Barrios vacíos, impuestos llenos
Es desolador pasear por los barrios de Pamplona y observar la persiana bajada de tantos negocios que, durante años, fueron el alma de nuestras calles. La izquierda navarra suele señalar a las grandes superficies como las únicas culpables, pero la realidad que transmiten los comerciantes es muy distinta: la asfixia viene de la propia administración.
El pequeño comercio no muere por falta de ganas, sino por una presión fiscal, tanto municipal como regional, que convierte el emprendimiento en una carrera de obstáculos imposible de ganar. Quienes iniciaron sus negocios con ilusión se encuentran hoy arruinados por una política económica que parece castigar al que genera empleo en el barrio.
A este problema se suma la incomprensible gestión del urbanismo. Mientras en comunidades vecinas como el País Vasco los lofts —locales convertidos en viviendas legales— son un éxito que da vida a las bajeras vacías y ofrece una alternativa económica para acceder a un hogar, aquí el Ayuntamiento de Pamplona los prohíbe en numerosas calles. No solo se niega una segunda oportunidad a locales que nunca volverán a ser tiendas, sino que se priva al ciudadano de viviendas que podrían costar hasta 100.000 euros menos que un piso convencional.
La respuesta de Bildu y sus socios del PSN es que "quieren que vuelva el comercio", pero es una contradicción flagrante: ¿quién va a abrir un negocio si se le asfixia a impuestos antes de empezar?
Señora Chivite, antes de buscar fotos en el extranjero, mire hacia sus barrios y solucione el desastre que sus políticas están provocando. Y señor Asirón, deje a un lado las banderas y recorra las calles para ver la realidad de las persianas echadas. Es hora de recapacitar y dejar de dar la espalda a los problemas reales de los pamploneses.
Carta de Juan Antonio Extremera