PAMPLONA

El PSN se autodenomina 'oposición' en Pamplona, tras encumbrar y aprobarle todo a Asirón

El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron (EH Bildu), Koldo Martínez (Geroa Bai) y Txema Mauleón (Contigo Zurekin), como representantes del gobierno municipal, y Marina Curiel (PSN-PSOE), firman el acuerdo alcanzado por las cuatro formaciones que permitirá la aprobación de los presupuestos del Ayuntamiento de Pamplona para 2024. IÑIGO ALZUGARAY
El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron (EH Bildu), Koldo Martínez (Geroa Bai) y Txema Mauleón (Contigo Zurekin), como representantes del gobierno municipal, y Marina Curiel (PSN-PSOE), firman el acuerdo alcanzado por las cuatro formaciones que permitirá la aprobación de los presupuestos del Ayuntamiento de Pamplona para 2024. IÑIGO ALZUGARAY
Lo han hecho en una rueda de prensa en la que, para justificar que apoyarán las cuentas de Pamplona este jueves sin rechistar.

Los socialistas de Pamplona se han autoproclamado a sí mismos 'oposición', cuando desde la moción de censura que apoyaron para conservar la presidencia del Gobierno de Navarra y la de Pedro Sánchez al frente del Gobierno de España, han votado favorablemente prácticamente todas las iniciativas planteadas por el alcalde Asirón.

Lo han hecho en una rueda de prensa en la que, para justificar que apoyarán las cuentas de Pamplona este jueves sin rechistar, dicen haber jugado un papel destacable en las mismas.

"Estamos liderando una oposición responsable e influyendo de manera constructiva en la gestión municipal", ha destacado la portavoz socialista Marina Curiel, que con su voto contribuirá al sangrado del bolsillo de los pamploneses con una histórica subida de impuestos.

Frente a la "política destructiva de la derecha", Curiel ha reafirmado "el compromiso del PSN con el progreso y la estabilidad", argumentando que "la sociedad pide un futuro seguro basado en el entendimiento y el respeto".

Curiel se ha atribuido el mérito de las inversiones en el Paseo de Sarasate, una iniciativa bloqueada por su partido y sus socios de Bildu, o el corredor de Pio XII, que se está ejecutando sin el tan cacareado proceso de participación y por supuesto, sin el consenso de los vecinos y comerciantes de la zona.