La peligrosidad de la clase política navarra
“A pesar de sus evidentes diferencias en sus genuinos principios e ideologías, se ha articulado un bloque mayoritario “progresista”, inquebrantable, con visos de repetir gobierno y seguir remunerados, repartiendo cargos y prebendas”.
La trascendencia de los recientes hechos acaecidos en pasadas jornadas lejos de nuestro ámbito, que han supuesto una gran convulsión de imprevisibles efectos futuros en el orden político mundial, siguen ofreciendo noticias, generando equívocas y ambiguas posturas de los partidos políticos nacionales, en especial en los de izquierdas o progresistas, columpiándose y matizando por horas sus opiniones, confundiendo, manipulando y haciendo tomar falsas posición a la ciudadanía.
Los portavoces de los partidos “progresistas” no se aclaran en sus calificaciones, añadiendo matices y mantras en sus tertulias en los diversos medios, aunque se les note su inclinación y tendencia, siendo motivo de acaloradas discusiones, la mayoría exentas de base jurídica o conocimiento contrastado de los Estados soberanos afectados. Charles de Gaulle dijo: “He llegado a la conclusión que la política es una cosa demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”.
Ciñéndonos a Navarra, hasta la presidenta del Gobierno ha recurrido en el prólogo de su comparecencia ante los medios a la convulsión política mundial, al comunicar (justificar) la remodelación de su ejecutivo, para dotarlo de un mayor contenido e “impulso político” en lo que resta de legislatura, obviando la grave situación de corrupción que planea sobre el Gobierno Foral, que quizás preocupa mucho más a la mayoría de navarros.
Decía Voltaire: “la política es el arte de mentir deliberadamente”, y parece cierto en este caso, así como con uno de los ceses de un consejero navarro, donde vale el dicho: “en todos los partidos cuanto más inteligente es una persona menos pertenece a su partido”. El estilo de gobierno del ególatra mutante imprime carácter en sus franquicias: “un silencio prudente es más peligroso para sobrevivir que el aplauso desaforado y entusiasta. No se trata solo de aplaudir sino de que los vean hacerlo”. (A. Pérez-Reverte).
Continúa el controvertido escritor e historiador, miembro de la RAE, en su espacio habitual Patente de corso de un medio nacional: “la política española se ha convertido en un redil de sinvergüenzas sumisos, donde no te premian por hacer bien las cosas, sino por agachar las orejas”.
No comparto íntegramente todo lo escrito por Pérez-Reverte, que con su espontaneidad, mordaz ironía y sarcástico humor pone el dedo en la llaga, pero es posible que muchos ciudadanos navarros piensen de igual manera, aunque no lo manifiesten públicamente. Solo a menudo en “voz baja”, en reducidos e informales encuentros o tertulias, como consuelo y lamentación ante la desidia de algunos “líderes” políticos y sus aplaudidores.
A pesar de sus evidentes diferencias en sus genuinos principios e ideologías, se ha articulado un bloque mayoritario “progresista”, inquebrantable, con visos de repetir gobierno y seguir remunerados, repartiendo cargos y prebendas, aunque en un futuro próximo puede ser liderado por los que pretenden integrar Navarra en la Comunidad Autónoma del País Vasco.
Mientras, existen tres opciones llamémosles conservadoras, o de progreso (sinónimo desarrollo y evolución), incapaces, por ahora, de pactar en base a lo que les une, que es mucho más de lo que les separa, desoyendo y defraudando a una mayoría de navarros que sienten, defienden (aunque sea en silencio) y creen en la NAVARRA de prosperidad y crecimiento, como Comunidad Foral diferenciada e integrada en la nación española.
No sé exactamente a quién se atribuye, pero transcribo la frase: “Un conservador sabio y un sabio radical creo pueden ponerse de acuerdo. Sus principios son los mimos, aunque su modo de pensar sea distinto”.
JOSE LUIS DIEZ DIAZ