Chivite cuela a un marroquí para que no pierda su paguita
Me pasa con Casablanca lo que a Garci o a Torres-Dulce con Ford en general y Centauros del desierto en particular: no puedo dejar de verla. ¡Qué escándalo, qué escándalo, aquí se ve cine… y en blanco y negro! Llevo media vida entrando y saliendo del Café de Rick. Cuando fumaba, fumaba como Rick; cuando perdía, también lo hacía como él. Hay películas que uno ve y películas en las que termina viviendo o perdiendo.
Al principio de Casablanca, una voz cuenta cómo miles de personas llegan a la ciudad huyendo de Europa con la esperanza de conseguir un visado para Lisboa y después América. Algunos lo logran. Los demás se quedan allí. Y esperan, y esperan, y esperan. Qué cosas. Entonces los occidentales huían a Marruecos vestidos de traje y corbata; ahora el viaje se hace en dirección contraria y en chancletas. Nunca se termina de degenerar del todo.
En Navarra hemos pasado del Café de Rick al chiringuito de Txibite. Javier Remírez no tiene exactamente las hechuras de Humphrey Bogart, pero a la política navarra tampoco podemos pedirle galanes del cine clásico, ni siquiera secundarios de serie chunga —perdón, txunga— de la ETB. Es lo que hay. Más degeneración.
Aquí también se espera.
Esperan en la colapsada sanidad de Navarra 68.004 personas una primera consulta con el especialista. Otras 10.564 esperan una operación. Espera el que lleva meses con una rodilla destrozada, el que necesita una prueba y el que cada mañana mira el teléfono preguntándose si hoy pronunciarán por fin su nombre. ¿No será nada ese dolor, no? Mientras espero, a lo mejor se me pasa. Nunca lo sabrás.
Y esperan, y esperan, y esperan.
Pero no todos. Hay gente para la que, misteriosamente, la Administración encuentra soluciones.
Cuenta este periódico el caso de un marroquí ingresado en Soria cuya familia quería trasladarlo a Pamplona sin empadronarlo en Navarra porque, según la información publicada, temía perder la paguita. La burocracia dijo primero que no. Durante unos minutos, el sistema funcionó como funciona para usted: denegado.
Después apareció el Gobierno de Txibite, el de los sobrecostes y los subterfugios para pagarlos de Velate. Y lo que era imposible dejó de serlo.
¿Qué le debe el PSOE a Marruecos?
Intervinieron los servicios sociales, apareció el salvoconducto y el paciente terminó trasladado a Pamplona y posteriormente ingresado en San Juan de Dios, donde la estancia cuesta más de 300 euros diarios.
Un Gobierno movilizado para que un marroquí no pierda su paguita.
Ahí tienen la estampa: Txibite sujetando abierta la puerta trasera para que nadie pierda su paguita mientras decenas de miles de navarros siguen esperando en el pasillo ante una puerta que no se abre nunca.
Qué obscenidad descubrir una vez más que la burocracia no era una pared. Era una puerta. Y que el Gobierno sabía perfectamente dónde guardaba la llave y a quién dejaba pasar por ella.
Para usted hay requisitos, formularios, plazos, listas y paciencia. Para usted, la ley. Usted cúmplala, que para eso es el pringado que la paga. Sobre todo, paciencia. Pague sus impuestos y espere. Espere al especialista. Espere la prueba. Espere el quirófano.
Para otros hay excepciones. Por lo que sea, siempre hay alguien a quien la Administración termina encontrándole una puerta.
En Casablanca hacía falta un salvoconducto para poder marcharse.
En la Navarra de Txibite también. Solo que aquí el salvoconducto lo paga el que se queda esperando. Y eso es todo.