Chivite busca culpables porque no construye casas
¿Conocen a Guillermo de Ockham? Un gran tipo, aunque no hayan oído nunca hablar de él. Nos simplificó la vida hasta hacerla más manejable. Murió hace casi setecientos años, una lástima, porque nos vendría estupendamente para solucionar el problema de la vivienda en Navarra.
¿Por qué no hay vivienda en Navarra? La izquierda se enreda en explicaciones cada vez más sofisticadas: los fondos buitre, los apartamentos turísticos y los especuladores, que son un poco como los gamusinos. Cuando empiezas a rascar en este último punto, muchas veces en Pamplona aparece una casera más o menos como tu madre o tu abuela y no unos oscuros poderosos reunidos en alguna remota cueva del doctor No.
Guillermo proponía algo revolucionario. Su famosa navaja de Ockham venía a decir, simplificando mucho, que ante varias explicaciones conviene empezar por la más sencilla. Aquí faltan casas. Ockham preguntaría:
—¿Y si nos dejamos de chorradas y, si faltan casas, construimos más casas?
Por suerte para nuestros gobernantes, Ockham está muerto.
Ellos tienen otras explicaciones.
Fondos buitre. Pisos turísticos. Especuladores.
Todo existe, claro. Yo también he conducido un Ferrari. Dos vueltas a un circuito. Ni diez kilómetros. La cuestión es cuánto.
Pamplona tiene, redondeando, cien mil viviendas. Los pisos turísticos son unos quinientos. El gran parque asociado al famoso fondo buitre, otros quinientos. Júntelos todos y apenas arañan alrededor del uno por ciento del parque. Puede expropiar al fondo, prohibir Airbnb, requisar todas las llaves y hacer una hoguera con todo ello en la plaza del Castillo. Al día siguiente seguirá faltando vivienda. Es lo que hay.
Además, buena parte de los pisos turísticos se concentra en el Casco Viejo, lleno de edificios antiguos, escaleras imposibles, pisos sin ascensor y viviendas poco atractivas para criar una familia. El turismo ha servido también para rehabilitar parte de ese parque envejecido. Otros aparecen alrededor de hospitales y universidades, donde se alojan estudiantes —sí, también de la pública—, profesionales, pacientes y familiares que vienen para tratamientos largos —sí, también a la pública—. No todo piso turístico es un guiri borracho tirando una maleta por el balcón en San Fermín. Eso, una vez más, es la caricatura que te lanzan las terminales políticas para lavarse las manos.
Construir es bastante menos emocionante. Hace falta mucha cabeza pensando en la misma dirección: disponer de suelo, urbanizarlo, conseguir capacidad eléctrica, poner tuberías, tramitar licencias y levantar edificios.
Y pensar cansa. Imagínense pensando a Txibite y a su vice Remírez, que de tanto pensar han conseguido paralizar hasta un túnel en Velate. Pues eso.
Y luego están los símbolos.
A Maricarmen, desahuciada con 87 años, la conocen todos. La izquierda la ha sacado en procesión como símbolo del drama de la vivienda. ¿Les suena Olga?
Olga tenía 54 años y vivía en L’Hospitalet. Había sido declarada vulnerable. La víspera de su desahucio manifestó intención de suicidarse. Fue desahuciada. Cinco meses después, hace unos días, se suicidó. Tenía dos hijas, una menor. Estaba en paro. Y detrás de su desahucio también había un fondo de inversión.
Sobre el papel, Olga tenía todos los ingredientes para convertirse en mártir de la vivienda. Incluso más que Maricarmen.
Pero L’Hospitalet está gobernado por el PSC, Cataluña por Salvador Illa.
Olga no tuvo procesión política. Maricarmen ha llegado hasta los discursos de Pedro Sánchez. Qué cosas.
Y las casas, mientras tanto, siguen sin construirse.
Ockham levantaría la vista, guardaría la navaja y preguntaría:
—Oiga, Txibite, ¿y si nos dejamos de gilipolleces y construimos más casas? Será por suelo. En la Cuenca de Pamplona tenemos para aburrir. Y eso es todo.