Los pactos de la sensatez

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, frente al líder de VOX, en una imagen de archivo. EUROPA PRESS
Carta de Juan Antonio Extremera

Creo que, por fin, estamos empezando a ver algo de sentido común en la política española. Los movimientos de estos últimos meses y, especialmente, el pacto entre el Partido Popular y Vox en el Senado son un soplo de aire fresco en medio de tanta crispación, tanto enfrentamiento y tanta política del odio.

Ya era hora de que la derecha entendiera algo tan sencillo como importante: el Partido Popular y Vox no son enemigos. Pueden tener diferencias, y las tienen, pero no pueden permitirse el lujo de ignorarse mientras España necesita una alternativa política seria.

Porque, seamos claros, ¿qué sentido tiene que dos partidos que defienden muchas cosas en común se miren de reojo mientras el sanchismo sigue haciendo de las suyas? ¿Desde cuándo discrepar en algunas cuestiones significa que uno deba convertirse en enemigo del otro?

La política no consiste en estar de acuerdo en todo. Consiste en saber distinguir entre lo importante y lo secundario, entre las diferencias legítimas y los objetivos que se pueden compartir.

Y eso es precisamente lo que espero de PP y Vox.

Mientras tanto, tenemos a Pedro Sánchez y a sus socios, con Bildu, ERC y Sumar, sosteniendo un proyecto político que, a mi juicio, está llevando a España a una división que no nos merecemos. Un proyecto en el que demasiadas veces parece que lo importante no es resolver los problemas de los españoles, sino mantener el poder a cualquier precio.

Y mientras unos buscan acuerdos, otros parecen sentirse más cómodos alimentando la confrontación. Ahí están las imágenes de tensión y los episodios de enfrentamiento que hemos visto en distintos puntos de España, también en Pamplona. Una sociedad democrática no puede acostumbrarse a que la discrepancia política termine convirtiendo nuestras calles en escenarios de enfrentamiento.

Los ciudadanos estamos cansados. Cansados de los insultos, de las etiquetas, de que nos quieran colocar permanentemente en dos bandos y de que algunos pretendan repartir carnés de demócrata según les convenga. España no necesita más muros. Necesita políticos capaces de construir puentes, aunque para ello tengan que dejar a un lado sus diferencias.

Por eso considero positivo el pacto del Senado. No porque PP y Vox tengan que pensar igual, ni porque deban renunciar a sus principios, sino porque demuestra que es posible entenderse cuando existe voluntad política.

Y que nadie se equivoque: entenderse no es rendirse, ni pactar significa renunciar a las propias ideas. Lo verdaderamente irresponsable sería negarse siquiera a hablar cuando los ciudadanos pueden estar pidiendo una alternativa de gobierno.

Ahora bien, este acuerdo debe ser el principio de algo más. Si después del 29 de noviembre los españoles deciden con sus votos que PP y Vox deben entenderse para formar un gobierno, tendrán que estar a la altura. Con diálogo, con responsabilidad y con generosidad. Cada partido tendrá sus líneas rojas, sus propuestas y sus prioridades, pero gobernar también significa saber ceder en aquello que no es esencial para poder avanzar en lo que sí lo es.

Y aquí quiero ser muy claro: no se trata de repartir sillones ni de hacer cuentas electorales. Se trata de ofrecer a los españoles un futuro mejor, con más libertad, más oportunidades, mejores servicios públicos y una política que se preocupe de los problemas reales de las familias.

España necesita recuperar la sensatez. Necesita dejar atrás la política del enfrentamiento permanente y volver a hablar de empleo, de vivienda, de impuestos, de seguridad y de los problemas cotidianos de quienes se levantan cada mañana para sacar adelante a sus familias.

Frente a quienes viven de la división, hacen falta acuerdos. Frente a quienes levantan muros, hacen falta puentes. Y frente a quienes consideran que todo vale para conservar el poder, hacen falta políticos que pongan a España y a los españoles por delante de sus intereses partidistas.

Por eso, enhorabuena al Partido Popular y enhorabuena a Vox por este acuerdo en el Senado. Espero sinceramente que sea el primero de muchos y que ambos partidos comprendan que sus diferencias no pueden convertirse en la excusa perfecta para dejar el camino libre a quienes quieren seguir gobernando España con los mismos socios y las mismas políticas.

Porque, al final, los pactos no tienen que gustar a todos los partidos. Tienen que servir a los ciudadanos.

España no necesita más muros, más odio ni más enfrentamiento. Necesita sensatez, libertad y políticos capaces de entenderse por el bien de su país. Y si PP y Vox han empezado a comprenderlo, que no se queden a medio camino. Los españoles merecemos mucho más que una derecha enfrentada y una izquierda instalada en la crispación.

Carta de Juan Antonio Extremera