No aprendemos de nuestros errores

Tren de alta velocidad AVE

Y hoy, 50 años después, seguimos en las mismas, y nuestros actuales políticos pretenden que la conexión del Corredor Navarro de Alta Velocidad se aleje cada vez más de la frontera.

En enero de 1971, Félix Huarte y Miguel Javier Urmeneta, en nombre de la Diputación Foral y dos meses antes de abandonar su cargo, en el que estaban desde 1964, plantearon oficialmente al Gobierno español la necesidad y el propósito de la Corporación Foral de construir en Navarra una autopista de peaje. Cinco años más tarde, en enero de 1976, se abría al tráfico el primer tramo Noáin-Tafalla, y el turismo NA-70300 transitaba por primera vez por esa vía rápida que estaba llamada a convertirse en eje vertebrador de la Comunidad Foral. Cuatro años después, en marzo de 1980, se culminaban los 100 kilómetros de la AP-15 entre Tudela e Irurzun.

Coincidiendo con el paso de ese primer vehículo por el tramo Noáin-Tafalla de la autopista, el entonces vicepresidente para asuntos del Interior, Manuel Fraga Iribarne, en unas declaraciones realizadas al diario francés Sud-Ouest, en las que era preguntado sobre los intercambios entre Aquitania y el norte de España, como hijo de madre natural de la zona vasco-francesa, decía: “Para mí nunca habrá suficientes túneles entre las dos zonas. Creo que es necesario, sobre todo, mejorar el eje Burdeos-Pamplona, dejando bien sentado que todas estas relaciones deben inscribirse en un proyecto más vasto y capital: la integración de España en Europa”.

Es una pena que los gobernantes de entonces, en plena Transición política, echaran en saco roto la sugerencia de Fraga y no utilizaran la AP-15 para mejorar dicho eje Burdeos-Pamplona porque, como la geografía es señora de la historia, desde tiempo inmemorial la ruta principal que unía Francia con la Península Ibérica en la parte occidental de los Pirineos transcurría a través de Roncesvalles, por ser el de menor recorrido y de menor cota de paso en su conjunto entre Madrid y dicha frontera. Prueba de ello es que por él discurre el Camino de Santiago.

Pero todo esto cambió a mediados del siglo XIX, cuando unos políticos navarros miopes mantuvieron una posición diametralmente opuesta a la de Fraga en 1976 y dijeron que, en vez de allanar los Pirineos y de abrir las puertas a Europa, lo que había que hacer era colocar unos Pirineos sobre los Pirineos. En definitiva, querían poner murallas en vez de tender puentes.

Los guipuzcoanos aprovecharon la coyuntura y, como la Corte en esos momentos se instalaba en San Sebastián durante los veranos, esgrimieron su lealtad a la Monarquía liberal frente a una Navarra carlista de la que había que desconfiar. Fue así como lograron que las vías de comunicación entonces en ejecución (la N-I y el ferrocarril a Francia) se construyeran por esa provincia, olvidándose del paso secular de Roncesvalles.

Cien años después, está visto que los navarros no habíamos aprendido la lección y, en esa década de los setenta del siglo pasado, decidieron que la conexión de la AP-15 Tudela-Pamplona se desviara a Irurzun para enlazarla después con la N-I en Guipúzcoa, en vez de buscar nuestra salida natural a Francia. Y hoy, 50 años después, seguimos en las mismas, y nuestros actuales políticos pretenden que la conexión del Corredor Navarro de Alta Velocidad se aleje cada vez más de la frontera.

Por eso, con relación al tren de alta velocidad, se olvidan de la conexión por Ezkio, que era la que siempre se había barajado, y lo quieren llevar por Vitoria. ¿Está visto que en esta tierra somos incorregibles y no aprendemos de nuestros propios errores!