Tú reciclas, ellos incendian
Qué paradojas, tú. En Pamplona te obligan a separar la basura los mismos aberchándales que luego le prenden fuego al contenedor. Es la economía circular del nacionalismo vasco: tú reciclas, ellos incendian y tú vuelves a pagar, que hay que reponerlo. ¿Alguien de la Mancomunidad se llevará comisión? Hace unos días subieron las tasas de basura para el año que viene. Una ciudad maravillosa, Pamplona, completamente desquiciada, pero maravillosa… como manicomio a cielo abierto.
En este manicomio el contenedor de vidrio, por ejemplo, tiene varias funciones: recoger botellas, acabar volcado y proporcionar munición contra la policía. Hace una temporada un aberchándal me afeaba el hecho de que, como emigrante que soy, ya no tengo tarjeta para tirar la basura cuando estoy en Irroña. «Tienes la aplicación del móvil», me espetó, todo digno. Para que los de su ideología vuelquen los contenedores y les prendan fuego no tengo constancia de que mostrara la misma dignidad y les exigiera tarjeta o aplicación móvil para destruirlos. Los aberchándales, que para eso gobiernan la ciudad, tienen bula para sembrar el suelo de cristales rotos y llenar de basura las calles. ¡Incluso para poner una incineradora en mitad de ellas! Columnas de humo ascendían ayer al cielo de Pamplona.
Varios conocidos me mandaban vídeos desde sus casas de San Juan. Escuadras de camisas negras aberchándales recorrían sus calles y plazas y montaban barricadas de fuego. Imagínate estar tranquilamente en tu salón, con las zapatillas puestas, y descubrir que tienes el fascismo debajo de la ventana. Encapuchados que deciden que tu ciudad, tu calle y hasta tu casa les pertenecen. También hubo pedradas contra las ventanas de algún vecino que les grababa. Malos tiempos para los testigos.
Hasta delante de un tanatorio hubo contenedores incendiados. Uno va a despedirse de sus muertos y se encuentra con que los aberchándales le han organizado una sucursal del infierno a la puerta. Pamplona tiene estas cosas. Te cobran por aparcar, por recoger la basura, cada año más cara, pero, de vez en cuando, te ofrecen un espectáculo de circo aberchándal.
Mientras tanto, el alikate Asirón, empeñado en ganar la guerra civil de hace 90 años, no dice ni Pamplona sobre la Irroña en la que tiene aposentado el culo. La ciudad arde y él sigue a hostias en tuiter con los bisabuelos. A lo mejor todavía no se ha enterado de que sus vecinos viven en 2026 y de que los contenedores que arden no son los de 1936, sino aquellos a los que su ideología prende fuego.
Que se joda Vito Quiles, que hemos quemado nuestra propia ciudad. Y de ahí no sacas a los aberchándales. ¿Para qué han quemado Pamplona? Para que se joda Vito Quiles.
En fin, votáis violencia, pues tenéis violencia. A ver si alguien pensaba que entregar la alcaldía de Pamplona al partido de la ETA iba a salir gratis.
Le podéis dar las gracias a los votantes del PSOE por haberlo hecho posible. A sus dirigentes ya resulta inútil pedirles nada. Ahí están, instalados en sus cargos y sus sueldazos públicos. ¿Tú crees que al vice Remírez le quita el sueño lo que ayer ocurrió por la ciudad? Él seguirá cobrando a fin de mes. Y su mujer, colocada en una empresa pública, pues lo mismo. El vecino tendrá que seguir mirando por la ventana para saber si el fascismo de las camisas negras aberchándales ha decidido esa tarde prenderle fuego a su calle. Alguna vez será su edificio. Alguna vez volverá a ser su piso, como cuando los reventaban a coches bomba. Y no fueron los bisabuelos, Asirón. Algunos de aquellos todavía andan por tu partido. Y eso es todo.