Sociedad

María Segura, la vecina de Pamplona que cumple 100 años con una salud envidiable: "No sé lo que es ir al médico"

La centenaria María Segura López y su hija Cristina Sanz Segura en su domicilio de Pamplona. Navarra.com
Solo toma una pastilla diaria para la tensión, aunque ella misma reconoce con buen humor: “No sé ni si tengo la tensión alta”.

La vecina de Pamplona María Segura López ha cumplido 100 años este martes 28 de abril y lo ha celebrado rodeada de su familia con una misa en la capital navarra y una comida muy especial en el restaurante Túbal de Tafalla, que a los postres tuvo un bonito detalle con la centenaria.

Su nombre ya sonó hace un año, el día del famoso apagón eléctrico, cuando tuvo que subir andando 126 escaleras hasta el séptimo piso de su casa en Pamplona. Tenía entonces 99 años y el ascensor dejó de funcionar justo cuando volvía de la peluquería.

La celebración de su centenario comenzó a las 11.30 horas con una misa en la iglesia de los Padres Paúles de Pamplona, donde la familia quiso dar gracias por sus 100 años de vida. Después, todos se trasladaron hasta Tafalla para comer en el restaurante Túbal. Por la tarde, la jornada siguió en su domicilio, donde recibió la visita de vecinos y amigos que se acercaron a felicitarla.

María llega al siglo de vida con una salud envidiable. “No sé lo que es un dolor de cabeza. Desde hace muchos años no sé lo que es ir al médico”, cuenta con naturalidad. Se levanta sola, se ducha sin ayuda y se viste cada día en su casa. Solo toma una pastilla diaria para la tensión, aunque ella misma reconoce con humor: “No sé ni si tengo la tensión alta”.

Su hija Cristina le prepara la comida y la acompaña a caminar cerca de casa. María sale a la calle del brazo de su hija, pero no utiliza ni bastón ni andador. También conserva un apetito estupendo. “Todo me sienta bien. Como de todo”, explica. Le gustan mucho las pizzas y casi todos los días cena un sándwich caliente de jamón York que le prepara Cristina, acompañado de un poco de cerveza sin alcohol. “Está gloria bendita”, presume.

Quienes la conocen destacan su carácter positivo y optimista. Le encanta que su hija la lleve en coche a ver Pamplona, mantiene la cabeza perfectamente despierta y participa en todas las conversaciones. Cuando terminan los Sanfermines, pasa el resto del verano con su hija en su pueblo natal, donde recuerda con cariño las fiestas de cuando era joven.

María nació en Murieta, en Tierra Estella, y es la mayor de cuatro hermanas: María, Mari Carmen, Angelines y Marisa. En su juventud fue presidenta de las Hijas de María en su pueblo. Después del rosario de los domingos leía textos dedicados a la Virgen y cantaba junto a otras vecinas. Durante muchos años ha estado muy vinculada a la iglesia, a la Virgen y al canto, una afición que ha mantenido hasta hace poco.

En su juventud trabajó como modista. Primero aprendió a coser en casa de la Silvina, en Estella, y más tarde estudió corte y confección en una academia de Pamplona. Eran otros tiempos, cuando no había tiendas con tallas grandes, medianas o pequeñas como ahora. Los clientes compraban la tela y las modistas tomaban medidas para confeccionar trajes a medida.

Cristina Sanz, Nicolás Ramírez y María Segura en el restaurante Túbal de Tafalla. Navarra.com

A su casa de Murieta acudían clientes de algunas de las mejores familias del valle. Tenía tanta fama que llegó a contar con dos chicas que le ayudaban en el trabajo. Dejó esa etapa cuando se casó con Florián Sanz Basterra, natural de la vecina localidad de Ancín, el 23 de mayo de 1959.

La boda se celebró en la iglesia de Nuestra Señora de Rocamador, en Estella, y el banquete tuvo lugar en el restaurante La Cepa, uno de los más conocidos de la ciudad del Ega en aquellos años. De viaje de novios fueron a San Sebastián, donde vieron actuar a Antonio Machín.

Después, María y Florián se trasladaron a vivir a Portugalete, ya que su marido consiguió trabajo en la factoría de la Sociedad Española de Construcciones Babcock & Wilcox, en Galindo, entre Trapagaran y Sestao, en Vizcaya. Su única hija, Cristina, nació en el hospital de Cruces el 20 de abril de 1960. Fue sietemesina y, durante su estancia en el hospital, María escuchó comentarios de algunas madres sobre robos de niños recién nacidos.

Cuando Florián se jubiló con solo 58 años, en 1982, el matrimonio se trasladó a Pamplona, donde compró un piso. También pasó temporadas en Madrid, donde su hija trabajó como enfermera. Durante muchos años, María y Florián participaron en salidas al monte con el grupo Aitonak en Pamplona. Su marido falleció en 2018.

El canto ha sido otra de las grandes constantes de su vida. María cantó desde joven en el coro de Murieta y después en coros de parroquias de Portugalete y Madrid, además del coro de la Casa de Misericordia de Pamplona. “Me sé un montón de canciones en latín”, recuerda.