La sociedad pamplonesa pita a Asirón y a los abertzales

Joseba Asiron preside la corrida del 7 de julio. ÍÑIGO ALZUGARAY
"La mayoría silenciosa protesta sin aparato, sin consignas y sin organización. Precisamente por eso muchas veces da la impresión de que no existe, que está diluida, porque cada uno expresa su rechazo como puede, como le sale".

"La sociedad no reacciona". Es probablemente la frase que más se escucha cada vez que estalla un nuevo caso de corrupción política, económica o moral de la izquierda que hoy gobierna junto a los aberchándales.

Yo creo que el diagnóstico es equivocado.

La sociedad sí reacciona. Lo que ocurre es que la sociedad no es una organización como las que tiene la izquierda y los aberchándales. Es una suma de decenas de miles de personas individuales y anónimas y, sobre todo, civilizadas, que trabajan, madrugan, pagan impuestos y bastante tienen con sacar adelante su vida.

Frente a ellas hay organizaciones perfectamente estructuradas, capaces de movilizar a los suyos cuando conviene y de proyectar la imagen de que representan a todo un pueblo. Mil personas en la calle, una fotografía tomada con el ángulo adecuado y ya parece que la sociedad son ellos.

La diferencia no es el número, sino la convocatoria. Una protesta organizada necesita convocantes. Una protesta espontánea, no. A los que silbaron en la plaza no los llamó nadie. Fueron a ver una corrida, no una manifestación, y cuando el alcalde apareció, silbaron porque les salió de dentro. Eso no se organiza. Eso no se orquesta. Eso pasa.

La mayoría silenciosa protesta sin aparato, sin consignas y sin organización. Precisamente por eso muchas veces da la impresión de que no existe, que está diluida, porque cada uno expresa su rechazo como puede, como le sale.

Cuando esas personas se juntan de forma espontánea en un espacio como la plaza de toros y tienen delante al que manda, reaccionan: silban. ¿Qué queréis que hagan, que la emprendan a tiros como los terroristas aberchándales? La gente corriente es civilizada. No puede hacer mucho más. Es lo poco que le queda para mostrar su discrepancia contra un alcalde que no salió de las urnas, que no fue el más votado, sino que fue aupado al sillón por un pacto del PSOE, cocinado por Cerdán, con el partido de ETA para repartirse el poder y el dinero.

Contra la voluntad expresada en las urnas, ingeniería política mediante una moción de censura de despachos, de intrigas palaciegas, de Servinabares, de impunidad y de dinero.

La mayoría silenciosa no controla sindicatos. No controla asociaciones. No organiza manifestaciones cada semana. No dispone de un aparato permanente de movilización ni de propaganda. Cuando encuentra un espacio donde puede expresar su discrepancia sin violencia, lo aprovecha y reacciona.

Y Asirón y sus palmeros, que no están ahí por el pueblo, sino contra el pueblo, gracias a un pacto de las élites cocinado por Cerdán para Sánchez con los aberchándales ("Tenemos a 200 presos en la cárcel y, si para sacarlos hay que votar los Presupuestos, pues los votaremos", dijo Otegi), solventan todo llamando fascistas a los que le silban.

El drama no es que la sociedad no reaccione, que reacciona; el drama es que a los que mandan les da igual la reacción y la aplastan. Y eso es todo.