Vergüenza ajena ante la deriva política y el desbarre de los gobernantes en España
Disculpen mis posibles lectores la terminología del título de este escrito; puede extrañar a una gran mayoría, pero no tiene otra inicial pretensión que llamar la atención y, descifrado su significado, soportar la vergüenza ajena que sentimos una gran mayoría de españoles por la deriva de nuestros gobernantes.
Los debates parlamentarios, las histriónicas comparecencias, las manifestaciones, retos orales, bravatas y descalificaciones por parte de algunos ministros, además de los chistes y memes que inundan las redes, ofrecen un panorama político nacional desolador, que lógicamente influye en el desarrollo de la nación —quizás sea ese el objetivo de algunas formaciones que sustentan al Gobierno—.
Pero el meollo de ese "alipori o cringe" para el firmante y mayoría de personas de su entorno es un notable sentimiento de "vergüenza ajena" cuando escuchan o leen el "desbarre" de muchos de esos cargos políticos de primer o segundo nivel; por ejemplo, ante lo que intenta el Gobierno con la regularización de migrantes o la concesión de la ciudadanía española.
Da lástima y pena que profesionales de ámbitos judiciales o fuerzas de seguridad —siento citar a la cúpula de la Guardia Civil—, en su trayectoria anterior, probos funcionarios, algunos condecorados, hayan podido llegar a dejarse o ser abducidos por el ególatra mutante y sus adláteres.
El autocrático personaje que preside la nación —dictadura y autocracia son parecidas, pero el origen y el final suelen ser diferentes— logra, de forma inexplicable, socavar los principios éticos y las conciencias de ministros, diputados y altos cargos para que no digan la verdad —mientan— o manipulen en sus manifestaciones y comparecencias, o jaleen a sus adláteres e incluso respondan con altanería. Y, aun terminando imputados, lo último que piensan es en dimitir. Repito: lástima y pena.
Y qué decir de la trama de pícaros y pícaras —no quiero llamarlos fontaneros— que podrían ser protagonistas de muchas de las novelas de ese género de conocidos autores de la Edad de Oro española. A pesar de sus medios, contactos, claves, móviles, pisos, chalés de descanso y solaz, etc., y de toda la tecnología a su servicio, gracias al desvelo y responsabilidad —quizás con menos medios— de la UCO de la Guardia Civil en defensa del Estado y de toda la ciudadanía honrada, han sido puestos a disposición judicial.
En XL Semanal, de fecha 21 de junio pasado, en una entrevista al líder húngaro Péter Magyar, que en su día dimitió del partido del autócrata Orbán y lo desalojó del poder, decía: "El final del poder llega cuando la gente empieza a reírse de él". No sé si en España ocurrirá lo mismo, pero es evidente que hemos superado esa fase de la risa y es la "vergüenza ajena o alipori" lo que sentimos una gran mayoría de españoles respecto a sus gobernantes, agotándose su legitimidad, si es que alguna vez la tuvieron.