La historia real más épica

Bayona rodando La Socidedad de la Nieve

Qué historia y qué bien contada por J.A. Bayona. Revisitando: La sociedad de la nieve, de Netflix.

Tuve suerte de ver La sociedad de la nieve (2023) en el cine. Digo suerte porque, además de disfrutar de semejante escala de película en un cine como los Baiona, pude haber reaccionado en frío a la película antes de que fuese fenómeno; tras estrenarse en Netflix.

Las próximas semanas se convirtió en la película que había visto hasta el que menos cine ve. Me avergüenza decir que esto nubló un poco mi pasión por el film de ese embajador que tanto gusta en Hollywood (Los anillos de poder, Jurassic World), J.A. Bayona.

La película consigue tantas cosas bien que parecen obvias, pero en retrospectiva son muy difíciles. Primero consigue evitar lo más común en pelis de este tipo: cómo no ser monótono. Lo consigue dándoles a los personajes victorias y derrotas continuamente: avalancha, encontramos una radio, no sirve, vamos a subir la colina…

Bayona no chapotea en la miseria ni en el sensacionalismo. Incluso hay momentos de humor, humor que por supuesto precede al desastre. Evita la dramatización barata, no hay peleas por cosas pequeñas, las dos mujeres no son violentadas, el aspecto de comer parte de los cadáveres siempre está hecho con respeto y es secundario en esta historia.

La dignificación de los supervivientes es una prioridad absoluta para Bayona. Por eso, cuando tiene lugar todo lo relacionado con los cadáveres, usa lentes con poca distancia focal —poca imagen en foco— y mueve la cámara antes de que podamos ver algo.

Bayona se sirve de un truco de edición sencillo, pero muy efectivo: nos muestra algo muy intenso, corta la imagen de forma que ha pasado mucho tiempo, pero la cámara no se ha movido. Lo usa 4 o 5 veces: alguien está gritando de dolor tras el accidente, corta y seguimos con esa persona, pero lleva horas fallecida. En una de las exploraciones de la montaña, se les hace de noche. Hay una gran ventisca, ruido, viento, gritos, oscuridad. Corta. Está amaneciendo, están dormidos y con una capa de nieve encima.

La música es interesante porque, por un lado, es muy buena, hecha por alguien muy solicitado en Hollywood, Michael Giacchino (The Batman). Curiosamente, tiene experiencia poniendo música a desastres aéreos. Compuso la música del fenómeno televisivo Perdidos. De hecho, usa algunas melodías parecidas, la música dinamiza la película constantemente.

Hay tantos aspectos de esta historia real que la hacen fascinante, desde aspectos morales, espirituales, biológicos… Me impresiona el personaje de Nando, que diariamente sale del fuselaje a cargar peso y moverse para entrenar. Y que, tras enterrar a su hermana, dice: “Yo no voy a morir acá”.

Está muy bien dirigida, pero ¿por qué? Porque Bayona aprovecha las herramientas esencialmente cinematográficas para narrar. Además del ejemplo del corte, cuando están a punto de estrellarse, Bayona decide dedicar un momento a Numa siendo cegado por el sol. O por cómo yuxtapone el miedo y el pánico de los supervivientes en las primeras horas con la noche estrellada, extraordinariamente bonita, de los Andes.

Por último, está bien dirigida por rodar ese final victorioso y quitarle los fuegos artificiales. Al tratarse de un desastre y un milagro al mismo tiempo.