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La argentina que triunfa con las tostadas en su cafetería de Pamplona: “Abro a las siete de la mañana”

Ivana Gobelli Fábrega en su cafetería 'La Martina' en Pamplona. Navarra.com
"Estoy siempre con una sonrisa. Me gusta lo que hago. Disfruto de mi trabajo. Por ahora no pienso volver a mi país", asegura Ivana.

Ivana Gobelli Fábrega madruga cada día como si todavía estuviera en plena mudanza en Navarra. Con 52 años, una sonrisa puesta y el acento argentino intacto, sostiene una rutina de autónoma de las que se notan en las ojeras: “Abro a las siete de la mañana”, dice, casi como quien recita un mantra.

La Martina, en la calle Tajonar 1, entre el segundo Ensanche y el barrio de Santa María la Real en Pamplona, es su sitio y también su pequeña trinchera. Abrió la cafetería en 2018 y, desde entonces, atiende ella sola. “Me va bien. Muy bien. No me puedo quejar. Hemos sobrevivido al covid y eso ya es mucho decir. Estoy yo sola en la cafetería y contenta con mis clientes de todos los días”, asegura.

Su historia en Navarra empezaba antes. Llega a Pamplona en 2001, después de que una amiga de su mismo pueblo se instalara primero aquí. “Llegué a Pamplona porque primero vino a vivir una amiga de mi mismo pueblo en la zona de La Paz en la provincia de Entre Ríos. Luego vinimos nosotros con mi marido y nos ha gustado mucho y aquí estamos”, explica.

El marido se llama Gonzalo y trabaja como chófer de tráilers. Y la cafetería, en cambio, lleva el nombre de su hija: Martina, que ahora tiene 18 años y “es navarra”. El detalle del rótulo no era menor: la familia se queda, echa raíces y construye una vida nueva a golpe de café y tostadas.

Ivana habla de Pamplona con el tono de quien ya no está de paso. “Estamos ya totalmente instalados en Pamplona. Estoy siempre con una sonrisa. Me gusta lo que hago. Disfruto de mi trabajo. Por ahora no pienso volver a mi país. Quizá el día de mañana con los años. Pamplona me gusta. Me siento muy cómoda”, cuenta. En casa también hay otro Gonzalo, su hijo, que “está terminando sus estudios también aquí”.

La clientela se vuelve parte del relato. “Los clientes me dicen que están contentos. Me dicen que es un sitio muy acogedor”, comenta. Y pone contexto a aquel salto desde Argentina: “Vinimos en la época del corralito, como casi todos los que hemos salido de nuestro país. Hemos encontrado tranquilidad, estabilidad y se vive muy cómodo. Es una ciudad pequeña que tiene de todo”. En esa frase cabe la razón práctica y también el alivio.

La acogida, según ella, marca el día a día tanto como el reloj. “La gente se ha portado fenomenal. Me han acogido muy bien”, afirma. De los Sanfermines habla con cariño y resignación: “Los Sanfermines me gustan pero como estoy siempre trabajando los disfruto poco. Estoy todo el día aquí metida como todo autónomo”.

Y luego están las estrellas del mostrador. Si hay un producto que manda, son las tostadas. “Lo que más se vende son las tostadas porque el pan y la bollería es belga. Tenemos cosas diferentes”, explica. Detalla también el origen de parte del género: “El pan es de Oyón y de Zumaya y mucho bizcocho casero que están muy ricos y cosas típicas de Argentina. Gustan mucho”. Lo dice sin adornos, como quien ya lo comprobaba cada mañana.

Cada mañana empieza antes de lo que parece. “Abrimos a las 7 de la mañana y antes ya hay clientes esperando”, relata. Su agenda no tiene misterio, sólo resistencia: “Me levanto a las 5 de la mañana, cierro a las 2, abro a las 4 y media y cierro a las 8. Todo el día”. Y el descanso llega tarde en su historia: “Descanso el domingo pero solo desde hace un año. Antes no me lo podía permitir”.

Tampoco es fácil escaparse a ver a los suyos. “Voy de vez en cuando porque estamos muy lejos y tampoco puedo cerrar la cafetería mucho tiempo. La vida del autónomo es complicada”, señala. Antes de quedarse con este local, trabajaba en una franquicia de panadería también en Pamplona, así que la hostelería ya venía de antes y con experiencia.

Las reseñas en redes sociales acompañaban ese boca a boca. Una de ellas resumía el tamaño y el efecto: “Es una cafetería muy pequeña pero con un gran encanto, muy agradable, cálida y con muy buen producto. Además, la chica que suele atender es una maravilla. Súper agradable, amable y sonriente. Da gusto que te atiendan así. Tienen una amplia variedad de productos dulces y también unas tostadas saladas buenísimas!”.

Otra iba directa al corazón del lugar: “La mejor cafetería de Pamplona, en un ambiente relajado, decorado con muy buen gusto y atendida por sus propios dueños. La calidez de Ivana más la calidad del café que sirven, productos de excelencia (tostadas/tapas con un pan genial y un jamón increíble, budines riquísimos, croissants…). No te lo pierdas,te va a encantar!!!”.