¿Y si hubiera un accidente como el de Adamuz en Navarra?
Consternados como estamos por el reciente accidente de Adamuz me pregunto: ¿no están jugando con la vida y la integridad de las personas (tripulación y pasajeros)? ¿Cuál sería la magnitud de esa tragedia si en ella estuviera implicado un Civia saturado de pasajeros?
Se han cumplido ahora dos años de aquel 22 de enero de 2024 en el que cinco socialistas juntos —José Antonio Santano, secretario de Estado de Transportes; Raúl Blanco, presidente de Renfe; María Chivite, presidente del Gobierno de Navarra; Óscar Chivite, consejero de Cohesión Territorial; y Alicia Echeverría, delegada del Gobierno en Navarra— presentaron en sociedad, como gran novedad, los nuevos trenes Civia serie 464 que, al día siguiente, iban a empezar a circular entre Pamplona y Zaragoza.
Se trataba de un tren de cercanías, de los que se utilizan para unir diferentes puntos dentro de áreas metropolitanas de alta densidad poblacional, que iban a sustituir al regional de la serie 470. En esos nuevos trenes podían viajar hasta 600 personas, 208 más que hasta entonces, pero el número de asientos iba a ser el mismo, unos 220. Esto quería decir que, si el tren iba lleno, unas 380 personas tendrían que realizar los 140 kilómetros que separan Zaragoza y Pamplona, durante más de dos horas y quince minutos, de pie, como si fueran ganado.
La escena de gente sentada en el suelo, en las escaleras, en los extintores, así como de maletas bloqueando los pasillos, es algo que se ha hecho habitual no ya en días señalados, como San Fermín o Jueves Santo, sino cualquier domingo estival o fin de puente.
En el verano de 2024, el ministro de Transportes, Óscar Puente, reconoció que esos trenes Civia no estaban preparados para un viaje así, al tiempo que anunció que, a partir de enero de 2025, iban a ser progresivamente renovados por unos trenes Alaris. Meses después, cuando esa fecha se iba acercando, como una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo, dijo que la renovación se retrasaba a abril de 2025. Pero esa promesa tampoco la cumplió.
Le tocó entonces el turno a la navarra y ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, quien, en junio de 2025, reconoció en el Congreso de los Diputados que esos trenes no eran adecuados, pues estaban concebidos para trayectos de cercanías. Tres meses más tarde, en septiembre, el ministro Puente hizo otro anuncio solemne en el Pleno del Congreso. Allí dijo: “Este mes —septiembre de 2025— entrarán en servicio las nuevas frecuencias y el nuevo material ferroviario que comprometimos en su momento para la comunicación Pamplona-Zaragoza”. Desde entonces han pasado más de cuatro meses y, a día de hoy, el tranvía para ganado sigue funcionando transportando personas.
Consternados como estamos por el reciente accidente de Adamuz, me pregunto: ¿no están jugando con la vida y la integridad de las personas (tripulación y pasajeros)? ¿Cuál sería la magnitud de esa tragedia si en ella estuviera implicado un Civia saturado de pasajeros? ¡Ah! En ese caso, ¿se podría pedir a alguien responsabilidades o eso supondría que se estaba politizando la desgracia?