La San Silvestre etarra

A unas horas de llegar a 2026 —que ya es el futuro, colega; nos hemos fumado más de un cuarto del primer siglo del tercer milenio—, los aberchándales apoyando en plena calle, sin que pase nada.

Vas tan feliz con tus colegas a correr la San Silvestre, a disfrutar del último día del año, de la última carrerita, a echar unas risas con el ambiente festivo, a ver cuál es el disfraz más loco que te adelanta. Y antes del primer kilómetro, por la plaza de Azuelo, ahí los tienes: con su inagotable letanía, con su nananananaaaaaaa naaaaa-naaaa-naaaa infernal, coreada incluso por alguno de los desconocidos que van a tu lado, pidiendo la liberación de los asesinos vascos de ETA.

A unas horas de llegar a 2026 —que ya es el futuro, colega; nos hemos fumado más de un cuarto del primer siglo del tercer milenio—, los aberchándales apoyando en plena calle, sin que pase nada, como la cosa más normal del mundo, a sus asesinos, a la punta de lanza, a la bala de 9 mm de su proyecto político.

Tú imagínate que en una ciudad a la que vas a pasar la Nochevieja, en mitad del recorrido de la prueba más divertida y popular del año, te encontraras con un grupo de apoyo a violadores pidiendo su liberación. Las ganas que te quedarían de pasártelo bien. “¿Pero a qué clase de lugar de tarados he venido a celebrar el Año Nuevo? ¿Y esto lo permite el alcalde, que no manda allí a su policía para impedirlo?”. Pues en Irroña sucede: no con violadores, sino con la ideología que más mujeres ha asesinado en el último medio siglo.

No hay cosa peor que normalizar lo que no es normal.

Eso es lo que hacen muchos para no tener que enfrentarse a la anomalía de que en tu ciudad se pueda apoyar, sin que al menos te calcen una multa, a un grupo de asesinos de tus propios vecinos.

“Tú mira para otro lado y ya está”, te dice algún bienintencionado: como el traje nuevo del emperador, como el elefante blanco en la habitación. Con eso pretenden ir trampeando la cuestión moral de la inmoralidad con la que ensucian el nombre y la reputación del lugar donde vives. Mira, chico, es un poco rollo tener que estar siempre mirando para otro lado para tener la fiesta en paz, para simular que hay convivencia simplemente porque te callas y les obedeces.

Y además desde el poder. Porque esto no es una cuestión residual, no son cuatro frikis. Esto es un proyecto de ciudad, de comunidad; incluso pretenden que sea de Estado, creando uno bajo esas premisas. El asesinato para conseguir rédito político como el que disfrutan hoy: todo bendecido, todo blanqueado, todo convertido en paisaje urbano.

Qué ciudad, la virgen. En Pamplona todo lo que ocurre les sirve para desplegar su pringue: todo tienen que ensangrentarlo con su ideología. En todo momento te recuerdan que mandan. Por eso pueden salir a la calle a alardear de sus asesinos. Su proyecto solo se asienta en la violencia, en matar al vecino por pensar diferente y en robar dinero público; que todo esto se dio porque lo acordaron con el PSOE del corrupto Cerdán.

Irroña consigue deprimirte incluso en los momentos más alegres del año. En fin. Y ahí te quedas dándole vueltas al asunto casi cuatro kilómetros más. Los aberchándales a todo le tienen que meter la mano bajo la falda para tocarle el culo. ¿Y por qué? Para demostrar que pueden y porque quieren. Y eso es todo.