Por “culpa” de un Papa

"Ese sendero que un día, mamá, iniciaste con la visita a Juan Pablo II, que más de cuarenta años después he continuado con León XIV y que, tal vez, tus nietos un día retomen con un próximo Papa"

El pasado jueves 11 de junio, la isla de Gran Canaria recibió la histórica visita del Papa León XIV.

Una cita que será recordada por siempre.

El revuelo fue de proporciones hasta ahora desconocidas: restricciones de circulación, teletrabajo, suspensión de obras de carreteras, movilización multitudinaria…

Déjenme que les cuente algo.

Corría el año 1982. Era noviembre.

Un viento huracanado daba la bienvenida al Papa Juan Pablo II en el castillo de Javier.

Cuentan las crónicas que se dieron cita en la localidad entre 80.000 y 110.000 personas.

Entre ellas estabas tú, mamá.

Lo recuerdo perfectamente. Pocos y muy ambiguos son los recuerdos que atesoro de aquella temprana edad, pero sí el de aquella jornada.

Nos quedamos al cuidado de mi padre en aquel desapacible día en el que no paró de llover.

No olvidaré aquella noche en la que se fue la luz. Quizás también se marchó a ver al pontífice de origen polaco. Con velas, finas y alargadas, escuchábamos el viento golpear con fiereza los cristales de la ventana, mientras unas nimias gotas de luz se suspendían en la penumbra.

El pasado jueves te tuve en mi memoria.

Hice la peregrinación hasta el estadio donde se celebraba la eucaristía pensando en ti, y en Juan Pablo II, y en la localidad de Javier, y hasta en el apagón eléctrico de aquella infantil y misteriosa noche de noviembre de 1982.

Mi hija Amalia, a punto de cumplir tres años, me preguntó adónde me marchaba y le respondí que a ver al Papa León. Dale un beso a mamá León, me dijo.

¡Ay, si no hay nada más bello que un corazón inocente!

Ya todo ha vuelto a su ser.

Su Santidad ya descansa en el Vaticano, mientras, como apuntaba Joan Manuel Serrat en una de sus canciones, el pobre vuelve a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas.

Pero algo queda.

Quizás, un camino abierto al mañana.

Ese sendero que un día, mamá, iniciaste con la visita a Juan Pablo II, que más de cuarenta años después he continuado con León XIV y que, tal vez, tus nietos un día retomen con un próximo Papa.

Y así nacen ciertas tradiciones familiares.

Sin desearlo. Sin buscarlo. Sin proponerlo.

Así… por “culpa” de un Papa.