El castillo: los Ábalos y los Torrente no se extinguieron

Los responsables de la serie de 6 episodios de Movistar +, El Castillo.
Se agradece que en este caso haya delicadeza en lo que se nos muestra, sin blanquear ese mundo horrible ni hacernos sufrir más de lo necesario. Ni se dan palizas todos los días ni hay nada agradable para estas mujeres.

Las primeras imágenes de El castillo ya tenían muy buena pinta, recordaban a otra de Movistar que me encanta: Gigantes. Además, sus creadores son la guionista habitual de Sorogoyen y uno de los directores de Antidisturbios, para mí la otra gran ficción reciente del brazo audiovisual de Telefónica. Todas estrenadas en el Festival de San Sebastián.

Sinopsis: Liesa, un inspector de policía, intuye que algo está cambiando en los burdeles de España. Suizo (Raúl Arévalo) y sus socios dirigen varios clubes de carretera, donde se explota sexualmente a mujeres de todo el mundo.

Se nota que no han querido repetir la violencia habitual que rodea a los puticlubs en la ficción. Tampoco reiteran la estética de pasarelas ni nada remotamente atractivo. Todo es muy patético y tan bonito como la espalda de un frigorífico. Aun así, la serie me recuerda mucho al Bada Bing, el club de striptease de Los Soprano.

Se agradece que en este caso haya delicadeza en lo que se nos muestra, sin blanquear ese mundo horrible ni hacernos sufrir más de lo necesario. Ni se dan palizas todos los días ni hay nada agradable para estas mujeres. Todo está a años luz de ese episodio (3x06) traumático de la ficción de Gandolfini.

Vemos muchos laberintos en esta serie llamada igual que la obra de Kafka. Las dificultades de la policía, las de una jueza o el callejón sin salida en el que Claudia se encuentra en cuanto empieza a trabajar para Suizo con esa deuda interminable.

Suizo, increíble Arévalo con el look Koldo García Aguirre. Me gusta el personaje porque su mayor arma es la afabilidad, les da la esperanza a estas chicas de que en 5 meses se volverán a casa con los bolsillos llenos. Todo esto mientras te guarda el pasaporte para que «no te lo roben». El choque entre su apariencia y su amabilidad te desarma.

La ficción carece del dinamismo de algunas de las series comentadas. Hay apenas una escena de acción (que me recuerda a Los Soprano, 1x12). Pero no parece que le interese tanto como los personajes y el ritmo del drama no lo necesita.

Y un último tema: esta serie transcurre a finales de los 90 y, aunque los créditos de cada capítulo nos informan del estado actual de la trata, es una tentación creer que todo esto pertenece al pasado, que ¡hoy en día! En pleno 2026, siglo XXI… Esto ya no pasa.

Ese presentismo nos hace asumir que los «Ábalos» de turno (otro habitual de la prostitución y que en distancias cortas daría un miedo que te cagas) se extinguieron en la última década por un meteorito llamado modernidad. Lamentablemente, los Torrente/Ábalos son pasado, presente y… futuro.

Es una de las series del año, no os la perdáis desde el 8 de octubre en Movistar+.