SOCIEDAD

El grito desesperado de un paciente de diálisis en Navarra: "Pasamos cuatro horas en la ambulancia, no podemos más"

Una enfermera y una paciente renal en diálisis.

Los pacientes de diálisis de Tudela, algunos de hasta 85 años, relatan el agotamiento de los desplazamientos a Pamplona y las dificultades que sufren sus familias.

“Un viaje de dos horas es agotador para cualquier persona. Algunos estamos cuatro horas en la ambulancia, tres veces a la semana, más la diálisis y las esperas. No podemos más”. Es el testimonio de uno de los 45 enfermos renales de Tudela y de distintas localidades de la Ribera que llevan semanas desplazándose hasta Pamplona para recibir un tratamiento del que depende su vida.

Detrás de los problemas detectados en el circuito de aguas del Hospital Reina Sofía hay una realidad que va mucho más allá de una incidencia sanitaria. Hay personas mayores, enfermas y agotadas que salen de casa a las seis de la tarde y no regresan hasta las tres de la madrugada. Y familias que tampoco pueden descansar hasta comprobar que sus seres queridos han vuelto.

La mayoría de los pacientes afectados supera los 70 años. Algunos tienen hasta 85 y padecen otras enfermedades que complican todavía más su situación. Para ellos, el desplazamiento en ambulancia no es un simple viaje. Es un esfuerzo físico que se suma a las cuatro horas de hemodiálisis que necesitan para seguir viviendo.

Cada jornada comienza en diferentes pueblos de la Ribera. Las ambulancias recogen a los pacientes y realizan distintas paradas antes de llegar al Hospital Universitario de Navarra. Los recorridos pueden alcanzar entre 80 y 120 kilómetros, dependiendo de las localidades y de las personas que deban trasladar.

A continuación llega el tratamiento. Cuatro horas conectados a una máquina de diálisis, a las que hay que añadir los tiempos de espera y el posterior regreso a casa.

El resultado son jornadas de hasta nueve horas fuera de sus hogares, tres veces por semana, que han alterado completamente sus rutinas y sus horarios de descanso.

Para una persona joven y sana, llegar a casa a las tres de la madrugada ya supondría un trastorno importante. Para alguien de 80 u 85 años, con una enfermedad renal y otras patologías, el esfuerzo puede resultar especialmente difícil.

Pero el sufrimiento no termina cuando la ambulancia llega a la puerta de casa.

Muchos de estos pacientes necesitan que alguien les ayude a bajar del vehículo, entrar en su vivienda o acostarse después de tantas horas de tratamiento y desplazamientos. Sus familiares permanecen despiertos esperando su regreso, aunque pocas horas después tengan que levantarse para trabajar.

La situación ha llegado al extremo de que, según los testimonios trasladados a este periódico, algunos profesionales del transporte sanitario han tenido que acompañar a los enfermos hasta sus viviendas y ayudarles a acostarse en plena madrugada.

La preocupación entre las familias es cada vez mayor. No se trata únicamente del cansancio físico, sino de las consecuencias que puede tener la alteración continuada del descanso en personas que ya presentan una elevada fragilidad.

Así lo refleja otro de los testimonios recibidos en la redacción de este periódico.

“Estamos en tierra de nadie, con pacientes en la mayoría de los casos pluripatológicos que están muy cansados”, denuncia una persona afectada por la situación, que también expresa su temor a que estos desplazamientos terminen agravando los problemas de salud de algunos enfermos.

A la dureza de las jornadas se suma la incertidumbre. Los pacientes no saben con exactitud cuándo podrán recuperar sus tratamientos habituales en Tudela, ni cuándo terminarán los viajes nocturnos a Pamplona.

Una persona afectada asegura que ha solicitado explicaciones por escrito al Gobierno de Navarra y a la gerencia del Hospital Reina Sofía, sin haber recibido respuesta.

“Yo personalmente me he puesto en contacto vía carta con el Gobierno de Navarra y con Gerencia del propio hospital y no recibimos respuesta”, lamenta.

Los enfermos quieren conocer las causas de la incidencia, saber qué actuaciones se están realizando y tener una fecha aproximada para regresar a su unidad habitual de diálisis.

Mientras tanto, han querido destacar la atención de los profesionales sanitarios que los acompañan y de los equipos del Hospital Universitario de Navarra, que han tenido que reorganizar su trabajo para habilitar un tercer turno de diálisis.

No cuestionan el trato recibido por médicos y enfermeras. Lo que reclaman es recuperar cuanto antes una vida que ya estaba condicionada por su enfermedad y que ahora se ha complicado todavía más.

Porque, detrás de los datos sobre circuitos de agua, análisis microbiológicos y reorganización hospitalaria, hay 45 personas que necesitan seguir recibiendo un tratamiento vital.

Y que, como ha resumido uno de los propios pacientes, después de tantas horas en ambulancia, tantos viajes y tantas noches sin descansar, ya no pueden más.