Sánchez y la política del yonqui: siempre quiere un poco más

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez. Eduardo Parra / Europa Press
Pedro Sánchez ha convocado elecciones porque, después de ocho años gobernando España, necesita otros cuatro para arreglar España. Se ha quedado a medias en el destrozo. Quiere más. Como el yonqui que nunca se conforma y siempre anda subiendo la apuesta o la dosis.

Bueno, pues ya hemos llegado a lo inevitable. Por mucho que corras, en la vida todo llega. O no, porque lo que reclama el jicho este es más de lo mismo para continuar su huida hacia la nada. Pedro Sánchez ha convocado elecciones porque, después de ocho años gobernando España, necesita otros cuatro para arreglar España. Se ha quedado a medias en el destrozo. Quiere más. Como el yonqui que nunca se conforma y siempre anda subiendo la apuesta o la dosis.

Hay que reconocerle el prodigio. Durante ocho años ha tenido la Moncloa, ministerios, ministros, BOE, decretos, socios, asesores, coches oficiales, aviones, lujosas residencias donde pasar las vacaciones y hasta tiempo para cambiar de opinión sobre todo. Y después de ocho años ejerciendo todo ese poder, su solución es pedirnos más poder. ¿Para qué? Para solucionar ahora los problemas que no ha solucionado mientras lo tenía.

La vivienda, por ejemplo, debía de estar escondida detrás de un ficus de la Moncloa. La encontró la semana pasada. De repente era urgentísima y, además, tenía una solución: dos decretos. Dos. Ocho años de alquileres disparados, jóvenes que no pueden emanciparse y familias haciendo cuentas para pagar un piso, y resulta que la solución estaba allí, esperando a que alguien redactara dos decretos. A toda velocidad, por cierto: el BOE lo han llenado de erratas. Dos decretos tan urgentes para salvar la vivienda que no dio tiempo ni a poner de acuerdo sujetos y predicados.

Y Sánchez se ha subido encima de esos dos decretos para hacer campaña como si desde allí pudiera arreglar la vivienda en España. Ya no son dos textos legislativos que el Congreso puede aprobar o rechazar: son la solución. La solución a la vivienda. Y quien vote en contra no está rechazando dos decretos del Gobierno: está impidiendo que Sánchez salve a los españoles.

Y entonces apareció Ayuso. Siempre aparece Ayuso. Sánchez consiguió meterla incluso en una declaración institucional para anunciar elecciones. Uno empieza a sospechar que, cuando se mira al espejo por las mañanas, pregunta: «Espejito, espejito, ¿quién es el más bonito, Ayuso o yo?». Pero cuidado con los espejos. Dorian Gray también creyó durante mucho tiempo que era el retrato el que se estaba pudriendo.

Por cierto, navarros.

Va a ser el descojono ver a Txibite y al vice Remírez haciendo campaña contra Ayuso por la vivienda. Aquí gobierna Txibite. ¿Pedirán también que no vuelva a ser presidenta de Navarra para solucionar nuestros problemas de vivienda?

Y otra cosa quiero ver: qué hacen si se quedan huérfanos de Sánchez. Han sido tan obedientes durante estos años que será interesante descubrir a quién obedecen después. Navarra fue la cuna del sanchismo. Aquí empezó a ensayarse el modelo que después llegaría a la Moncloa: el partido de la ETA convertido en socio del PSOE. ¿Seguirá el PSN contando con él cuando ya no esté Sánchez?

A ver si salimos del bucle melancólico aberchándal-socialista, que falta nos hace para respirar un poco y empezar a levantar las alfombras. Porque la mierda que escondes debajo no desaparece. Y eso es todo.