La cara oculta del coche eléctrico

Presentación de las Ayudas de la comunidad foral al coche eléctrico. PABLO LASAOSA
Carta al director enviada por Andrei Aranguren Bomba, alumno del Foro Europeo. 

El coche eléctrico se ha presentado como la solución frente a la contaminación y al cambio climático. Es evidente que la popularización de este tipo de coche reduciría la contaminación en las ciudades, ya que no emite gases como los motores de combustión.

No obstante, detrás de esta fachada de sostenibilidad se esconde una realidad muy diferente. Porque, si bien es indiscutible que conducir un vehículo eléctrico resulta mucho menos contaminante que otro de combustión, su fabricación y reciclaje no lo son. De hecho, la extracción de materias primas como el litio o el cobalto, clave en el coche eléctrico, es muy contaminante.

Hay que analizar los impactos del coche eléctrico, desde su fabricación hasta su disposición final, considerando tanto los efectos ambientales como sociales, éticos y económicos. No se trata de demonizar la tecnología, sino de visibilizar los impactos que se trasladan hacia regiones del tercer mundo. Cuestionarse el tema del coche eléctrico es relevante porque, mientras muchas políticas lo promueven como una panacea ecológica, otras lo consideran contaminación disfrazada.

¿Es viable el coche eléctrico? Para contestar a esta pregunta hay que tener en cuenta que fabricar un coche eléctrico requiere seis veces más minerales que uno de combustión, y no puede ser sostenible cuando las baterías deben ser sustituidas a los 8 años, o antes, ya que su duración se estima en unas 3.000 recargas completas. La demanda de minerales para su uso en coches eléctricos se multiplicará de forma exponencial. Además, la extracción de litio, cobalto y cobre en minas a cielo abierto produce desechos que contaminan el aire, las aguas superficiales y los acuíferos subterráneos, además de producir impactos sobre la flora y la fauna.

Tras el discurso de solución ecológica para reducir emisiones se esconde un conjunto de impactos ambientales, sociales y éticos inasumibles. Fabricar un coche eléctrico emite más gases de efecto invernadero que hacer otro de combustión, y antes de tomar decisiones drásticas habría que tener en cuenta el aviso de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) de que no hay materias primas suficientes para fabricar tantos coches eléctricos.

A continuación, vamos a analizar los principales problemas y costes ocultos asociados a esta tecnología, desde la producción hasta el reciclaje.

  1. El greenwashing es una forma de marketing verde que se usa engañosamente para promover la percepción de que los productos u objetivos de una organización son éticos y respetuosos con el medio ambiente para aumentar sus beneficios. En el caso de los coches eléctricos, se enfatiza que no emiten CO₂ durante su uso, ignorando las emisiones asociadas a la fabricación de baterías; las campañas publicitarias presentan imágenes de ciudades limpias y modernas, mientras se omite el impacto ambiental en las zonas mineras o en las fábricas de baterías. Se quiere un parque móvil sostenible y de cero emisiones, pero esta narrativa genera una falsa sensación de sostenibilidad.

  2. Reducción real de emisiones. Aunque un coche eléctrico no quema combustible fósil durante su uso, el cálculo de emisiones debe considerar el ciclo de vida completo del vehículo, incluyendo la extracción y procesamiento de minerales para baterías, el ensamblaje del vehículo, la generación de electricidad para la recarga —que puede provenir de fuentes fósiles— y la gestión de baterías usadas y residuos electrónicos. Estudios recientes muestran que las emisiones totales de un coche eléctrico pueden superar a las de uno de combustión durante los primeros años, cuestionando la idea de cero emisiones.

  3. Impacto energético de producción y carga. La producción de una batería de litio de gran tamaño requiere grandes cantidades de energía eléctrica, a menudo generada con combustibles fósiles. La extracción y procesamiento de minerales críticos consume miles de litros de agua por tonelada de material, afectando a acuíferos locales y ecosistemas. El uso del coche eléctrico no es neutro: la carga diaria genera una demanda adicional de electricidad que, si proviene de energías fósiles, aumenta indirectamente la huella de carbono del vehículo. En suma, aunque los coches eléctricos no emitan gases durante su conducción, su impacto ambiental total no es despreciable y depende en gran medida de la fuente de energía eléctrica y del método de producción de sus componentes.

  4. Extracción de materias primas y minería. La producción de coches eléctricos depende de minerales críticos que no se encuentran en cualquier lugar y cuya extracción tiene graves consecuencias ambientales y sociales. El litio es uno de los componentes esenciales de las baterías, pero su extracción es una amenaza para los salares en Sudamérica, compromete la disponibilidad local de agua y pone en riesgo la supervivencia de las comunidades que habitan en torno a esos frágiles ecosistemas. El cobalto es otro mineral crítico para baterías, principalmente extraído en el Congo. Es un subproducto de la minería del níquel y el cobre y se extrae con el trabajo inhumano de niños y adultos. La deforestación y el empleo a gran escala de productos químicos tóxicos y radiactivos contaminan intensamente la zona.

  5. Impacto social y ético. La producción masiva de coches eléctricos provoca profundas repercusiones sociales y éticas, traducidas en injusticia social. Muchos de los problemas asociados a esta tecnología se concentran en las comunidades que proporcionan los minerales críticos, destacando el problema de la explotación infantil y las condiciones extremadamente peligrosas en que trabajan los mineros. Estos países sufren los costes medioambientales mientras los beneficios se concentran en los países industrializados. Se quiere mejorar la salud laboral en los países desarrollados, pero no en los países subdesarrollados donde se extraen los minerales.

  6. Reciclaje y gestión de baterías. Uno de los argumentos más utilizados para promocionar los coches eléctricos es que sus baterías son reciclables; sin embargo, la realidad es que las baterías de iones de litio presentan grandes desafíos técnicos y ambientales. Según la AIE, solo el 5% de las baterías de litio se recicla a nivel mundial. Todo esto cuestiona la narrativa de que los coches eléctricos son 100% sostenibles, mostrando que la sostenibilidad real requiere pensar en todo el ciclo de vida del producto, no solo en la fase de uso.

Andrei Aranguren Bomba
Alumno del Foro Europeo