Los aberchándales se ponen celosos de UPN y PP
La órdiga, qué dramón están montando los aberchándales porque UPN y PP han decidido presentarse juntos a las elecciones. Ni que les pillara lejos el asunto. Aquí los partidos se casan, se divorcian, se cambian el nombre, el sexo, se vuelven a casar con el cuñado, perdón, kuñadoak, y terminan todos viviendo, de nuevo, en el mismo edificio: las Cortes de Navarra. Pero no te cortes, tú buena rebanada. Una comedia de enredo donde nadie sabe quién se acuesta electoralmente con quién. A veces ni se acuestan: se juntan consigo mismos y se hacen unas pajas mentales que tiembla el misterio.
Por ejemplo, Txemita Mauleón. Me he perdido hace mucho, pero creo que pertenece a Batzarre, si es que Batzarre sigue existiendo, que un día se metió en Nafarroa Bai con Aralar, Eusko Alkartasuna y el PNV. Cuatro en la cama y un nombre en la puerta: aberchandalato. El PNV dejó de llamarse PNV en el cartel, aunque seguía siendo el PNV por dentro. Como ponerse un bigote postizo para que no te reconozca tu suegro en el putetxe.
Aquello se rompió. Aralar se fue por aquí, Eusko Alkartasuna por allá, el PNV acabó en Geroa Bai con Zabaltzen y unos independientes, que en Navarra son una especie curiosísima: cuanto más independientes se proclaman, más dependientes parecen de alguna coalición aberchándal. Y Batzarre se marchó con Izquierda Unida para formar Izquierda-Ezkerra. Txemita seguía allí, flotando, agarrado a su sueldo público como a un salvavidas. Habían cambiado los novios, los testigos y el restaurante —el restaurante siempre lo pagas tú, ciudadano—, pero nuestro hombre continuaba sentado en la mesa presidencial. Desde 2007 encadena cargos públicos con más nombres que un mal espía. Cambia el reparto, conserva el camerino.
Después llegaron Podemos, Alianza Verde, Verdes Equo, los independientes, que ya sabemos cómo funcionan por aquí, y otra vez Izquierda Unida, que nunca falta a una mariscada pagada por el contribuyente. Se juntaron con Batzarre y llamaron al invento Contigo-Zurekin. ¿Contigo quién? Conmigo, contigo, con aquel de allí, con los de antes y con los que se habían marchado enfadados. Txemita reapareció en el cartel, con los manguitos del sueldo público para no hundirse. El mismo protagonista con otras pinturas de guerra en la jeta y la nómina de siempre en la faltriquera.
Mientras tanto, Eusko Alkartasuna, que había estado con el PNV, apareció en Bildu con Alternatiba y la izquierda aberchándal. Después vinieron Amaiur, Sortu y EH Bildu, con Aralar entrando y saliendo del reparto, vamos, el partido de la ETA, para simplificar el asunto. Zabaleta, que rima con lo que ha rimado siempre, aparecía en el reparto de Aralar. Y salió Maiorga Ramírez de debajo de una cama reclamando las llaves de EA. Quería mandar en su propia casa, pero allí estaba Otegi haciendo de alcahueta del matrimonio, mientras la dirección de EA le enseñaba la puerta de atrás. Lo expulsaron, a tomar por... ahí, pero la justicia española anuló la expulsión. En esta comedia hasta para volver a tu propio partido necesitas abogado, el que tengo aquí colgado, porque a ver quién se presenta con una sentencia de un juez español a discutir con los jefes de la banda que te habían desahuciado.
Y todavía tenemos el Frente Amplio, Sumar, Movimiento Sumar, Más Madrid, los comunes y Podemos, que comparte catre y acampada con Izquierda Unida en Navarra mientras en Madrid discuten si se presentan juntos. Menudo cochocho. A estas alturas el aberchandalato parece un club de intercambio de parejas.
Yo nunca he votado a Mauleón ni me he enfadado por sus matrimonios laicos electorales. Que se presente con quien quiera. Por eso no entiendo el cabreo de los aberchándales cuando UPN y PP, que ya estuvieron juntos, anuncian que vuelven a juntarse. Que hagan lo que les dé la gana también, ¿o qué?
Será por coaliciones en Navarra. Aquí el verdadero escándalo sería que alguien se presentara solo. Y con su nombre. Bueno, salvo el PSN-PSOEX, que conserva el suyo mientras participa en este interminable club swinger. Es el único personaje de la comedia que no necesita cambiarse de apellido. ¿Para qué, si es el que cobra por poner la sauna? Y eso es todo.