"¿Murió o escapó con tres millones?": El misterio del obispo navarro con una plaza en Pamplona
Manuel Irurita Almándoz nació en Larrainzar (valle de Ulzama) en 1876, cuarto hijo de entre doce hermanos. Obtuvo el título oficial de maestro de primera enseñanza y ejerció como profesor en las localidades de Ostiz y Zugarramurdi.
Novicio en Lecároz, seminarista en Pamplona, canónigo y beneficiado en Valencia, en 1926 fue preconizado obispo de Lérida. Su extraordinaria labor hacia los pobres y desfavorecidos, visitó todas las parroquias de la provincia, hace que en 1930 sea nombrado obispo de Barcelona. En la capital catalana tiene serios enfrentamientos con los partidos y políticos de izquierda.
De hecho, Manuel Irurita se niega a oficiar el funeral del presidente de la Generalitat catalana Francesc Maciá en diciembre de 1933. Con el estallido de la guerra civil, se refugia en casa de la familia Tort, en Barcelona. Allí se aloja desde julio a diciembre de 1936, cuando fue detenido y fusilado, según algunas fuentes.
El general Queipo de Llano da la noticia del asesinato de Irurita el 9 de junio de 1937 por la radio. La fuente es un canónigo evadido de Cataluña y la noticia tardó seis meses en llegar a la España nacional.
De hecho, su hermano Victoriano no se cree la versión de su asesinato y entra con las tropas franquistas a buscarlo cuando Barcelona cae en poder del bando nacional.
En 1940, se localizaron los restos del obispo en el cementerio de Montcada y se les dio sepultura en la Catedral de Barcelona, aunque durante años persistieron las dudas sobre si el cadáver correspondía al prelado.
De hecho, tras la guerra corrió el rumor de que seguía vivo, publicado por la misma prensa del régimen de Franco. La identificación del cadáver ofrecía dudas ya que podría ser de su sobrino Marcos Goñi, detenido con él. Eran demasiadas dudas para abrir una causa de beatificación.
Además, algunos testigos que lo conocían personalmente señalaron que hablaron con él en Barcelona durante la guerra y éste les dijo que no se le acercaran para no comprometerle.
Otras fuentes indican que fue puesto a salvo por el anarquista Durruti y siguiendo instrucciones de Lluis Compayns fue ocultado en el consulado francés, pero no gratis, a cambio de tres millones de pesetas que pagó el arzobispado barcelonés.
Otra opción más descabellada señala que ya fuese por la vergüenza de haberse salvado o haberse escondido durante su cautiverio, prefirió desaparecer y refugiarse en un monasterio extranjero donde habría fallecido.
Otras fuentes aseguran que el obispo fue realmente asesinado en febrero de 1939 durante la retirada de La Seu d'Urgell hacia Andorra por dos miembros de la CNT.
El caso es que El Vaticano dejó vacante la diócesis de Barcelona hasta una fecha tardía como 1942, cuando desde 1937 nombraba sucesores de otros obispos muertos en la guerra española.
El proceso de beatificación de Irurita comenzó en 1958 y, tras la interrupción en 1962 de las causas relacionadas con víctimas de la guerra civil, en 1993 fue el arzobispo de Barcelona Ricard Maria Carles quien impulsó la reactivación del proceso.
En enero del año 2000, el arzobispado de Barcelona reveló que, dentro del proceso de canonización de Irurita, había exhumado en secreto el cuerpo del obispo para extraer el ADN y compararlo con el de dos de sus hermanas, fallecidas y enterradas en Valencia. Las pruebas revelaron que correspondían al prelado con una probabilidad del 99,9%.
Recientemente, un libro publicado por José Javier Echave-Susaeta titulado "Monseñor Manuel Irurita. obispo de Barcelona. Mártir por querer que Cristo reinara en su diócesis", asegura que el ADN mitocondrial certifica que Manuel Irurita murió fusilado en 1936.
El obispo Irurita tiene una plaza en el barrio de San Juan en Pamplona, entre las avenidas de Bayona y de Barañáin, desde el 30 de enero de 1970 donde más tarde se construyó un aparcamiento subterráneo.
Manuel Irurita Almándoz dio su nombre durante 49 años al colegio de su localidad natal, Larráintzar, hasta que EH Bildu solicitó el cambio de nombre en 2015.