El encierrillo nocturno de San Fermín que muy pocos conocen: los toros del encierro en silencio y sin corredores
Cuando la noche cae sobre Pamplona y la fiesta parece bajar el volumen, ocurre uno de los momentos más singulares de San Fermín. No tiene la explosión del cohete de las ocho de la mañana. No hay corredores, ni gritos, ni carreras por la calle Estafeta. Solo oscuridad, silencio y toros.
Es el Encierrillo de San Fermín, el traslado nocturno de las reses que al día siguiente protagonizarán el encierro de Pamplona. Un recorrido breve, de apenas 440 metros, que une los Corrales del Gas con los corrales de Santo Domingo y que convierte una operación ganadera en un rito cargado de tensión.
El Encierrillo de San Fermín, la cara más silenciosa de la fiesta
Pamplona vive sus días grandes entre música, calles llenas, pañuelos rojos y el pulso acelerado del encierro de San Fermín. Sin embargo, existe otra escena muy distinta dentro de las fiestas. Una escena sobria, casi secreta, que se desarrolla cuando la ciudad entra en la noche.
En ese momento, los seis toros que correrán el encierro del día siguiente salen de los Corrales del Gas y avanzan hacia Santo Domingo, el punto desde el que partirán por la mañana. Es un trayecto corto, pero esencial para que todo esté preparado antes del encierro.
El Encierrillo no busca el espectáculo. Su fuerza está precisamente en lo contrario: en la calma, en la oscuridad y en la obligación de no alterar a los animales.
Un traslado nacido por necesidad en Pamplona
El origen del Encierrillo de Pamplona está ligado a una necesidad práctica. Según el contenido aportado, el procedimiento se estandarizó en 1899, después de que el año anterior se produjera un incidente durante el traslado de las reses, que llegaron a escaparse y provocaron el caos en la ciudad.
Desde entonces, el Ayuntamiento de Pamplona ha blindado este momento de las fiestas de San Fermín. El objetivo ha sido garantizar que los toros lleguen al corral de salida en las mejores condiciones posibles, sin estrés añadido, sin calor y sin distracciones propias de un traslado diurno con público.
Así, lo que nació como una medida de seguridad se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los actos más especiales de los Sanfermines.
Silencio absoluto antes del encierro de Pamplona
Si el encierro de San Fermín de las ocho de la mañana es adrenalina pura, el Encierrillo es su reverso. Aquí manda el silencio. Cualquier sonido inesperado, cualquier luz o cualquier gesto fuera de lugar puede romper la tranquilidad de la manada y aumentar el riesgo del traslado.
Por eso, el ambiente tiene algo de ceremonia. Sobre las 22:00 horas, el toque de clarín anuncia que el recorrido está despejado. A partir de ahí, los pastores y el personal autorizado guían a los animales con precisión por el camino que va desde el entorno del río Arga hasta la cuesta de Santo Domingo.
No hay corredores. No hay público mezclado con los toros. No hay ruido festivo. Solo se escucha el golpe de los cascos sobre el suelo y el avance de la manada en la oscuridad.
Ese sonido seco recuerda que antes del mito del encierro está el animal. Y que en San Fermín, por encima de todo, el toro sigue siendo el gran protagonista.
Acceso restringido al Encierrillo de San Fermín
El Encierrillo no es un acto público de libre acceso. Esta es una de sus grandes diferencias con otros momentos de las fiestas de Pamplona.
La prioridad es la seguridad y la tranquilidad de las reses. Por eso, el acceso al recorrido está estrictamente limitado. El Ayuntamiento de Pamplona gestiona la asistencia mediante pases nominativos, que se sortean semanas antes, durante el mes de junio.
No hay venta de entradas. Tampoco se puede acceder libremente al recorrido. Quienes consiguen uno de esos pases deben cumplir unas normas muy claras: no usar flash, no hablar en voz alta y no realizar ningún comportamiento que pueda alterar a los toros.
La experiencia, por tanto, exige contención. Ver el Encierrillo de San Fermín no consiste en mirar una escena más de la fiesta, sino en respetar un momento delicado de la tradición.
Los toros ya esperan en Santo Domingo
El Encierrillo termina cuando los toros entran en los corrales de Santo Domingo. Allí permanecerán hasta la mañana siguiente, cuando el cohete anuncie el inicio del encierro de Pamplona.
Ese instante marca el verdadero prólogo del encierro. La calma antes de la carrera. La noche antes del estruendo. El silencio antes de que miles de personas miren hacia las calles de Pamplona para seguir uno de los momentos más conocidos de San Fermín.
El Encierrillo se ha mantenido como una tradición austera, alejada del ruido y de la exposición masiva. Y precisamente por eso conserva una fuerza especial. En unas fiestas conocidas en todo el mundo por la intensidad de sus calles, este traslado nocturno recuerda que hay momentos de San Fermín que no necesitan ruido para impresionar.