Txibite y el negocio de la humanidad

Un grupo de menores espera para ser filiado en una comisaría de la Policía Nacional en Ceuta. EUROPA PRESS
"No me diga cuántos menores más puede acoger Navarra, presidenta. Dígame cuánto cuesta cada plaza, quién cobra ese dinero y cuántos menores es capaz de proteger".

La presidenta Txibite dice que Navarra todavía puede acoger más menores inmigrantes. Por humanidad. Yo, si es por humanidad, casi preferiría mandarlos a Eton. Nos iba a salir parecido de precio.

El Gobierno de Navarra adjudicó por 2,19 millones de euros anuales la gestión de 40 plazas del centro de acogida de menores migrantes de Marcilla. Salen a unos 55.000 euros por plaza y año. Eton, uno de los internados más elitistas del mundo, cuesta 65.673 libras al año. No son servicios equivalentes, naturalmente. Eton aloja y alimenta a sus alumnos y, además, les proporciona una de las educaciones más exclusivas del planeta. Txibite ha conseguido que Eton empiece a parecer barato. Enhorabuena.

Cuando alguien factura al Gobierno de Navarra por una plaza de acogida cantidades que permiten compararlas con Eton, a mí me deja de interesar su superioridad moral y empieza a interesarme su contabilidad.

Porque ese es el prodigio de la industria de la acogida: convertir la humanidad en una actividad económica y conseguir que preguntar quién gana dinero con ella parezca inhumano. Sin menores no hacen falta tantas plazas. Sin plazas no hacen falta tantos contratos. Sin contratos no hay facturación.

La desgracia ajena convertida en materia prima.

Pero hablemos de humanidad, que es la palabra que ha elegido la presidenta de Navarra mientras las preguntas incómodas quedan fuera de la conversación: quién presta esos servicios, cuánto cobra y por qué cuesta lo que cuesta.

Imaginen que un menor navarro aparece solo en Dinamarca. Navarra reclama hacerse cargo de él, pero los daneses anuncian que no lo devuelven. Dinamarca es más rica, tiene mejores servicios y, por humanidad, considera preferible tutelarlo allí, en la Comunidad Foral de Jutlandia.

Nos parecería una barbaridad.

Pues Marruecos también tiene un Gobierno que ha reclamado el retorno de sus menores no acompañados. Ser más pobre que Navarra no lo convierte en una Administración incapaz de hacerse cargo de sus propios ciudadanos. Tampoco hablamos de un Estado fallido: organizará con España y Portugal el Mundial de 2030 y cerca de Casablanca está levantando un estadio para 115.000 espectadores. Para algunas cosas parece que Marruecos sí existe.

La humanidad no consiste en quedarse con un niño porque España sea más rica que su país. También puede consistir en ayudarlo a volver.

Además, ¿para qué quiere tutelar a más menores Txibite si luego no es capaz de garantizar la protección de los que ya tutela?

¿Nadie se acuerda de aquel caso de hace un par de años? Tres menores tuteladas por el Gobierno de Navarra fueron prostituidas por adultos. La Audiencia Provincial condenó a los dos principales responsables a 39 y 29 años de prisión.

Tres niñas.

El Gobierno de Navarra era su tutor. Tutelar no consiste en encontrar una cama, adjudicar una plaza y pagar una factura. Significa asumir una de las responsabilidades más graves que puede asumir una Administración pública: proteger a un menor que está bajo su cuidado.

Y aquellas tres niñas no fueron protegidas de quienes las prostituyeron.

Así que tenemos plazas que cuestan cifras comparables a las de uno de los internados más elitistas del planeta y un Gobierno que presume de humanidad mientras tres menores bajo su tutela acabaron en manos de adultos que las prostituyeron.

Y encima el malo soy yo por preguntar.

Es un mecanismo formidable: la solidaridad se factura a precio de internado inglés de lujo y las preguntas sobre la factura se despachan como falta de humanidad.

Así que no me diga cuántos menores más puede acoger Navarra, presidenta. Dígame cuánto cuesta cada plaza, quién cobra ese dinero y cuántos menores es capaz de proteger. Y eso es todo.