Universidades: mejorar compitiendo

Estudiantes, en la UPNA. CEDIDA
Carta al director enviada por José Iribas Sánchez de Boado Director de RRII de CampusHome y ex Consejero de Educación. 

La competencia, también en el ámbito universitario, es una oportunidad para mejorar. Obliga a todos a “ponerse las pilas”. Ello si quieres hacer tu institución, si no rentable, al menos sostenible. ¿Para qué? Para intentar ser tan bueno como el que más. O mejor. Y para ello, hay que contar con profesionales muy competentes, en permanente formación, revisar la calidad de tus estudios o programas, renovar
metodologías y centrarte en el estudiante. Eso es algo bueno, más aún: imprescindible.

Sorprenden (o más bien no) las recientes declaraciones de Pedro Sánchez, planteando limitaciones a la apertura de nuevas universidades privadas y… a otras ya existentes.

Bajo el disfraz de presunta apuesta por la calidad, me temo que hay una medida (otra más) intervencionista. Otros la llamarían liberticida. Y otros más pensarían que está destinada a proteger el número de matrículas en el sistema público; o a inyectarle las inscripciones de aquellos estudiantes
que, si tuvieran opción, pagarían por ir a otro lugar.

Hay algo indiscutible: la calidad idónea, que doy por hecho que se ha garantizado hasta ahora (lo otro sería irresponsable y terrible), se debe seguir exigiendo. Mediante agencias de evaluación y con los criterios estrictos con que se ha actuado; pero no con nuevas barreras administrativas o legales que, además, no nacen precisamente del pacto. Porque no se trata de cerrar instituciones o impedir que surjan, no se trata de restringir la oferta, para que los estudiantes tengan menos donde elegir libremente, sino de aumentar la demanda.

Me explico: España tiene un sistema universitario diverso, y eso es una fortaleza. Las universidades públicas y privadas deben convivir, sin duda;, pero no es nada negativo que compitan por captar talento, innovar su oferta y proyectarse internacionalmente.

Me parece que, en lugar de frenar la creación o el mantenimiento de nuevas instituciones, el reto está en atraer a más estudiantes, especialmente internacionales y, dentro de ellos, al enorme universo de habla hispana. Ahí tenemos como nación una enorme oportunidad estratégica: consolidar y hacer crecer a España como destino educativo global para los más de 500 millones de hispanohablantes.

No se trata, por eso, de eliminar opciones, sino de favorecer que cada vez seamos más atractivos para ese gran mercado. O, por expresarlo mejor: tenemos que ser capaces de captar -y retener- más talento en formación o investigación.

La universidad española -pública o privada- puede y debe abrirse al mundo, aún más, reforzando su calidad desde la libertad, la colaboración y, sí, también desde la competencia. ¿Nos llevan las políticas gubernamentales a ello? Me temo que no. El desarrollo de la LOSU ¿va a ir, precisamente, en la línea
de potenciar la captación de estudiantes internacionales? Un humilde consejo: No toques lo que funciona; los experimentos, con gaseosa.