Asirón entre el asesinato y la violación
Le está quedando una Irroña al alikate Asirón que es para verla. Una maravilla. Cuando no tiene asesinato, tiene violación. Esta semana tocaba un hombre muerto con una puñalada en el pecho en Echavacoiz.
No descarto que, cuando termine de pelearse con el edificio de los Caídos —hasta Asirón, solo Sancho Panza se había peleado con edificios; él creía que eran molinos. Asirón es más un frikazo de las caras de Bélmez: donde los demás ven un arco, una escalinata o un estanque con su fuente, él ve a Franco—, se ponga en su delirio a construir un carril criminal para que se muevan más cómodamente por las calles.
Total, ya campan a sus anchas. Varios violadores siguen fugados, también agresores, y ahora un asesino. Qué más da facilitarles un poco más los desplazamientos.
La Pamplona de Asirón me recuerda cada vez más a aquella escena de Los Cazafantasmas en la que un funcionario chalado, muy convencido de su superioridad moral y administrativa, decide desconectar el sistema de reclusión donde estaban encerrados todos los fantasmas que habían limpiado de Nueva York. Los cazafantasmas, que se habían bregado durante semanas con todo aquel moco verde, le advierten: no desconectes el asunto, que la lías. Que si abres la jaula sin tener un plan, se desplegará por la ciudad todo ese ejército de espectros. Pero el burócrata, naturalmente, sabe más que nadie. Firma, ordena, desconecta y, de pronto, la ciudad vuelve a llenarse de espectros flotando por las avenidas.
Pues algo así está pasando con Pamplona. La ciudad se ha llenado de focos de delincuencia y el Ayuntamiento no sabe qué hacer con ellos. Hace un par de meses Asirón desalojó el antiguo convento de las Agustinas de Aranzadi. Y, como no tenía ningún plan, todos los que estaban allí metidos se dispersaron por la ciudad, generando aún más caos sobre el caos ya existente.
Los problemas no desaparecen cuando los desalojas. Lo único que haces es cambiarles de código postal.
La ciudad está descontrolada, eso lo ve cualquiera que no tenga orejeras ideológicas aberchándales, y lo único que se nos propone por parte del partido de ETA es hacernos votar para ver si mola más esta mutilación de un edificio o nos mola más esta otra. Pues estupendo.
Mientras tanto, la realidad sigue tamborileando los dedos sobre la mesa esperando que el alikate vuelva a ella para solucionar los problemas de ahora.
A ver si te enteras, Asirón. La juventud ya no está en si mola esta o mola la otra. Hace tiempo que el “mola” les suena como a nosotros en los noventa nos sonaban el “titi” o el “guay del Paraguay”. La juventud está en el bro, el aura, el prime y, sobre todo, en poder volver sana y salva a casa cantando Nuevayooooooool por las calles de una ciudad que tienes hecha un potorro. Y eso es todo.