Menudo negocio es ser aberchándal

¿Cuánta pasta habrá movido esta peña a lo largo de todos estos años? Dos coma seis millones de euros al año se gasta el Gobierno de Navarra de nuestro dinero en eso de los euskaltegis.

Ah, amigo mío, asomarse a este estercolero del aberchandalismo siempre da mucha pereza, porque hay que apartar mucho grito, mucho loco y mucha amenaza para llegar al meollo: el dinero. El dinero es el objetivo primero y último de esta historia. Sin dinero no habría aberchandalismo.

¿Qué había detrás de la violencia? Dinero. Todo el rato. Te asomabas a ese abismo y el abismo acababa siempre devolviéndote la mirada de unos ojos como los del tío Gilito, con el símbolo del dólar dando vueltas.

El aberchandalismo es una forma de vivir sin pegar un palo al agua. La cantidad de gente que hay viviendo de todo esto es de no creer. Cuando tenían al departamento de la ETA operativo, se lo quitaban a los currelas: secuestros, extorsiones… ETA era poco más que un sello de goma entintado con el que pedían pasta —mataban para acojonar y que les dieran pasta más fácilmente—. Ahora ya no necesitan a ETA porque lo trincan directamente del presupuesto público, que es más cómodo y más limpio, que la sangre al final hace feo.

¿Cuánta pasta habrá movido esta peña a lo largo de todos estos años? Dos coma seis millones de euros al año se gasta el Gobierno de Navarra de nuestro dinero en eso de los euskaltegis, 28 centros de enseñanza del euskera para adultos, de los que 23 son privados.

Es cara la kakatua… y tan cara. Quién pudiera montarse un negocio donde empiezas ya con beneficios.

¿Estos no estaban contra la educación privada? No, solo están contra la que no manejan. Mientras sea un negocio suyo que les haga ganar pasta, no hay problema con la educación privada. Luego se quejan cuando les dices que el euskera es un negocio.

Pues págatelo tú, como yo me pago mis clases de zumba, mis cafés o mis sesiones de fisioterapia. ¿Alguien piensa que no les vendría mejor a todos esos centros que visito —gimnasios, cafeterías, gabinetes sanitarios— no tener que preocuparse de buscarse clientes para mantenerse a flote y recibir directamente la pasta de su beneficio del presupuesto público, repartido por el Gobierno de Navarra?

Ya, bueno, pero es que la cultura…

Ah, la cultura… sí, claro, la cultura, te dicen. Dios mío, la cultura. Joder, cómo no había pensado yo en la cultura.

En dos librerías he trabajado yo; ojalá haberme podido quedar feliz en cualquiera de ellas toda la vida, una en Pamplona y la otra en Bilbao, que tuvieron que cerrar porque no vendían los suficientes libros y les era imposible mantenerse abiertas. ¿Esos negocios no merecían paladas y paladas de dinero público también? Por cultura no será, digo yo, que acto más cultural que facilitar libros a la gente se me ocurren pocos.

En fin, misterios de la cultura. Que siempre acaba llevándote al dinero, siempre el dinero. Y eso es todo.