Los sanfermines batasunos son una mierda

"Si eres dócil con el poder, el poder te recompensa con dinero y bolos. Lo de siempre, amiguitos"

Montan mejores conciertos los amigos de Cascante de Estaciones Sonoras, con cuatro perras, que el Ayuntamiento de Irroña con infinitamente más recursos. Pero claro, a ellos les gusta la música, les gusta la cultura y saben hacer algo que parece sencillísimo hasta que se pone un político a tocarlo: buenos carteles, bien pensados, bien cerrados y con criterio. Cuatro veces al año te sacan una programación que no deja de sorprenderte. Unos genios.

Al final es un problema de desidia, de dejadez, de “qué más da”: si todo lo que no sea la Korrika, con sus etarras desfilando, nos da igual. Nosotros estamos aquí para la propaganda, para la culturra, con las dos erres bien marcadas, para politizarlo todo hasta la náusea. A la cultura que le vayan dando.

Los Sanfermines, si no fuera por todo lo que rodea al toro —que es lo que todavía le pone un poco de mística y trascendencia al asunto, verdad con mayúsculas, verdad desnuda, el poder igualatorio de las ocho de la mañana en Santo Domingo; y que es lo que aún los mantiene, cada vez más de refilón, en el foco nacional, apenas ya en el internacional—, hace tiempo que serían únicamente eso en lo que los batasunos están empeñados en convertirlos: una cosa de provincias sin más interés, una Aste Nagusia intrascendente, una cosa de paletos con ínfulas sacándose pelusas del color de la ikurriña del ombligo, una verbena del Nafarroa Oinez montada con dinero público.

—¿Has visto la lista de conciertos de San Fermín?

Me lo dijo ayer martes un pavo en el gimnasio, y empezó a pasarme nombres que no me sonaban ni de oídas. Hasta que llegó a uno y me dio la clave del asunto:

—¿No conoces a estos tampoco? Son los que insultan a UPN en sus conciertos.

Maravillosa carta de presentación para que el alikate Asirón te contrate: meterte con el partido más votado en Navarra y Pamplona. Como aquella otra que abogaba por dar de hostias a Barcina. Contratada también.

Punk lameculos del poder. Y claro, el poder del aberchandalato va y les contrata. Hay que joderse con los antisistema, cómo les gusta que sus amos políticos les acaricien el lomo y les llenen de billetes las carteras.

En fin, nada que no hayamos visto mil veces ya. El rock radical vasco no fue otra cosa: grupos mamando dinero público de las concejalías de festejos batasunas porque atacaban a la oposición, esa oposición que los terroristas aberchándales luego se bajaban incluso a tiros. Lo vendían como rebeldía y era solo nómina municipal con distorsión de guitarra.

Picoteo un poco a ver qué hay. Boney M, que, hasta donde yo sé, el cantante cascó hace unos años. ¿A quién coño han contratado entonces? Yo creo que no lo saben ni los abrrchándales.

Me meto en el Instagram de otro de los grupos, que también nos venden como algo duro, contracultural, incómodo, contundente. Lo primero que me sale en su muro es una entrevista blandita con Broncano, valga la redundancia, en TVE; lo tercero, una captura de otra entrevista en el periódico de Escolar, el periodista número uno enchufado por el sanchismo.

Copón.

Punkarrísimo, sí, vamos, vamos. Domesticado por el poder. Madre mía, qué malotas. Guau. Qué antisistemas, tú. Como esos chavales de ahora que llevan crestas, pero huelen a colonia Nenuco. La contracultura subvencionada siempre ha tenido algo enternecedor: pone cara de romper escaparates mientras espera educadamente a que le sellen la factura, que de algo hay que comer.

Y ahí lo dejo, no quiero más disgustos.

Si eres dócil con el poder, el poder te recompensa con dinero y bolos. Lo de siempre, amiguitos.

Bueno, Marlena tiene un par de canciones pegadizas y son majas. Curré con ellas en mi otra vida, la más seria —esto de los artículos es para descojonarme de todo el panorama irroñés—, en una presentación que hicimos en Madrid de esas cosas de la farándula en las que ando metido.

Los de Ojete Calor le pueden subir al escenario a Beloki perdida y cantarle lo de “eres viejoven”, que le va como anillo al dedo. A Asirón le pega más ser mocatriz, en euskera mokatritz. Ustedes ya me entienden; y, si no, búsquenlo en internet.

Si se pone una cinta en la frente, le puede servir lo mismo para correr por el escenario que en su kilómetro anual en la Korrika. Y eso es todo.