La puerta invisible de Salud Mental
Carta al director enviada por una administrativa de un centro de Salud Mental en Navarra.
En los últimos meses se habla mucho —y con razón— del desgaste de los profesionales sanitarios, de la sobrecarga en Atención Primaria y del deterioro de la salud mental de la población. Sin embargo, hay un colectivo del que apenas se habla y que también sostiene cada día una parte especialmente compleja del sistema sanitario: el personal administrativo de Salud Mental.
Nosotras también sostenemos el sistema.
Somos quienes recibimos a personas en crisis, angustiadas, desbordadas o profundamente enfadadas con la vida y con el propio sistema. Escuchamos insultos, amenazas y agresiones verbales con demasiada frecuencia. Intentamos mantener la calma mientras, al otro lado, hay sufrimiento, desesperación o situaciones emocionalmente muy complejas.
Y todo ello desde una enorme invisibilidad.
La ciudadanía quizá desconoce que, en Salud Mental, el trabajo administrativo no consiste solo en “dar citas”. Somos la primera acogida de muchas personas vulnerables y de sus familias. Organizamos agendas especialmente complejas, gestionamos situaciones delicadas e intentamos contener tensiones en uno de los entornos más sensibles de la sanidad pública.
Aunque no realizamos funciones clínicas, el conocimiento acumulado de los pacientes, de los profesionales y del funcionamiento de los centros hace que muchas veces seamos una pieza clave para orientar, contener y facilitar la atención en situaciones especialmente delicadas.
También recibimos de lleno el impacto del deterioro del sistema.
Cuando faltan recursos, cuando las listas de espera desesperan o cuando no existen respuestas rápidas o suficientes, quienes estamos en admisión somos la cara visible. Aunque no decidamos la atención asistencial, convivimos diariamente con la presión de personas y familias que necesitan ayuda inmediata y muchas veces no entienden por qué no pueden acceder antes a ella.
Aun así, el enfado termina descargándose sobre nosotras.
Nos hemos acostumbrado demasiado a normalizar lo inaceptable: salir del trabajo con ansiedad, agotamiento emocional o miedo. Escuchar gritos como parte habitual de la jornada. Soportar faltas de respeto continuas mientras seguimos intentando atender con humanidad y profesionalidad.
Esa invisibilidad también se refleja en el escaso reconocimiento institucional que recibe nuestro trabajo, una situación que incluso el Defensor del Pueblo de Navarra ya señaló en relación con el personal administrativo de Salud Mental.
Pero esto no va solo de reconocimiento laboral.
Va de dignidad.
Va de entender que detrás de cada mostrador hay personas sosteniendo diariamente situaciones muy difíciles. Va de comprender que el personal administrativo no es una pieza menor del sistema sanitario, sino parte esencial de su funcionamiento.
Pedimos respeto.
Pedimos protección real frente a agresiones.
Pedimos recursos suficientes.
Pedimos respaldo institucional.
Pedimos reconocimiento.
Porque la salud mental también empieza en admisión.
Personal administrativo de Salud Mental de Navarra