El hallazgo en viejos informes ambientales que cambia lo que se sabía de la fauna amenazada en Navarra
Miles de datos sobre biodiversidad recogidos en evaluaciones ambientales en España han permanecido durante años en informes técnicos y resoluciones administrativas. Ahora, un estudio del Instituto BIOMA de la Universidad de Navarra ha demostrado que recuperar esa información puede cambiar de forma notable el conocimiento sobre la distribución de especies amenazadas.
La investigación, publicada en Biodiversity Informatics, ha rescatado lo que los autores denominan “datos oscuros”: información generada en trabajos de campo, pero que no había quedado incorporada a las plataformas científicas abiertas. En el caso de Navarra, esos datos han permitido localizar 27 registros de 17 especies diferentes.
Entre esos registros figuran nueve aves y ocho murciélagos, distribuidos en cuatro localidades navarras. El dato más relevante aparece al fijarse en las especies catalogadas como en peligro de extinción, donde el estudio ha encontrado presencia de tres especies: el milano real, el avetoro común y el sisón común.
“Si nos centramos en las catalogadas como en peligro de extinción, encontramos registros de presencia de tres especies: milano real (Milvus milvus) en Lazagurría, Mendavia, Ujué y Peralta; de avetoro común (Botaurus stellaris) en Peralta; y de sisón común (Tetrax tetrax), también en Peralta”, ha señalado Maite Telletxea, autora del estudio junto con Rafael Miranda, Arturo H. Ariño y David Galicia.
La investigación ha puesto el foco en una idea sencilla, pero de gran impacto para la conservación ambiental: muchos datos útiles ya existen, pero no siempre están disponibles para quienes estudian la biodiversidad. Es decir, no se trata solo de salir de nuevo al campo, sino también de ordenar, abrir y aprovechar información que ya ha sido recogida.
“Necesitamos datos fiables y robustos para enfrentar la crisis de biodiversidad actual y, sin embargo, una gran cantidad de datos permanecen ocultos. En este contexto, destacamos la importancia de sacar a la luz los resultados de los trabajos de campo de evaluación ambiental, ya que pueden constituir una fuente de información específica y complementaria, útil para conocer el estado actual de las especies más amenazadas”, ha asegurado Telletxea.
El trabajo ha analizado los datos procedentes de procesos de evaluación ambiental y los ha comparado con registros ya accesibles en plataformas abiertas como Global Biodiversity Information Facility, conocida como GBIF. La comparación ha mostrado que incorporar esa información olvidada amplía el conocimiento sobre la distribución de las especies.
Según los resultados del estudio, al sumar esos “datos oscuros”, la extensión de presencia crece un 23% y el área de ocupación, es decir, la superficie real ocupada por las poblaciones de una especie, aumenta en el 93% de las especies amenazadas registradas en campo.
La investigación se ha centrado en 43 especies amenazadas de la España peninsular. Los autores han comprobado que esta información adicional no solo ayuda a completar vacíos geográficos, sino que también aporta registros más recientes. En ocho especies, han detectado una ampliación media de 1,9 años en la cobertura temporal de los datos disponibles.
Algunos de los casos más llamativos son el del águila imperial ibérica y el del nóctulo mediano. Según el estudio, estas especies experimentan incrementos de cerca del 9% y del 14%, respectivamente, en parámetros poblacionales relacionados con su área de distribución.
Para los investigadores, rescatar esta información se presenta como una estrategia eficiente para tomar mejores decisiones en materia de gestión ambiental. No solo permite saber mejor dónde están determinadas especies, sino que ayuda a diseñar medidas de conservación más ajustadas a la realidad.
“Nos jugamos mucho con el conocimiento de nuestra biodiversidad y la información, en ocasiones oculta, debe cumplir los principios FAIR —encontrables, accesibles, interoperables y reutilizables— para que podamos tomar las medidas oportunas, las más eficientes y adecuadas para la conservación de las especies más amenazadas”, ha afirmado el investigador Rafael Miranda.
Los autores del estudio defienden que esta vía resulta especialmente valiosa porque aprovecha información ya generada y financiada. En otras palabras, permite mejorar el conocimiento sobre la fauna amenazada sin necesidad de repetir campañas de campo que ya se han realizado previamente.
“Movilizar datos ya existentes es una estrategia muy rentable para mejorar la cantidad y la coherencia de los registros de biodiversidad sin requerir esfuerzos de muestreo adicionales”, ha asegurado Telletxea.