Los dos pueblos de Navarra que se quedan sin piscinas este verano: estos son los motivos
Dos localidades de Navarra no han podido abrir sus piscinas municipales este verano de 2026 debido al fin de la moratoria foral y al incumplimiento de la nueva normativa higiénico-sanitaria impuesta por el Gobierno Foral. Se trata de Bera de Bidasoa, en el norte de la Comunidad Foral, e Igúzquiza, en la zona denominada Tierra Estella, cuyos municipios no han logrado adaptarse a los requisitos del Decreto Foral 86/2018 sobre instalaciones acuáticas, que regula la seguridad, higiene y personal necesario en estos espacios públicos.
En el caso de Pamplona, la piscina pública del estadio Larrabide estuvo a punto de cerrar, aunque finalmente ha permanecido abierta. La decisión se debió a la presión de los usuarios, que rechazaban trasladarse a la piscina de Guelbenzu, más pequeña y con menor capacidad, lo que evidencia la importancia de contar con instalaciones adecuadas para la afluencia local. Este episodio también ha puesto de relieve las dificultades que enfrentan los municipios para cumplir con la normativa vigente, especialmente cuando los plazos de adaptación son estrictos.
En Bera, el Ayuntamiento confirmó que no abriría sus piscinas estivales después de expirar el plazo de adaptación a la normativa y no poder cumplir con las exigencias de Salud Pública. La administración local explicó que los recursos y el tiempo disponibles no han sido suficientes para realizar todas las reformas necesarias en las instalaciones, desde la adecuación de vestuarios hasta la instalación de sistemas de depuración y control de agua certificados.
Por su parte, en Igúzquiza, la situación ha sido similar. La instalación municipal ha tenido que suspender la apertura veraniega tras finalizar la moratoria otorgada por el Gobierno de Navarra y no lograr cumplir con los requisitos de seguridad y sanitarios. La localidad tampoco ha podido realizar las adaptaciones necesarias para cumplir con la presencia obligatoria de socorristas y la instalación de barreras perimetrales, escaleras visibles y suelos antideslizantes, tal como exige el Decreto Foral 86/2018.
Ante estos cierres, los vecinos tienen varias alternativas para combatir el calor durante el verano. Pueden acudir a piscinas de municipios cercanos que sí han logrado cumplir la normativa, o disfrutar de zonas de baño natural autorizadas y controladas que la Comunidad Foral ofrece. Entre las más destacadas se encuentran La Balsa de la Morea en Beriáin, el embalse de Alloz en Lerate y el Manantial de Agua Salada en Estella, que combinan seguridad, control sanitario y buena capacidad para recibir a los bañistas.
El cumplimiento de la normativa es ahora más estricto que nunca. Todas las piscinas públicas deben garantizar la presencia de socorristas, ajustada al tamaño del vaso y a la afluencia de usuarios. Esto permite una respuesta rápida ante cualquier incidente y asegura que el espacio cumpla con los criterios de seguridad establecidos por la legislación foral.
Además, los controles de calidad del agua son fundamentales. El agua debe cumplir con parámetros de cloro, pH y turbidez, y los análisis se realizan periódicamente en laboratorios acreditados. Estos controles buscan garantizar que las piscinas sean espacios seguros y saludables, evitando problemas sanitarios que podrían derivar en sanciones administrativas y riesgos para la población.
El personal de mantenimiento también juega un papel clave. Debe ser cualificado para manejar productos químicos y sistemas de depuración. La correcta gestión del cloro, el pH y otros productos garantiza la calidad del agua y evita problemas de contaminación que puedan afectar la salud de los bañistas. La falta de personal especializado ha sido otro factor determinante en los cierres de Bera e Igúzquiza.
La normativa incluye además estrictas medidas de seguridad y accesibilidad. Las piscinas deben contar con vallas perimetrales, accesos controlados, suelos antideslizantes, escaleras con peldaños visibles y botiquín de primeros auxilios. Estos requisitos buscan proteger a los bañistas y garantizar que las instalaciones sean seguras para todos, especialmente para los más pequeños y personas con movilidad reducida.
Los duchas y vestuarios también son obligatorios y deben mantenerse en condiciones óptimas de limpieza. Los usuarios deben ducharse antes de entrar al agua y los espacios deben estar correctamente higienizados para evitar contagios y mantener los estándares de seguridad sanitaria. La adaptación de estos espacios ha resultado costosa y complicada para algunos municipios, contribuyendo a la imposibilidad de apertura.
El Decreto Foral 86/2018 establece que todas las piscinas de uso público deben cumplir con estos requisitos para poder funcionar. La normativa busca unificar criterios en toda Navarra, proteger la salud de los ciudadanos y garantizar que los espacios acuáticos sean seguros y accesibles. La moratoria que existía permitía cierta flexibilidad, pero su fin ha dejado sin piscina a Bera e Igúzquiza.
El cierre de estas piscinas evidencia la dificultad a la que se enfrentan algunos municipios pequeños para adaptarse a la normativa foral. Además, resalta la importancia de planificar y presupuestar adecuadamente las reformas en instalaciones públicas, especialmente aquellas que reciben un gran número de usuarios en verano. Los vecinos de Bera e Igúzquiza deberán buscar alternativas para refrescarse mientras se trabaja en la posibilidad de cumplir con la normativa en años posteriores.