El amor socialista es que los etarras no tengan que pedir perdón

Imagen de archivo del alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, con líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi. EUROPA PRESS

"El partido de la ETA quiere modificar la nueva ley navarra de víctimas del terrorismo para eliminar la exigencia de que quienes ejercieron o apoyaron la violencia reconozcan que fue injusta e ilegítima."

Estos días, a cuenta de la detención de dos aberchándales acusados por la Fiscalía de tener un zulo con armas, explosivos y un objetivo, un guardia civil, para darle matarile, salió Otegi a decirnos, con la pachorra del verdugo en excedencia, que no tienen previsto volver al tiro en la nuca. Como el que responde que no tiene previsto ir a Salou el puente, pero que a saber. «Vamos a ser prudentes», apostilló Otegi.

Dejémoslo todo en el aire, no vaya a ser que en el último momento cojan el coche y se planten tranquilamente en el apartamento. Nunca se sabe lo que puede apetecer un viernes por la tarde.

A mí lo que me fascina de los aberchándales es su relación con el lenguaje. Llevan toda la vida encontrando palabras para no tener que pronunciar otras. Donde había asesinatos, había conflicto. Donde había terroristas, había militantes. Donde había víctimas, había sufrimiento por todas partes. Y ahora, cuando parecía que ya no quedaba mucho por retorcer, han descubierto que también se puede hacer desaparecer la injusticia sin necesidad de renunciar al orgullo que sienten por los crímenes cometidos.

El partido de la ETA quiere modificar la nueva ley navarra de víctimas del terrorismo para eliminar la exigencia de que quienes ejercieron o apoyaron la violencia reconozcan que fue injusta e ilegítima. También prefiere hablar de rechazo en lugar de condena. Qué finura, joder. Qué delicadeza. Cuarenta años de tiros y bombas para terminar discutiendo si una palabra resulta demasiado contundente. La paz de los diccionarios, tú. La de la realidad, ya si eso, para otro día.

Condenar y rechazar no son lo mismo. Yo rechazo la cerveza sin alcohol, pero no la condeno. Me parece una bebida perfectamente legítima, aunque no tenga intención de pedirla en un bar si la veo en la carta. Un asesinato, en cambio, no es una cuestión de gustos. No hace falta que te apetezca o deje de apetecer. Está mal. Y debería resultar bastante sencillo decirlo. Matar al padre de quien va a disputarte la alcaldía, Asirón, estuvo mal. Os pongáis como os pongáis los de tu partido con las palabras.

Es jodido tener que explicar estas obviedades, sobre todo a gente como el vice Remírez, siempre tan preocupado por los discursos de odio. El hombre tiene un detector moral de extraordinaria precisión: reconoce el odio a kilómetros de distancia cuando procede de la derecha, pero pierde la señal en cuanto se aproxima a sus socios. Debe de ser una interferencia electromagnética producida por los sillones del Gobierno. El sueldazo que se mete cada mes es el mejor aislante contra la decencia.

Recordemos, porque estas cosas no hay que olvidarlas nunca, que el PSN a estos del partido de la ETA les regala la alcaldía de Pamplona a diario. Una ciudad entera envuelta para regalo, con su lacito y todo. Feliz aniversario, kariño, Asirón. Aquí tienes las llaves. Ya hablaremos otro día de lo de reconocer que matar estuvo mal.

Ahora que el sanchismo, que después de ocho años en la Moncloa no tiene nada concreto que ofrecer, salvo un posible pucherazo electoral con un censo trucho de nietos, nos anda dando la turra con el amor, me he acordado de aquella película en la que se decía que amar significa no tener que decir nunca que lo sientes. Los socios de Txibite han perfeccionado la fórmula: tampoco hace falta reconocer que fue injusto.

Y el PSN, enamoradísimo, como su jefe Sánchez, el que pone cara de asco después de besar sobre la tarima a su mujer, les sigue poniendo la casa y la cama. Y eso es todo.