El pueblo de Navarra con solo 36 habitantes que guarda la leyenda más escalofriante del Pirineo
Una historia de bardos, crímenes y palomas que alimentaban a un condenado en vida, donde una tragedia medieval sigue viva en cada piedra y cada sendero.
En el corazón del Valle de Salazar, a 803 metros de altitud y rodeado de hayedos y picos nevados, se esconde Izalzu (Itzaltzu en euskera, que significa “lugar sombrío” o “hondonada de abetos”). Con apenas 36 habitantes, este diminuto pueblo pirenaico es uno de los más fríos y auténticos de Navarra: un rincón donde el invierno se siente de verdad, el silencio reina y una antigua leyenda sigue viva en cada piedra.
Izalzu no es un destino turístico masivo. No hay grandes hoteles ni multitudes. Solo casas de piedra con tejados a dos aguas, blasones en las fachadas y un ambiente que parece sacado de la Edad Media. Su clima atlántico-montano trae nevadas generosas y un aire puro que invita a desconectar por completo. Aquí la vida gira en torno a la ganadería, la madera y el respeto por la naturaleza, con la Selva de Irati a un paso y romerías ancestrales que mantienen viva la tradición.
Gartxot, el bardo emparedado
La gran curiosidad —y el motivo por el que muchos llegan hasta aquí— es la leyenda de Gartxot, un trovador medieval (siglos XI-XII) cuya historia macabra ha inspirado libros, zarzuelas, ópera y hasta una película. Según la tradición oral conservada en Izalzu, Gartxot era un bardo famoso que cantaba trovas sobre la Batalla de Roncesvalles. Trabajaba para los monjes de Roncesvalles, pero cometió un crimen horrendo: mató a su propio hijo Mikelot para evitar que los monjes se lo arrebataran (o, en otras versiones, por celos o para protegerlo de un destino peor).
Como castigo, fue emparedado vivo en una cueva o en las paredes de la iglesia (la versión más extendida apunta a la cueva de Elkorreta, en el término de Artoleta). Mientras agonizaba, unas palomas le llevaban comida en el pico, prolongando su sufrimiento. Su hijo Mikelot siguió cantando su historia, perpetuando la tragedia.
La leyenda, recogida por Arturo Campión en “El bardo de Itzaltzu” (principios del siglo XX), se ha transmitido de generación en generación. Hoy inspira la Ruta de Gartxot, un sendero circular precioso que pasa por hayedos, cascadas, miradores y la cueva donde supuestamente ocurrió todo. Es una ruta fácil-moderada (unos 10-12 km) que combina naturaleza brutal con el escalofrío de la historia. En 2026, sigue siendo una de las más demandadas en la Selva de Irati por su mezcla de belleza y misterio.
Qué no puedes perderte en Izalzu
- Iglesia de la Asunción (siglo XVI, gótico): sobria y con encanto, posible vínculo con el monasterio medieval.
- Puente medieval sobre el río Salazar: rincón fotográfico y de paz absoluta.
- Casas blasonadas y arquitectura pirenaica: fachadas de piedra, madera y tejados inclinados para la nieve.
- Ruta de Gartxot: el sendero estrella, con hayedos, regatas, cascadas y la cueva de Elkorreta como clímax escalofriante.
- Entorno: a minutos de la Selva de Irati, facerías comunales y la ermita de Nuestra Señora de Muskilda (romería el domingo tras el 10 de julio).
Dónde dormir y comer como un local
El referente es el Hotel Rural Besaro (16 plazas): acogedor, con restaurante de cocina de temporada (cordero del valle, trucha, setas, queso Roncal cercano) y vistas al paisaje pirenaico. Ambiente familiar y auténtico.
Otras opciones: casas rurales tradicionales donde te sentirás parte del pueblo.
Fiestas: patronales último fin de semana de junio; romería a Muskilda en julio.
Izalzu es de esos pueblos que te hacen bajar el ritmo, sentir el frío en los huesos y escuchar ecos de una historia que nadie quiere olvidar. Un lugar diminuto, helado, legendario y absolutamente cautivador.