Mikel Merino, el pañuelo de San Fermín y el chupinazo lanzado desde Dallas

Mikel Merino con el pañuelo de San Fermín.
"Merino no podía imaginar que acabaría enseñando aquel pañuelo al mundo. Me gusta pensar que lo llevó consigo para esos momentos en los que uno necesita tocar un poco de casa antes de salir al campo".

Hay objetos que uno mete en una maleta porque cree que va a necesitarlos. Luego está el pañuelo de San Fermín. Ese viaja porque uno sabe que lo necesita.

Los de Pamplona hacemos una cosa muy rara cuando preparamos el equipaje sabiendo que el 6 de julio nos va a pillar lejos de casa. Abrimos el cajón donde lleva once meses durmiendo la ropa blanca y roja de San Fermín, cogemos el pañuelo, lo sacamos con cuidado, procurando que no se desdoble, y es lo primero que guardamos.

No seré yo quien le quite la razón al que piense que es solo un trozo de tela, pero, por alguna razón difícil de explicar, uno siente que así San Fermín viajará con él. Con lo que cada uno quiera meter dentro de esa palabra.

Todo aquello cobró sentido al ver a Mikel Merino, feliz, con el pañuelo rojo al cuello en el vestuario del estadio de Dallas.

Merino venía de romperse un pie el 25 de enero jugando con el Arsenal contra el Manchester United. Había pasado por el quirófano. Durante meses ni siquiera tuvo claro si llegaría al Mundial. Tampoco sabía si jugaría algún partido.

Merino no podía imaginar que acabaría enseñando aquel pañuelo al mundo. Me gusta pensar que lo llevó consigo para esos momentos en los que uno necesita tocar un poco de casa antes de salir al campo. Lo cogió para él. Para nadie más. El fútbol acabó convirtiéndolo en el símbolo de la fiesta y de la alegría de toda España.

A veces las cosas salen bien. No desesperes.

Era 6 de julio. Merino llevaba el dorsal 6. En el minuto 90, el cuarto árbitro levantó el cartel anunciando seis minutos de tiempo añadido.

Y fue precisamente entonces cuando un pamplonés decidió que el chupinazo también podía lanzarse desde Dallas.

España pasaba a cuartos. Merino buscó una cámara.

Gritó:

—¡Viva San Fermín!

Que, en el fondo, es otra forma de gritar:

—¡Viva la vida!

No sé quién tirará en Pamplona el chupinazo de 2027. Lo que sí sé es que, después de lo de Dallas, Mikel Merino se lo ha ganado.

Hagamos que Merino y su pañuelo vuelvan a casa. Y eso es todo.