La abstención política en Navarra y sus efectos en la democracia: entre la mayoría y la confusión

Imagen del hemiciclo del Parlamento de Navarra durante un pleno.
"La puesta de perfil y ambiguas decisiones de los líderes políticos crean confusión y desánimo entre sus seguidores, que no alcanzan a comprender sus posturas, fomentando la polarización y la abstención, grave amenaza para una verdadera democracia".

En un sistema democrático es básico el principio de libertad del elector para ejercer o no el derecho al voto. En el primer caso tiene las opciones de votar al partido que crea más afín a sus ideas o no, y, en caso de una consulta, decantarse por el o el no, dejar su papeleta en blanco o también alterarla para convertirla en un voto nulo. Todas estas opciones se consideran como participación activa en la votación, y como abstención se contabilizan todas aquellas personas censadas, con derecho a voto, que han optado por no ejercer dicho derecho.

El electo/a: concejal, parlamentario, diputado, senador, es libre en su emisión del voto, en sus respectivos cargos representativos, aunque normalmente sometidos a la disciplina de los órganos de sus partidos, que, previo oportuno expediente que puede terminar con una multa o reconvención, actúan por no seguir lo que ha ordenado el cabeza de lista, o con el abandono del partido o el pase del disidente al grupo mixto.

Una excepción a esa libertad de voto para los políticos es la obligación de no hacerlo en los casos de incompatibilidad o conflicto de intereses, en temas o asuntos concretos, ya que, de lo contrario, puede incurrirse en la procedente responsabilidad por conductas tipificadas como prevaricación, tráfico de influencias o malversación de caudales públicos.

La semana pasada, en el Parlamento Foral, una abstención de 26 votos (mayoría absoluta) de los dos partidos mayoritarios posibilitaba “aprobar” una moción, con 16 votos a favor y 8 en contra.

Uno de los pilares democráticos, la voluntad de la mayoría, parece que se “quiebra”. Surrealista “aprobación”, contando con la imposibilidad de implementarla, como así dejaron entrever en su intervención los portavoces de los dos grupos mayoritarios del legislativo foral.

Presumo, perdón por la osadía, que las auténticas causas de esa llamativa “abstención de la mayoría”, en un caso, pudieran ser no entrar en colisión con el Gobierno central y su delegación; y la del partido mayoritario, aparte de sus convincentes argumentos sobre la imposibilidad de llevar a cabo lo “aprobado”, su acrobática postura para compaginar sus principios fundadores y diferenciarse de alguno de los partidos que votaron en contra o de uno de los “mocionantes nacionalistas”.

Diferente es la abstención, de plena actualidad, para acordar o conformar los gobiernos de varias CCAA, que, en su momento, vistos los resultados, podremos analizar y comentar.

La mayoría de electores no son precisamente habituales analistas de las decisiones e incluso de “no tan presuntas” conductas corruptas de alguno de sus miembros, pues reaccionan como los fans de los clubes de fútbol, se guían por el resultado, y ni tan siquiera han visto el partido.

La puesta de perfil y ambiguas decisiones de los líderes políticos crean confusión y desánimo entre sus seguidores, que no alcanzan a comprender sus posturas, fomentando la polarización y la abstención, grave amenaza para una verdadera democracia.