El problema de la vivienda explicado a rojeras y aberchándales
Cuando éramos jóvenes y cerraban las decenas de bares de lo viejo, todos acabábamos en dos o tres discotecas abiertas. Marengo, Sector, Más y más… No sé cómo se llaman ahora. Yo ya soy viejo y no vuelvo al mercado ni con una reforma de mi fachada ventilada.
¿Qué pasaba? Que había colas enormes y solo conseguía entrar una pequeña parte. No porque la gente no quisiera —como para no querer continuar la juerga, ¿estamos locos?—, sino porque no se cabía. Si en vez de tres discotecas hubiéramos tenido diez, el problema se habría diluido.
A ver, amiguitos rojeras, pregunta de examen: ¿por qué en lo viejo no había problema y cada uno tenía su garito de referencia, sin colas ni agobios? Respuesta: porque la oferta era enorme, copón.
Con la vivienda está ocurriendo exactamente lo mismo. Pero aquí entra la diferencia: mientras cualquiera entendería que la solución pasa por abrir más locales, la izquierda insiste en hacer justo lo contrario. Mejor regular que construir. Que no se construya ni un piso más.
Intervienen el mercado, limitan precios, añaden trabas… y se sorprenden cuando cada vez hay menos pisos disponibles. Algunos propietarios retiran sus viviendas, otros endurecen condiciones y, al final, el resultado, intentes maquillarlo como quieras, es siempre el mismo: menos oferta y más dificultad para acceder. Como cuando tratas de tomarte un puto gintonic tranquilamente y tienes hordas de gente empujando para llegar a la barra. ¿Por qué en Sanfermines da por culo salir a los mismos bares que durante el año?
Regular sin construir es como cerrar discotecas en plena noche, obligar a las que quedan a bajar el precio de las copas y esperar que así desaparezcan las colas. Una genialidad. Un plan sin fisuras. Vota PSOE y sus chalados socios aberchándales.
Resultado: menos locales, aún más gente acumulada en la puerta y un filtro más duro para entrar. Pero eso sí, quien lo consigue —el privilegiado— se toma la copa más barata. Progreso social en estado puro.
Pero tranquilos: sobre el papel todo funciona. Los precios están controlados, la intervención es ejemplar y la teoría queda impecable. El que se toma la copa se la toma más barata: coloquemos el foco ahí, saquémosle fotos a ese y que la Josebas lo ponga en portada de su Boletín Oficial del Noticias: ¡Éxito del aberchandalato! Baja el precio de las copas en los garitos de Pamplona… para cada vez menos personas.
Es el problema recurrente de la izquierda: confunde regular con resolver. Cree que cambiando las normas cambia la realidad, como si la escasez fuera una opinión y no un hecho. Y cuando la realidad no encaja, la respuesta es siempre la misma: más intervención, más presión, más de lo mismo… ¡Esto no es la verdadera izquierda! Y vuelta a empezar.
Es decir, más fracaso: menos oferta, más tensión y acceso más difícil. Exactamente lo contrario de lo que se prometía.
Al final, la lógica de la oferta y la demanda sigue ahí, funcionando aunque no guste. Ignorarla no la elimina. Como ignorar la ley de la gravedad no hace que el golpe, cuando al coyote le cae un piano de cola en la cabeza que deja caer el cabrón del correcaminos desde las alturas, sea menos fuerte cuando llega. Y eso es todo.