Profesorado de Religión y demagogia
A iniciativa del PSOE y Contigo-Zurekin, se quiere recortar por enésima vez la plantilla del profesorado de Religión en la Escuela. Las acusaciones son las de siempre: la demanda de esta asignatura ha bajado y, por tanto, sobran docentes porque no hay suficientes horas.
Pero no es verdad que la demanda haya disminuido. Si uno repasa los datos de las últimas décadas, puede ver cómo han sido los distintos gobiernos los que han ido devaluando la Religión, a pesar de las denuncias de familias, profesores y otras entidades. La hemeroteca también nos brinda mucha información acerca de irregularidades en el proceso de matriculación en los colegios.
En esta deriva, la última puntilla la dio la ley Lomloe, reduciendo a la mitad el horario de la asignatura. ¿Cómo impartir algo en una sola hora semanal? También se impuso que esta disciplina no se evaluara ni computara para la media. Por tanto, la Administración ha sido beligerante contra la Religión, pues no ha permitido que se impartiera con normalidad.
Después, los profesores previamente contratados por el Gobierno son precarizados por la reducción horaria que el propio Gobierno ha llevado a cabo, para seguidamente ser acusados de privilegiados por intentar mantener sus contratos. Surrealista.
Por otro lado, ¿cuántas horas y recursos económicos se han invertido en los últimos años en inglés, castellano o euskera, por poner un ejemplo? Son muchísimas horas y recursos. Necesarios, ciertamente. Sin embargo, ¿qué relación hay entre la inversión y los resultados obtenidos? No hay más que ver el informe PISA u otros estudios para saber que es totalmente desproporcionada. Pero, por esta razón, no se señala a ningún colectivo docente como culpable.
Está claro que este recurso, tan manido, de enfilar a los de Religión obedece a una fijación ideológica, cuando no a la necesidad de desviar la atención sobre otros problemas. Si se quiere mejorar la Enseñanza, bienvenido sea, pero debería ser con la verdad por delante y tratando a todo el mundo por igual. Para afrontar los graves retos de la Educación hace falta más seriedad y menos demagogia.