias veces por idéntico motivo: existir. Esta última está un poco más lejos, a unos ciento cincuenta metros de donde cada mañana se baja del coche oficial Asiroff.

Asiroff podría ir andando a ayudar a recoger los cristales o a limpiar, junto a esa currela, la pintada nazi con la que los aberchándales la señalan, utilizando su origen como insulto, como delito: espainolak. Pero prefiere callar, dando por bueno con su silencio el nuevo ataque de su ideología.

No tienes derecho a existir. Y punto. Uno ataca, otro calla, otro mira hacia otro lado; incluso hay quien dice: algo habrá hecho. ETA no existe, nos dan la turra con eso, pero los etarras no han dejado de existir ninguno.

Lo mejor en estos casos son las explicaciones de los aberchándales. No, no, mentís, mentís —se desgañitaba ayer un iluminado por tuiter—: atacamos esa tienda de dulces porque es una franquicia.

Y me recordó a cuando les comentas que ETA es la organización que más mujeres ha asesinado —niñas incluidas— en los últimos cincuenta años.

—No, no, mientes, mientes: no las matábamos por mujeres, sino por españolas.
—Ah, vale, joder, me dejas más tranquilo.
—Asesinos sí somos, pero machistas nunca, por favor, ¿por quién nos tomas?

Franquicias, franquicias. Aunque luego hasta eso sea una trola, como en estos ataques a la tienda de dulces, que los nazis aberchándales dejaron bien claro en los cristales: espainolak, españoles. Para que nadie se monte películas. Como cuando los nazis pintaban “judíos” en los escaparates de la Alemania de los años treinta del siglo pasado.

Qué cómodo es poder hacer lo que te salga del higo en el centro exacto de Pamplona, frente a su Ayuntamiento, sabiendo que nadie va a molestarte. Ni siquiera la policía de Asiroff, que se supone custodia día y noche ese edificio.

Vaya Irroña más cómoda se han montado para ellos los aberchándales, mientras la trabajadora vuelve a limpiar sola los destrozos, los insultos, con toda la maquinaria de poder detrás diciéndole: no te quejes —te perdono, te perdono—, solo es pintura; podría haber sido mucho peor; podríamos haberte hecho lo que nos hubiera dado la gana y nadie nos lo habría impedido. Y eso es todo.