El pueblo de Navarra que ha "viajado" a 1176 para sellar un mensaje secreto que no se abrirá hasta 2076
Los Arcos ha vivido un fin de semana que ya forma parte de su historia reciente al celebrar por todo lo alto su 850 aniversario. La villa se ha transformado por completo para regresar al medievo, recordando aquel año 1176 en el que el rey Sancho VI el Sabio le otorgó sus fueros. Cientos de vecinos, la gran mayoría ataviados con vestimentas de la época, tomaron las calles para participar en un intenso programa que ha logrado unir el pasado más remoto con el futuro de la localidad.
La celebración comenzó con el rigor histórico de la mano de Luis Javier Fortún, pero pronto dio paso a la fiesta en la calle. Un pregonero medieval, acompañado por gigantes, dantzaris y la agrupación musical de Los Arcos, recorrió el municipio anunciando una efeméride que ha contado con la participación de representantes de toda la comarca, desde la Berrueza hasta las Cinco Villas y la vecina Laguardia. La convivencia fue la nota dominante, especialmente en la paellada popular que reunió a 380 comensales en la plaza de Santa María bajo un ambiente festivo inmejorable.
Sin embargo, más allá de la música y el mercado de artesanía, el fin de semana dejó dos momentos cargados de simbolismo. El primero tuvo lugar en la iglesia de Santa María, donde la luz del sol, en un fenómeno astronómico que solo se repite dos veces al año, iluminó de forma exacta la imagen de la Virgen en la portada justo cuando la coral Unión y Armonía ponía el broche musical. Un instante místico que coincidió con el cierre de una cápsula del tiempo. En ella, los vecinos han depositado mensajes y objetos que quedarán bajo llave durante los próximos 50 años, con la promesa de que no se abrirán hasta el año 2076.
Este aniversario no solo ha servido para recordar los privilegios que Sancho el Sabio otorgó a este antiguo bastión y burgo navarro, sino para reforzar el sentimiento de pertenencia de un pueblo que ha demostrado saber cuidar su identidad. Entre exhibiciones de cetrería, gincanas infantiles y jotas, Los Arcos ha sellado un fin de semana para el recuerdo, dejando un legado físico y emocional que ya espera a las generaciones venideras.