“Altas capacidades”: Qué bueno es reírse de uno mismo

Fotograma de la película "Altas capacidades"
La nueva ficción del guionista de “8 apellidos vascos”, Borja Cobeaga, se ríe de todos los que creen que su hijo es Einstein

El cine español ha sido muy conocido por sus comedias; era su género más popular del siglo XX y de principios de los 2000. Eran películas con capacidad para impactar en la cultura popular. Poco a poco se fueron abandonando o dejaron de interesar, con las excepciones de Segura y de los apellidos autonómicos.

La comedia nacional es algo que nunca podrá sustituir ninguna gran franquicia de Hollywood porque funciona a un nivel muy concreto. Justo hace unos días nos enterábamos de que la saga de Torrente ha hecho más dinero en España que la saga A todo gas.

Quizás esta escasez de comedia venga de la mano de que es menos exportable y también de que ha caído nuestra capacidad para reírnos de nosotros mismos.

Por eso resulta tan refrescante cómo Altas capacidades se ríe, entre otras muchas cosas, del progresista medio que defiende lo público hasta que tiene oportunidad de disfrutar de lo elitista. Y, a la vez, hay suficientes golpes a los pijos y al sistema capitalista como para que la parroquia del cine español no la vea como una propuesta “reaccionaria”.

Sinopsis: Alicia y Gonzalo, una pareja de clase media, se encuentran con la oportunidad de matricular a su hijo Fer en un colegio laico de élite; dicen hacerlo por su hijo, pero también es una oportunidad de mejorar el estatus de toda la familia. En Baiona y Morea.

https://www.youtube.com/watch?v=OgMDvjVWY5I

La película despierta muchos debates, además de la vergüenza ajena que genera la pareja protagonista (recuerda a la serie Vergüenza). Ese no decir nunca lo que uno piensa. O la limitada capacidad social de solo saber moverse por el mundo con frases hechas.

Como muchos de nosotros, los protagonistas se meten en líos que crean ellos mismos por no querer ver su verdadero problema y por no saber por qué hacen lo que hacen. Si, además, le añadimos mentiras con patas muy cortas, el caos está garantizado.

El hecho de que los protagonistas estén intentando llevar a su hijo a un colegio privado de corte chupi guay, creativo, con un barniz hippy... y no a uno privado religioso da una madurez a la historia y a sus creadores que no vemos habitualmente.

Que los padres protagonistas no quieran ver que es un colegio elitista, sino uno “potenciador de capacidades” para niños “sensibles” y “especiales”, es lo que les dota de un humanismo lamentable que nos genera empatía y grima al mismo tiempo.

Supongo que es algo que los profesores experimentan a menudo: padres que ven a sus hijos como artistas incomprendidos. Y, aunque a veces sea así, la estadística dice que se trata más de chicos normales con padres que quieren creer que tienen un genio entre manos que los saque de la clase media y, quizás más importante, del anonimato.

Como dijo muy bien una de las mejores cómicas actuales de nuestro país, Victoria Martin:

“Mírame a los ojos. No tienes altas capacidades. Ni TDAH ni PAS. Eres una floja a la que le dan miedo los petardos. No puedes concentrarte porque TikTok te ha freído el cerebro y te aburrías en clase porque eres tontísima. No es porque estés al nivel de Marie Curie. ¿Por qué ibas a ser tú? No hay tantos PAS, no hay tantos TDAH. Todo el mundo tiene altas capacidades y luego yo solo me encuentro a subnormales. El tío dice que es altas capacidades y luego el único libro que se ha leído es Fray Perico y su borrico”.